En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Pomata participó del programa “Las Residentas”, de GEN/Nación Media, donde repasó el trabajo que viene realizando la institución, los desafíos actuales y el enfoque especial que este año se coloca sobre la violencia digital, una problemática en crecimiento entre adolescentes y jóvenes.
La ministra presentó el lazo naranja confeccionado en macramé por mujeres indígenas del pueblo maká de Mariano Roque Alonso, símbolo de la campaña del 25N y gesto que busca revalorizar la cultura de comunidades que hoy también aportan a la sensibilización nacional.
Pomata explicó que la campaña de este año replica la línea creativa anterior, con ajustes necesarios, porque el objetivo central es transformar patrones socioculturales que siguen normalizando y minimizando la violencia. La iniciativa, elaborada junto al Mitic, busca nombrar sin eufemismos situaciones que históricamente se desestimaron bajo frases como “por tu bien”, “me hiciste reaccionar” o “sos muy sensible”.
“Para lograr cambios reales necesitamos insistir”, señaló, recordando que el país cuenta con la Ley 5777/16, que tipifica 15 formas de violencia contra la mujer, entre ellas la telemática, equivalente a lo que hoy se reconoce como violencia digital.
UN FENÓMENO EN AUMENTO
La ministra advirtió que las nuevas tecnologías, pese a ser herramientas valiosas, también abrieron un espacio donde se reproducen extorsiones, difusión de contenido íntimo sin consentimiento y hostigamiento virtual.
Casos recientes entre estudiantes, donde videos y fotografías privadas se viralizaron entre compañeros, exponen la urgencia de abordar estas prácticas desde edades tempranas. Pomata enfatizó que la violencia digital es real, es punible y tiene consecuencias devastadoras, especialmente en la salud mental de las jóvenes afectadas.
Uno de los ejes más fuertes durante su gestión es la ampliación del programa “Noviazgo sin violencia”, implementado en colegios públicos y que se busca extender también a instituciones privadas y universidades. El objetivo es enseñar a adolescentes a identificar señales de violencia, comprender la importancia del consentimiento y desnaturalizar conductas dañinas normalizadas en entornos familiares.

