El cardenal Adalberto Martínez encabezó la misa por el Día de la Sagrada Familia de Nazaret y centró su homilía en la importancia de la familia en nuestras vidas y en la sociedad. La misa celebrada en la Catedral Metropolitana.
“El Hijo de Dios quiso nacer y crecer en una familia, en un hogar sencillo y trabajador. No eligió el poder ni la comodidad, sino el calor de una casa, la ternura de una madre y la responsabilidad silenciosa de un padre”, expresó.
Añadió que desde el comienzo, Dios quiso compartir nuestra vida cotidiana y santificar la experiencia familiar, con sus alegrías, sus cansancios y sus desafíos. A luz de la Palabra, el obispo llamó a honrar a los padres, cuidar a los ancianos y sostener la vida en todas sus etapas.
La lectura del Evangelio muestra a la Sagrada Familia atravesada por la huida, el exilio y la migración.
El prelado mencionó además en su sermón que la Iglesia reconoce a la familia como cuna y protectora de la vida. “La vida es don de Dios, sagrada y valiosa desde su concepción hasta su ocaso natural”, precisó.
EDUCADORA
La familia es también cuna de valores humanos y evangélicos como la honestidad, el trabajo, la solidaridad, el respeto y la responsabilidad, reflexionó.
Igualmente, la familia es la primera educadora, antes que cualquier institución. “La educación que nuestro país necesita no puede prescindir de las familias ni dejarlas solas”, manifestó.
En otro momento, aclaró que cuidar a la familia no es solo una tarea privada; es una responsabilidad de toda la sociedad.
Finalmente, pidió defender a las familias campesinas, indígenas y migrantes. “Crear condiciones para educar a sus hijos, cuidar a los ancianos y a los enfermos, transmitir valores, trabajar con dignidad y proyectar su futuro sin quedar atrapada en la pobreza o la exclusión”, finalizó.
La Arquidiócesis de Asunción también cerró oficialmente ayer las puertas del Jubileo extraordinario. “Cerramos un tiempo de gracia para abrir otro, con el corazón agradecido y disponible”, explicó el cardenal paraguayo.

