- Por Carolina Vanni
- Periodista
- carolina.vanni@gruponacion.com.py
Los distintos museos jesuíticos de Misiones fueron muy visitados durante el largo feriado de la Semana Santa. Si bien son siete las ciudades que forman parte de la Ruta Jesuítica del Paraguay, un equipo de La Nación recorrió espacios de arte sacro ubicados en el departamento de Misiones.
Cada pueblo tiene una particularidad que lo hace único, por lo que vale la pena conocer la rica historia que guarda cada localidad misionense. Las reducciones jesuíticas se caracterizan por tener una plaza céntrica, rodeada de la casa de los indios y la iglesia, lo que se mantiene en la mayoría de las ciudades.
Al igual que otras misiones evangelizadoras, los españoles catequizaron a los indígenas y les enseñaron el arte del tallado en madera. En algunas imágenes se ven reflejadas la autoría, ya que algunas tienen rasgos europeos, mientras otras fueron talladas a imagen y semejanza de los indígenas.
La mayoría de las tallas son piezas únicas de madera que se mantienen hasta hoy, y en las que se aprecian los distintos colores que usaron para ornamentar las imágenes. Algunas mantienen los colores vivos, mientras que otras están más deterioradas, por el paso del tiempo, inclusive, hay algunas mutiladas.
SANTA ROSA DE LIMA
Es el museo más pequeño, pero el único que conserva en su interior un fresco pintado en la época de las reducciones jesuíticas, de mediados de 1600. En esta maravillosa obra, si bien está deteriorada por la humedad y el paso del tiempo, aún se puede ver al Todopoderoso bendiciendo a los hombres y a San Miguel, desterrando al demonio.
La obra puede ser apreciada en el oratorio de la Virgen de Loreto, ubicado a metros del templo y la antigua torre de piedras que aún sigue en pie, y que alguna vez fue el campanario de la gran iglesia. La peculiaridad del oratorio es que tiene el techo pintado de azul, con estrellas blancas, simbolizando el espacio de reflexión y encuentro con Dios. Allí, diversas imágenes están en exposición y el simbolismo de cada uno es explicado por Carlos Bordón Pérez, guía turista del lugar.
SANTIAGO
Además de ser la capital de la Fiesta de la Tradición Misionera, esta localidad situada camino a Ayolas cuenta con un museo de arte sacro, y además, aún se mantienen en pie restos de lo que alguna vez fue la iglesia de la ciudad. Esta localidad es una de las pocas que mantiene en muy buen estado las aceras con las casas jesuíticas alrededor de la gran plaza.
SANTA MARÍA DE FE
Esta tranquila ciudad tiene mucho por mostrar, desde el museo diocesano, el kurusu cerrito, la casa de las artesanas, el Ycuá Teja, hasta la plaza céntrica, que se caracteriza por una exuberante vegetación, en cuyos árboles viven monos y macacos que son cuidados por la comunidad. Si bien ahora solo se tienen nueve, en un momento llegaron a ser 20 animales que hicieron de la plaza su hábitat natural.
El museo de la ciudad es uno de los más grandes, con imágenes únicas, como la imagen de San Pedro vestido de papa y la recreación del nacimiento de Jesús. El predio está dividido en varias salas, por temática, en cada una se presenta desde los primeros jesuitas, los mártires, el nacimiento de Jesús hasta todo lo referente a la pasión y muerte de Cristo.
La explicación de cada uno de los espacios está a cargo de la guía Irma Ramírez, quien va contando detalles de cómo fue esta reducción que se cree fue asiento de la primera imprenta del Río de la Plata.
A metros del museo diocesano está el templo, donde una imponente imagen de Santa María de Fe sobresale por sus 2 metros y 30 centímetros. La imagen tallada en madera tiene una corona de plata y aros de oro.
En el patio de la iglesia se pueden observar las piedras que alguna vez formaron parte del antiguo templo que fue destruido por un incendio, a principios del siglo XX.
SAN IGNACIO GUAZÚ
Es uno de los museos más grandes y al igual que los demás espacios guarda en su interior imágenes de madera talladas por los indígenas y también por los profesores europeos. Lo que hace diferente a este museo es que en el patio se mantiene el reloj de sol, que antiguamente usaban los evangelizadores para medir el tiempo.

