- Por Luz Vega
- Lic. en Ciencias de la Comunicación
El pasado 16 de setiembre, las personas con discapacidad visual vivimos una experiencia teatral diferente y profundamente humana con la obra “Después del silencio”. La puesta en escena relata la vida y convivencia de una persona ciega y sorda, y ofreció una oportunidad única de vivir el arte más allá de la vista.
Una hora antes del inicio, los espectadores ciegos fuimos invitados a subir al escenario junto a los actores. Allí, pudimos conocer de manera táctil los elementos, vestuarios y objetos que formarían parte de la obra. Cada textura, forma y detalle fue explicado cuidadosamente, permitiendo que la historia comenzara a tomar sentido a través de las manos.
Durante la función, estuvo disponible una audiodescripción en tiempo real. Una voz narraba los movimientos, gestos y escenas, haciendo posible que quienes no podíamos ver, pudiéramos imaginar con precisión y emoción lo que ocurría en el escenario.
Este método, poco frecuente en nuestro país, abre una puerta hacia una verdadera inclusión cultural. La audiodescripción no solo permite el acceso al arte, sino que también derriba barreras y demuestra que el teatro puede sentirse de muchas formas. La obra de teatro “Después del silencio” marcó un precedente: el arte es completo cuando todos pueden vivirlo, sin importar sus capacidades. Una experiencia sensorial que recordó que, incluso sin ver, se puede mirar profundamente.

