Contundente mensaje a la sociedad en contra de la violencia contra la mujer en la misa central de Caacupé. Durante la homilía el Obispo Ricardo Valenzuela enfatizó en que el hombre y la mujer tienen la misma dignidad e igual valor. El presidente de la República, Mario Abdo Benítez y su primer anillo fueron parte de la celebración mariana.

Pese a que el hombre y la mujer tengan los mismos derechos, lamentó que día a día ocurran episodios que atormentan nuestra conciencia cristiana. Habló de la violencia extrema contra la mujer y contra niños indefensos, además de los atropellos a la dignidad de estas personas en los ámbitos de la justicia, la salud y la educación. Generalmente se trata con desaire y desinterés a quienes carecen de recomendaciones u otro tipo de tráfico de influencias para que puedan recibir atenciones conforme con sus legítimos derechos, afirmó.

En ese sentido, abogó en que la gente pobre y humilde debe ser mejor atendida porque Dios es su riqueza y su garante. "Dios pone especial atención a las “viudas, al huérfano y al forastero. De hecho, la “religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones y guardarse sin mancha del mundo”.

Instó al Gobierno de Mario Abdo a encarar con mayor seriedad programas de defensa de las personas vulnerables, mujeres, niños y ancianos para una mejor atención a sus necesidades esenciales.

“Como Iglesia tenemos la obligación de resguardar efectivamente sus derechos y de protegerlos solidariamente si fuere necesario hacerlo, ya que el Estado parece indiferente frente a sus dolores y abandono”.

Sostuvo que ninguna persona que se precie de ser católica y venere a la Virgen de Caacupé debe infravalorar y menoscabar el mérito, la valía y el potencial humano de la mujer como hija, hermana, esposa y madre.

Asimismo, recordó que Jesús de Nazaret, contra la corriente de su época, tuvo a su Madre María como primera discípula y misionera. Estuvo cerca de la mujer pecadora para perdonarla y reivindicarla y se hizo acompañar, en su ministerio, de varias mujeres como María Magdalena, Juana, mujer de Cusa, Susana y otras muchas que servían a la causa de la proclamación del evangelios.

Con el lema “Nos ardía el corazón cuando nos explicaba las escrituras", fue celebrada la misa central por monseñor Ricardo Valenzuela, la cual obtuvo una multitudinaria convocatoria de los feligreses en esta gran fiesta Mariana.