Monseñor Pedro Collar Noguera, obispo de la Diócesis de Ciudad del Este, condenó este domingo la trata de personas y la explotación sexual, especialmente de adolescentes, durante su homilía con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado, en la misa central de la Basílica Santuario de Caacupé.
“Redes de personas sin escrúpulos se aprovechan de la necesidad extrema para engañar y comerciar con la vida de nuestros adolescentes. Para esto, no hay espacio para la indiferencia ni el silencio“, indicó.
En ese sentido, recomendó denunciar y proteger a las víctimas. “Dejar en claro que la vergüenza nunca debe caer sobre la criatura abusada sino sobre el agresor”, sentenció. Asimismo, dijo que la víctima necesita cobijo, sanación y acompañamiento.
Por otro lado, se refirió al dolor que causa el éxodo de nuestros compatriotas hacia la Argentina, España, Estados Unidos o a otros países. “Si un paraguayo se ve forzado a partir porque no encuentra un pedazo de pan o de su trabajo en su tierra nos quema por dentro porque no somos capaces como patria de dar un lugar donde vivir y florecer con dignidad”, reflexionó.
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Añadió que estas personas merecen respeto y gratitud. “Pero debemos esmerarnos en que la migración sea una elección libre, nunca una condena por falta de oportunidades”, aclaró.
Recordó que la historia paraguaya también está atravesada por la migración. “Nuestra patria se construyó también con el trabajo humilde de familias extranjeras: españolas, japonesas, italianas, coreanas, brasileñas, y tantos otros, quienes dejaron sudor y sacrificio en nuestro pueblo aportando sus saberes y esperanzas”, subrayó.
Por ese motivo acoger al que llega, escuchar al desamparado y tender la mano no son tareas opcionales de la vida cristiana, sino una opción de vida, señaló.
“Tengamos en cuenta que el extranjero no es una amenaza. La diversidad siempre enriquece”, apuntó. En otro momento de su alocución, haciendo alusión al lema elegido por el papa León XIV para esta jornada. “El que recibe a un niño en mi nombre, me recibe a mí”, mencionó a los niños en situación de calle.
“A veces, pasamos a su lado, apurados o con el vidrio levantado y terminamos acostumbrándonos a verlos entre los autos. Pero ningún pequeño nació para hacer de la calle un hogar. El Estado y la sociedad deben hacerse presentes y darles protección y el afecto que le fueron negados”, acotó.
Criadazgo y trabajo infantil
Igualmente, citó el criadazgo y el trabajo infantil como otra de las realidades que golpean la infancia en nuestro país. “Nos duele saber que todavía persiste entre nosotros esta práctica bajo una promesa de vida mejor o una oportunidad para la educación perdiendo el tiempo de juego, educación y vida familiar”, manifestó y pidió que sean tratados como si fueran sus hijos.
Resaltó que la palabra de Jesús es una interpelación divina a nuestra conciencia porque la dignidad de un pueblo se mide por la manera en que cuida a los que no tienen fuerza ni voz para defenderse.
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