• Por Antonella Mateu

Hoy se cumplen 33 años de la tragedia de Acahay, uno de los episodios más conmocionan­tes de la historia reciente del Paraguay. El hecho fue pro­tagonizado por el escribano José Vidal Céspedes Estiga­rribia, conocido luego como El loco del Volante, quien a bordo de una camioneta Mit­subishi Montero mató a siete personas y dejó nueve heridas durante un furioso arrebato que aterrorizó las calles de la ciudad.

La tragedia ocurrió en 1993 mientras la comunidad cele­braba la tradicional fiesta del Oropel, un evento que reúne a familias y vecinos en un ambiente festivo. Céspedes, de 39 años, había llegado ese día desde La Paloma, Canin­deyú, donde residía con su familia, para visitar su ciu­dad natal.

Horas antes del ataque, el escribano compartió un encuentro familiar en un arroyo de la zona junto a su esposa e hijos. Durante el almuerzo consumió bebidas alcohólicas, pese a tenerlo estrictamente prohibido debido a una reciente cirugía de páncreas y al tratamiento con medicamentos fuertes, indicaciones médicas que decidió ignorar.

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La camioneta que utilizó para atropellar a sus víctimas.FOTO: GENTILEZA

ALCOHOL Y MEDICINAS

Según declaraciones de sus familiares, tras el medio­día su comportamiento comenzó a cambiar, pues tenía la mirada perdida y se mostraba alterado, aunque continuó participando de la reunión mientras ingería alcohol y medicación. Cerca de las 16:00, de forma vio­lenta y prepotente, obligó a su esposa e hijos a subir a la camioneta para regresar, generando temor y tensión en el grupo.

Durante el trayecto, Vidal comenzó a acelerar brusca­mente, provocando el llanto y los gritos de sus hijos, lo que lo alteró aún más. En un punto del camino se detuvo y obligó a bajar a su familia. A partir de allí, volvió a arran­car el vehículo y se dirigió a gran velocidad hacia el casco urbano.

En su recorrido, arreme­tió deliberadamente con­tra todas las personas que se cruzaban en su camino, dejando un saldo de siete fallecidos, nueve heridos y la muerte de un caballo. Las víc­timas fatales fueron Sergio Domínguez, Roberto Salva­dor Segovia, la niña Shirley Andrea Acuña, de apenas 4 años, Édgar Domingo Maldo­nado, los hermanos Francisco y Félix Bordón, y finalmente Rubén González.

CONMOCIÓN

El caso generó una profunda conmoción nacional agra­vada por el hecho de que el autor era una persona cono­cida en la zona, de trato cor­dial con sus compueblanos y con intenciones de postularse como diputado.

Tras abandonar el vehí­culo, que fue hallado con rastros de sangre, Vidal se escondió en un cañaveral y fue detenido horas después por la Policía Nacional, con apoyo de militares. Durante su arresto afirmó no recor­dar nada de lo ocurrido, ver­sión que no convenció a los investigadores del Ministe­rio Público.

El escribano fue condenado inicialmente a 25 años de prisión, pena que luego fue reducida a 22 años. Falleció en 2011 tras ser internado en un sanatorio privado por complicaciones derivadas de la diabetes. A más de tres décadas del hecho, la trage­dia de Acahay sigue viva en la memoria colectiva como un recordatorio del horror que puede desatar la violen­cia sin control.

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