- Por Rocío Gómez, corresponsal de Nación Media.
El Aeropuerto Internacional de Tocumen, en la ciudad de Panamá, se ha transformado en el epicentro de una profunda crisis humanitaria y logística para cientos de pasajeros paraguayos y de otras nacionalidades que permanecen varados en sus instalaciones. Entre la multitud agolpada en pasillos y salas de espera, una paraguaya relata el drama de vivir en carne propia el colapso operativo provocado por el fuerte terremoto que sacudió el país centroamericano.
El evento sísmico de magnitud 7.7 en la escala de Richter se registró el viernes 9 de octubre de 2026 a las 12:56 hora local (17:56 GMT), con epicentro localizado en el suroeste de Panamá, cerca de Tonosí (provincia de Los Santos) y a una profundidad de 10 kilómetros. La violencia del fenómeno provocó evacuaciones inmediatas, alertas preventivas de tsunami en el Pacífico y un freno total a las operaciones aéreas en el principal nodo de conexión de la región.
Entre la evacuación y las réplicas
El pánico irrumpió cuando las estructuras del aeropuerto comenzaron a sacudirse violentamente. Cristina Gómez se encontraba en la zona alta del comedor cuando el temblor provocó la caída de objetos y el crujido de las instalaciones, obligando al personal de seguridad a evacuar a los presentes.
Posteriormente, ante la ocurrencia de réplicas, las autoridades desplazaron a grupos de pasajeros hacia la propia pista de aterrizaje, donde debieron resguardarse entre carritos de equipaje bajo condiciones ambientales extremas, soportando una sensación térmica de 42 °C, alta humedad y proliferación de insectos. Durante horas, la consigna de los afectados fue racionar el agua potable y preservar al máximo la batería de los teléfonos móviles para mantener comunicación con sus familias.
Paralización total y colapso en mostradores de atención
Aunque las operaciones se reanudaron de forma paulatina, la acumulación de vuelos retrasados y la cancelación de al menos dos a tres frecuencias diarias con destino a Asunción dejaron a cientos de paraguayos atrapados en la terminal. La situación en la Terminal 1 y Terminal 2 de Tocumen refleja un colapso generalizado:
* Centros de atención desbordados: los mostradores presenciales de la aerolínea Copa se encuentran saturados por interminables filas de pasajeros que buscan una reprogramación, mientras que las plataformas de atención telefónica y digital no ofrecen respuesta.
* Restricción de salida: la normativa de seguridad impuesta en el aeropuerto impide a los pasajeros atravesar los controles migratorios o salir de la terminal si no cuentan con un billete de vuelo confirmado, obligándolos a pernoctar sobre las alfombras o banquetas.
* Parálisis externa: con la ciudad y el comercio exterior paralizados tras el evento telúrico, la permanencia dentro del aeropuerto continúa siendo la única alternativa posible para los viajeros.
Incertidumbre y la imposibilidad de volver
Pese a los constantes intentos individuales por gestionar billetes en puertas de embarque o encontrar cupos de último momento, la realidad para la mayoría de los compatriotas —incluida Cristina Gómez— es categórica: no han podido volver a Paraguay.
A la espera de que las aerolíneas restablezcan la totalidad de sus frecuencias y coordinen vuelos de repatriación o reprogramación efectiva, los pasajeros continúan resistiendo en el Aeropuerto Internacional de Tocumen, atrapados entre el agotamiento físico, la angustia por la falta de información y la apremiante necesidad de regresar a sus hogares.