“El cazador de utopías”, el argentino Gustavo Alfaro, inició formalmente este proceso ante la Dirección de Migraciones.
Tras la gran campaña de la selección paraguaya de mayores, que vuelve a un Mundial luego de 16 años, sin dudas coloca al argentino Gustavo Alfaro entre los héroes de la afición local. El afecto, el cariño y el respeto que se ganó el entrenador trasciende el ámbito deportivo y lo impulsa a otros ámbitos. Ese gran cariño, lo dijo varias veces, lo conmovió y lo llevó a devolver el mismo aprecio y cariño hacia el Paraguay. Pero lo que ocurrió ayer de tarde en dependencias estatales hace que el afecto y la idolatría se disparen.
La imagen de Alfaro recorriendo las oficinas del Departamento de Migraciones para iniciar los trámites de residencia permanente en Paraguay trasciende el mero acto administrativo. El entrenador de la selección paraguaya, acompañado por integrantes de su cuerpo técnico, dio un paso simbólico que refuerza el fuerte vínculo que construyó con la afición local desde su llegada a la Albirroja, hace casi dos años, en un proceso que volvió a despertar ilusión de los hinchas.
El procedimiento –que fue divulgado por las cuentas oficiales del Departamento de Migraciones– se realizó en la Oficina de Admisión en Asunción y fue recibido con entusiasmo tanto por funcionarios como por hinchas que siguen de cerca el trabajo del estratega argentino. Fue el propio titular de Migraciones, Jorge Kronawetter, el que supervisó la tramitación que inicia en sus dependencias. Alfaro, conocido por su estilo cercano y por el fuerte componente emocional y motivacional de sus arengas, fue bautizado con cariño como el “cazador de utopías”, una expresión que él mismo utilizó para describir la misión de devolver competitividad y esperanza a una selección que atravesaba años de frustraciones.
Más allá del trámite migratorio, el gesto tiene una carga simbólica superlativa. En el ambiente futbolístico se interpreta como una señal de arraigo y compromiso con el proyecto deportivo paraguayo. Desde que asumió la conducción técnica, Alfaro buscó involucrarse profundamente con la identidad del país, conociendo su cultura, recorriendo ciudades y estableciendo un fuerte vínculo emocional con jugadores e hinchas.
Su llegada representó un cambio de clima en torno a la selección nacional. En poco tiempo logró recuperar la confianza de un plantel golpeado por los malos resultados y reactivar la ilusión de pelear nuevamente por objetivos importantes. Ese discurso motivacional, mezclado con trabajo táctico y liderazgo, permitió que Paraguay volviera a sentirse competitivo y conectado con su selección.
La figura de Alfaro trascendió rápidamente lo estrictamente deportivo. Sus conferencias de prensa, reflexiones y mensajes cargados de épica futbolera encontraron eco en una afición necesitada de esperanza, incluso alguna vez dictó una exposición ante docentes durante un masivo acto en la Secretaría Nacional de Deportes. De ahí que el inicio de su residencia permanente haya sido interpretado también como un gesto de cercanía con el país que hoy dirige futbolísticamente.