El 20 de octubre de 1978 se concretó una de las mayores proezas de la ingeniería mundial: el desvío del río Paraná para dar paso a la construcción de la Central Hidroeléctrica Itaipú. La habilitación de un canal alternativo de 2 kilómetros de extensión, 150 metros de ancho y 90 metros de profundidad permitió secar un tramo del lecho original del caudal, abriendo el terreno necesario para erigir la monumental presa principal de hormigón.

Este acontecimiento histórico marcó un hito en la cooperación binacional entre Paraguay y Brasil, constituyendo una epopeya técnica sin precedentes en la región. Para abrir paso a las aguas, se ejecutaron gigantescas implosiones simultáneas que demolieron las ataguías de arco en tan solo 3 segundos, demostrando un comportamiento estructural y de fundación sumamente satisfactorio durante la fase de ejecución.

El ambicioso proyecto requirió un complejo cronograma de contratación de obras civiles, cuyo primer contrato para la excavación del canal y la construcción de presas de enrocado se firmó el 6 de octubre de 1975. Posteriormente, el 17 de mayo de 1977 se adjudicaron las estructuras de hormigón restantes y la casa de máquinas, consolidando la planificación de la infraestructura hidroeléctrica.

Los estudios técnicos determinaron que la margen izquierda del río representaba el emplazamiento más adecuado para trazar el canal de derivación. Esta decisión estratégica permitió avanzar sin interrupciones en la edificación de la Casa de Máquinas y en los cimientos de la presa principal, garantizando la continuidad de los trabajos en el lecho seco.

A casi cinco décadas de aquella hazaña, el desvío del río Paraná representa un verdadero antes y un después en la historia y el desarrollo económico del Paraguay. La megaestructura no solo transformó la geografía de la zona, sino que consolidó a la entidad como un referente mundial en energía limpia y desarrollo socioambiental sustentable.

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