El doctor Pablo Lemir dio a conocer ayer de mañana el resultado de la autopsia de Alexander Espinoza (11), el niño con TEA ahogado en el arroyo Ñeembucú de Pilar. El forense diagnosticó como probable causa de muerte asfixia por inmersión, o sea, se ahogó. Mencionó además el elevado grado de putrefacción del cuerpo atribuido a “las altísimas temperaturas” de los últimos días y la falta de ciertas áreas del cuerpo “por acción de los depredadores”, precisó.

Por otro lado, descartó que haya habido elementos de fractura por golpes que hagan pensar que el niño tropezó y cayó al agua o que haya sido empujado por alguien. “No tiene golpes. Sí, fue una muerte con violencia, pero por la acción del agua. No presumimos que haya sido forzado a entrar al agua”, aclaró el especialista.

Lemir dijo además que por las características en que fue hallado el cuerpo, presumen que el fallecimiento se produjo el mismo día de su desaparición, el 4 de enero. Una vez finalizada la limpieza del cuerpo será entregado a la funeraria para el traslado a su ciudad, concluyó el galeno ante los medios de prensa apostados en la morgue judicial.

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VESTIMENTA

La necropsia se llevó a cabo por disposición de la fiscal Érica Encina, quien se encuentra a cargo de la investigación.

Tras una intensa búsqueda de cuatro días, el hallazgo se produjo a orillas del arroyo Ñeembucú, aproximadamente a 300 metros del puente Ñeembucú de Pilar. Fue localizado entre camalotes por pescadores de la zona que colaboraban en las tareas de rastrillaje. Debido al estado de descomposición en el que se encontraba el cadáver, el padre del menor pudo realizar una identificación basada en la vestimenta y características físicas.

Se supo que el menor solía alejarse de su entorno ante estímulos sonoros estresantes, como explosiones de petardos o ruidos fuertes. La investigación continúa abierta para esclarecer el hecho.

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