Viviana Orrego, viviana.orrego@gruponacion.com.py
Elisa Esquivel de Aquino es una ferviente devota de Chiquitunga que llegó a Salta, Argentina, a visitar a la Virgen del Cerro, “Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús”, para agradecerle por la beatificación de María Felicia de Jesús Sacramentado, Chiquitunga, a quien atribuye la salvación de su nieta, Lara. La pequeña, que actualmente tiene 4 años y es un milagro viviente para todo aquel que sabe su historia, incluso para los médicos que ya no le daban esperanzas, relató Elisa a La Nación.
Cuando Lara tenía un año fue sometida a una cirugía de la cabeza, porque un huesito se le había cerrado antes de tiempo. Tras la intervención, debía salir de alta a los tres días. Sin embargo, el sábado 10 de octubre del 2016, a las 6:00, una enfermera notó que tenía un derrame facial o un accidente cardiovascular.
“Rápidamente llamaron a los médicos y la trasladaron a la Unidad de Terapia Intensiva. Su pronóstico no era alentador. Ella no iba a amanecer el domingo”, recordó Elisa y agregó que a pasar de la desalentadora y triste noticia, no decayó. Les pidió a su hija y yerno que la lleven a la tumba de Chiquitunga en el Convento de los Carmelos.
“Fuimos ese mismo sábado, llegamos ante la tumba, entramos y le dije: Chiquitunga, por favor, no quiero otro angelito –otro nieto falleció de bebé–. No nos quites a Larita, es mi alegría y de toda mi familia”, continúo.
Estando aún ante la tumba, su hija le preguntó: “¿Mamá, sentís ese aroma a flores? También escucho música, no entiendo”. Ella no sintió nada y siguió rezando. “Era Chiquitunga, que se manifestó en mi hija”, reflexionó Elisa y añadió que al salir se encontró con una señora que le regaló la estampa con la reliquia de Chiquitunga y le dijo que la ponga debajo de la almohada de su nieta.
Se trasladaron hasta el hospital y Elisa entregó la estampita a su hijo y su nuera, padres de Lara, quienes entrarían a verla, ya que el mal pronóstico continuaba. “Hijo, ponele bajo la almohada”, le dije y en eso vino el doctor Elio Marín, quien operó a la niña y les dijo: “Ahora ustedes, papá y mamá, vayan a la tumba de Chiquitunga y oren por ella”. Así lo hicieron.
Luego “vino mi otro hijo y me dijo que los médicos le dijeron que ya no había caso, que si sobrevivía quedaría en estado vegetativo. Él entró a verla y le puso un rato la estampita bajo su almohada. Al día siguiente, ella abrió los ojos y se movió. Si eso no es milagro, no sé qué es, para mí fue un milagro de Chiquitunga. Ella nos ayudó y se manifestó en varias formas y veces. Fueron 17 días de terapia durísimos, pero mantuvimos nuestra fe inquebrantable”, narró Elisa.
Hoy Lara es una niña normal y sin ninguna secuela. Cada vez que ve una estampita o imagen de Chiquitunga la llama “mi mami”, enfatizó Elisa.

