DESDE LA FE
Por Mariano Mercado
El Evangelio ha sido, y es, un bautismo de libertad para todos los cristianos. Y ahí es donde está la esencia misma y la fuerza de la Iglesia. El Evangelio no es una doctrina de hombres, es la palabra, es la revelación del mismo Dios en Cristo Jesús, quien es el camino, la verdad y la vida. Los contenidos más profundos de esa revelación se asocian con el significado de una palabra muy venerada por la tradición de la Iglesia: sínodo.
En el año 1965, el papa Pablo VI instituyó la Asamblea de Obispos, como un sínodo, en el cual se puedan compartir experiencias pastorales con la finalidad de ser ayudado y aconsejado, como Santo Padre, en su misión de dirigir la Iglesia y de este modo contribuir con sustento doctrinal a redireccionar algunas incoherencias de la vida cristiana. Es un espacio de escucha y análisis de la realidad eclesial.
El camino de la sinodalidad nos remite a la esencia misma de la cristiandad, para alimentar, renovar y recuperar la conciencia clara de su identidad primigenia, al tiempo de redescubrir la vida por el misterio de la fe.
La idea es caminar juntos y la intención del papa Francisco, ya en la actualidad con este sínodo, es involucrar en este camino sinodal a todo el pueblo de Dios, no solo a los obispos, también a sacerdotes, religiosas, laicos, hombres y mujeres de todas las edades, reivindicando así la amplia y significativa dimensión universal de la Iglesia, un solo cuerpo con muchos miembros, cada uno con distintos dones.
Más allá de las prácticas religiosas sistematizadas, realizadas en muchos casos por costumbre o tradición, creo que estamos desvirtuando o hasta olvidamos que ser cristianos no es simplemente profesar una religión y quedarnos solo en los ritos, sino más bien y, ante todo, vivir la fe con acciones concretas fruto del encuentro personal y comunitario con Cristo.
Por ello, aún en medio de las inconsistencias de una sociedad polarizada, sumida en el materialismo y la banalidad, es el momento justo e idóneo para volver al camino que Dios nos pide seguir y donde él nos espera.
El camino sinodal es una propuesta de la Iglesia a nivel universal y a nivel local la Conferencia Episcopal nos plantea otro gran desafío. El año del laicado. ¿Cuál es nuestro papel como laicos dentro y fuera de la Iglesia en este contexto? Creo que debemos comprometernos desde la pluralidad pero en la unidad con Cristo, el centro de nuestra fe, superando las diferencias, avanzando a través de un diálogo profundo con toda la Iglesia, en la construcción de una fe viva, de una misión clara y definida, donde los caminos del Evangelio, de la verdad, contribuyan a abrir puertas, para que todos los cristianos podamos caminar juntos como iglesia peregrina y misionera, en auténtica comunión con Dios.
La invitación está hecha. Por una iglesia sinodal cada vez más abierta a los laicos, en “comunión, participación y misión”. Una hermosa misión tenemos, un camino en el que debemos estar todos unidos a través de Espíritu Santo, abriendo bien los ojos a todo lo que nos rodea, fuertes y fieles a la voluntad del Señor. Es urgente ver, escuchar, conocer, participar, estimular e involucrarnos decididamente, para ser protagonistas, ser auténticos cocreadores y transformadores de la realidad temporal y con la mirada firme en la vida eterna.

