La joven Lidia Meza Burgos acababa de cumplir 18 años cuando fue brutalmente asesinada, en el año 2018, en una celda de la Agrupación Especializada por el narco­traficante Marcelo Fernando Pinheiro da Veiga, alias Mar­celo Piloto.

Hoy se cumplen siete años de aquella tragedia. “Le vamos a hacer un ñembo’e (oración) en casa y vamos a repartir golosinas y merienda a los niños”, comentó Francisco Meza, padre de la víctima, en diálogo con La Nación/Nación Media.

El hombre, de profesión alba­ñil, evita mencionar el epi­sodio que se cobró la vida de su hija y prefiere recordarla como una joven alegre y cari­ñosa. Como era la pahague de siete hermanos, era la más mimada, señaló. “Yo no quiero ni creer lo que le pasó. Ella era una persona tan ale­gre y cariñosa. Cuando salía para ir a su trabajo, siempre nos abrazaba y besaba todo. A veces quería dormir otra vez con nosotros”, relató.

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Aunque son oriundos de General Resquín, departa­mento de San Pedro, la víc­tima del horrible crimen fue enterrada en un cementerio de la ciudad de San Antonio, donde actualmente reside la familia. “Cada día le extraño más. A causa de la tristeza me dio un derrame”, señaló el padre.

Marcelo Piloto tramó el crimen para intentar evitar su extradición al Brasil.FOTO: GENTILEZA

INDEMNIZACIÓN

A raíz del problema de salud, Francisco pasó mucho tiempo sin poder trabajar. Entonces, sobrevivió con la ayuda eco­nómica de sus demás hijos.

“Me quedaron seis hijos, tres mujeres y tres varones. Men­cionó que siguen sin recibir la indemnización correspon­diente por la muerte de su hija. “Todavía seguimos con el asunto. Habíamos hecho un acuerdo con la Procuradu­ría, de que me pagarían. Pero hasta ahora no me pagaron. Hace mucho que salió la reso­lución para que me paguen, pero seguimos esperando”, expresó.

En ese sentido, pidió a las autoridades correspondien­tes agilizar los trámites para poder acceder al resarci­miento por el daño sufrido. “De la Procuraduría habían venido a casa y me dijeron que hagamos un arreglo para que no se alargue el asunto. Hicimos el arreglo. Me fui con ellos, hicimos todos los pape­les, pero hasta hoy día toda­vía no me pagan”, sentenció.

La familia jamás tuvo con­tacto con el asesino, ni con sus representantes legales. Tampoco recibió un pedido de perdón o de disculpas por el terrible crimen.

EL FATÍDICO DÍA

Lidia había ingresado a las 12:35 del 17 de noviembre de 2018 a la Agrupación Espe­cializada. Fue a visitar a Mar­celo Piloto, según el registro del establecimiento policial. “Hola papá. Aháta jakaru hagua. A las 3 aguahêta hógape. (Hola papá. Voy a ir para almorzar. A las 3:00 voy a llegar)”, fue el último mensaje que envió a sus padres.

A las 13:50, según indica el reporte de la Comisaría 4.ª Metropolitana, uno de los oficiales escuchó gritos en la celda del narcotraficante brasileño y cuando acudió a verificar, encontró a la mujer tendida en el piso totalmente ensangrentada.

Tras el hecho, fue trasladada al Hospital de Barrio Obrero, pero llegó sin signos de vida. Según informaron las autori­dades, la joven fue primero gol­peada y posteriormente recibió 16 puñaladas en el cuerpo con un cuchillo de plástico.

Conocida como Lichu, a los 10 años migró a Argentina con sus siete hermanos y sus padres en busca de mejores condiciones económicas. Hacía meses que retornó al país y estaba traba­jando en la zona del Mercado 4, donde cuidaba a una per­sona de edad avanzada. La joven deseaba ser abogada, por lo que pretendía realizar un curso rápido para terminar sus estudios secundarios. En mayo cumplió su mayoría de edad. Un mes después moría asesinada.

CONDENADO

Piloto recurrió al plan de per­petrar un asesinato para evi­tar o postergar la extradición al Brasil, suponiendo que una imputación por homicidio doloso podría evitar que se lo llevaran. Pero está situación no surtió efecto y, dos días después, en la madrugada del lunes 19 de noviembre, fue trasladado hasta su país, por disposición judicial. En setiembre de este año fue con­denado a 24 años y 9 meses de prisión por la muerte de nues­tra compatriota.

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