La decisión del Vati­cano puso de relieve la figura del sacer­dote jesuita nacido en Asun­ción en 1576, considerado uno de los grandes protagonistas de la evangelización del Para­guay y de la región del Río de la Plata durante el período colonial.

Desde temprana edad, Roque González se destacó por su vocación religiosa y su com­promiso con los nativos. Ingresó a la Compañía de Jesús y dedicó su vida a la misión evangelizadora entre los guaraníes, promoviendo un modelo de convivencia basado en la educación y el trabajo comunitario.

Su labor se desarrolló prin­cipalmente en las reduccio­nes jesuíticas, donde impulsó la enseñanza de oficios, la música y la catequesis, con­virtiéndose en un referente no solo religioso, sino tam­bién social y cultural para las comunidades indígenas.

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MARTIRIO

Junto a los jesuitas Alonso Rodríguez y Juan del Cas­tillo, Roque González llevó adelante misiones en dife­rentes territorios. El 15 de noviembre de 1628, el sacerdote fue asesinado durante una misión en Caaró, seguido poco des­pués por el martirio de Alonso Rodríguez y Juan del Castillo.

Estos hechos marcaron profundamente la histo­ria de la evangelización en la región y consolidaron su figura como símbolo de entrega y sacrificio.

Más de tres siglos después, la beatificación decretada por Pío XI representó un reconocimiento a ese mar­tirio y al legado espiritual dejado por los misioneros jesuitas, fortaleciendo la devoción popular que ya existía en torno al religioso y sus compañeros.

CANONIZACIÓN

Este proceso abrió paso hacia su posterior canoni­zación, que se concretó en 1988, cuando el papa Juan Pablo II proclamó santo a Roque González de Santa Cruz, convirtiéndolo en el primer santo paraguayo. Hoy, el legado de Roque González de Santa Cruz sigue vigente como parte fundamental de la identi­dad histórica y espiritual del Paraguay, recordando el valor del compromiso, la justicia y la defensa de los más vulnerables, princi­pios que continúan reso­nando más allá del ámbito religioso.

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