Iglesias católicas revivieron este Viernes Santo la pasión y muerte de Cristo en la cruz, signo supremo de amor y redención, según la fe cristiana.
“El Viernes Santo es el día del amor, un amor que no se escondió, que no huyó, un amor que no se hizo del ñembotavy, sino que no solo dio la cara, sino la vida misma. Este es el día del amor, plasmado en la cruz del Señor”, reflexionó el padre Aldo Bernal en la Catedral Metropolitana.
En el evangelio presentado por el apóstol Juan se reviven los momentos centrales de ese amor hecho acción. “Signo de que Él ha hecho su parte. Él ya hizo su parte y ahora nos llama a hacer la nuestra”, resaltó el sacerdote.
En ese sentido, llamó a los creyentes a estar a la altura de ese amor divino. “Valemos sangre divina derramada en la cruz y aprendamos de nuestro Señor y maestro a responder hoy con amor a esos gritos desesperados de quienes sufren toda clase de necesidades e injusticias”, apuntó.
Asimismo, recordó defender la vida desde la concepción hasta su muerte digna y natural. “No cometamos el terrible mal de ser traidores y fratricidas haciéndonos de los desentendidos deshumanizando nuestra humanidad”, recalcó.
En otro momento de su sermón, instó a responder con hechos y actitudes positivas a los requerimientos de “Cristos” que agonizan en los hospitales, en los espacios de vulnerabilidad, en la falta de oportunidades, de trabajo, de casa propia.
Por otro lado, pidió defender, proteger y amar a la familia como fundamento de la sociedad.
Igualmente, se dirigió a las personas que ocupan altos cargos en los diferentes estamentos de la sociedad e hizo hincapié en la necesidad de recuperar la confianza.
“Los que ostentan el título de autoridad en los distintos ámbitos de nuestra sociedad deben ir de la mano de la credibilidad. Con tristeza vemos que cada vez son menos los creíbles. Por lo mismo, es una urgencia recuperar, con la gracia de Dios, la justicia, la verdad, el deseo de paz, fortaleciendo nuestra fe, esperanza”, puntualizó.
Finalmente, planteó a los presentes tomar decisiones dejando de lado las excusas y colocar en la cruz excusas, inoperancias, mediocridades, todas nuestras debilidades para que podamos resucitar a una vida nueva, a una sociedad cada vez más fortalecida en el bien común.
“Es hora de actuar. La oscuridad será disipada cuando aumente la luz, la bondad y la justicia en cada corazón y en cada conciencia en cada rincón de nuestro suelo patrio”, subrayó el religioso.
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