El escenario es complejo, advierten desde Unicef, y los niños y niñas no están exentos de los efectos de la declarada pandemia y alerta sanitaria. “Mamá, ¿yo también me voy a infectar con el coronavirus?”, es uno de los interrogantes que plantean y, ante este episodio, sugieren contención, con centros educativos cerrados en algunas comunidades, los niños pueden responder al estrés de diferentes maneras.
Mencionan que se pueden presentar algunos síntomas como dificultades para dormir, mojar la cama, tener dolor de estómago o de cabeza, y estar ansioso, retraído, enojado, demandante o temeroso de que lo dejen solo. Por lo tanto, aconsejan a los padres que escuchen sus preocupaciones y se tomen el tiempo necesario para consolarlos, darles afecto y asegurarles que están seguros de forma frecuente. Adicionalmente, crear oportunidades para que los niños jueguen y se relajen, y mantener sus rutinas y horarios regulares, especialmente antes de que se vayan a dormir.
Por sobre todo, indican, se les debe enseñar cuáles son los métodos de prevención. Además, el hecho de tener que explicarles que tienen que permanecer encerrados también implica formas creativas de sobrellevar la situación.
Las claves van dirigidas a familias y cuidadores: vigilar la salud del hijo y no llevarlo a clase si está enfermo; enseñarle buenas prácticas de higiene y demostrar cómo se hace; lavarse las manos con agua y jabón con frecuencia. Si no hay agua y jabón, utilizar un desinfectante para manos con al menos un 60% de alcohol; asegurarse de que los inodoros estén siempre limpios y de que los desechos se recojan, almacenen y eliminen de forma segura.
Dar el ejemplo: toser y estornudar en un pañuelo de papel o en el codo; evitar tocarse cara, ojos, boca y nariz; animar a los hijos a hacer preguntas y a expresar sus sentimientos. Cada niño o niña puede tener diferentes reacciones al estrés, hay que ser pacientes y comprensivos. A su vez, piden generar empatía con las personas contagiadas y no caer en actitudes discriminatorias y racistas.

