Vilna, Lituania. AFP
El papa Francisco criticó sin nombrarlos a aquellos países que “expulsan a los otros”, en referencia a la llegada de migrantes a Europa, este sábado en Vilna, en tanto el Vaticano firmó un acuerdo histórico con Pekín sobre la cuestión de la nominación de obispos en China.
A través de este acuerdo “preliminar”, el Sumo Pontífice reconoció a siete obispos chinos que habían sido nombrados por Pekín sin su aval y a otro más a título póstumo. El pacto se refiere únicamente a cuestiones religiosas y no al establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y la Santa Sede, rotas desde 1951, dos años después de la llegada de los comunistas al poder.
Mientras tanto, desde Vilna, donde el Papa llegó este sábado para la primera etapa de una gira de cuatro días por los países bálticos, Francisco puso a Lituania, de mayoría católica, como ejemplo ante la comunidad internacional y ante la Unión Europea (UE).
Sus declaraciones, pronunciadas en Europa del Este, parecían estar dirigidas sobre todo al grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia), cuyas autoridades no quisieron acoger en su territorio a los refugiados y migrantes económicos llegados en masa a Grecia e Italia.
En un discurso ante las autoridades lituanas y el cuerpo diplomático, Francisco aludió a “las voces que siembran división y enfrentamiento”, instrumentalizando la inseguridad o los conflictos, o que “pregonan que la única manera posible de garantizar la seguridad y la subsistencia de una cultura nace buscando eliminar, cancelar o expulsar a las otras”.
En este sentido, añadió: “Ustedes, lituanos, tienen una palabra autóctona que aportar: ‘albergar las diferencias’. Por medio del diálogo, de la apertura y la comprensión, estas pueden convertirse en puente de unión entre el oriente y el occidente europeo”.
“Este puede ser el fruto de una historia madura, que como pueblo ofrecéis a la comunidad internacional y en particular a la Unión Europea”, afirmó el Papa.
También hizo alusión a uno de los principales problemas de los países bálticos, la emigración de los jóvenes, e invitó a los lituanos a “prestar especial atención a los más jóvenes, que no solo son el futuro, sino el presente de esta nación, siempre y cuando permanezcan unidos a las raíces del pueblo”.

