Un adolescente de 17 años tomó el auto de su madre y salió a dar un paseo por las calles de Villarrica, departamento de Guairá, pero chocó contra una columna. El menor dejó sin energía eléctrica a toda la zona y destrozó el vehículo que quedó incautado; luego fue entregado a su mamá.
Según el reporte policial, el hecho se registró en el barrio Las Lomas de la citada ciudad cuando el adolescente tomó el automóvil familiar y salió para dar un paseo. Pero en un momento dado perdió el control, chocó contra una columna de la Administración Nacional de Electricidad (Ande) sobre la calle Prof. Dr. Juan Boggino.
Tras el fuerte impacto, la columna se vino abajo y todos los vecinos del barrio quedaron sin energía eléctrica por varias horas. El joven de 17 años resultó con algunas lesiones leves y fue rescatado del rodado por bomberos voluntarios, llevado a un centro asistencial para su atención.
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Los médicos constataron que el menor no presentó lesiones de consideración y fue dado de alta, luego llevado hasta la comisaría y se contactó a sus familiares. Así también, fue puesto a disposición del Ministerio Público desde donde se ordenó que sea entregado a su madre bajo acta.
El vehículo involucrado en el percance es una Toyota modelo Ractis de color blanco, que está a nombre de la mamá del joven y quedó en carácter de incautado. En el accidente solo se reportaron daños materiales.
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Cuidado con ahogarse en promedios
Christian Kennedy
Director de London Import
Según registros, la primera vez que se asienta de manera escrita este concepto, es con una historia en la India, donde un hombre evaluó la profundidad de un arroyo para ver si él y su hijo podrían cruzarlo.
El mismo, evaluandolo, encontró que en promedio, el arroyo era suficientemente seguro para que ambos lo crucen. Para no hacer el cuento largo, el resultado fue que el hijo se ahogó.
De ahí sale la frase y sus variaciones “Nunca cruces un río porque, en promedio, tiene medio metro de profundidad”.
En las empresas, los promedios nos pueden ahogar de distintas maneras. No solo porque nos arriesgamos sin entender bien las consecuencias, sino también porque abandonamos oportunidades al tomar ese promedio como una regla absoluta.
Por eso quiero compartir dos miradas: el promedio que nos da una falsa seguridad y el que esconde posibilidades.
Un promedio saludable de rentabilidad puede esconder problemas de gestión en productos, canales, clientes o inclusive equipos que generan pérdidas. Como el resultado general acompaña, quizás no profundizamos demasiado en cómo llegamos a él.
¿Qué pasa si baja la demanda de lo que “salva el resultado”? ¿Si las condiciones dejan de ser favorables en el canal que sí genera rentabilidad? ¿Si el cliente que nos hacía llegar a la meta se va a la competencia? ¿O si el proveedor de nuestra línea más rentable nos sube el costo?
Ahí nos encontramos con que estábamos cómodos sin entender cuánto dependíamos de unas pocas fuentes. Y cuando las cosas se complican, descubrimos que el río era más profundo de lo esperado y que no teníamos las herramientas ni para mantenernos a flote.
Hacer ese doble clic sobre los datos, comprenderlos y trabajar en mejorar lo que encontramos puede parecer innecesario cuando el número final cierra. Justamente ahí es cuando tenemos más espacio para hacerlo.
La segunda mirada es distinta, pero igual de importante: el promedio que esconde oportunidades.
Imaginen una campaña para una conferencia que necesita vender 300 lugares. Estamos empezando a pautar para generar expectativa, explicar de qué se trata y presentar a los expositores. Vemos que la publicidad ya llegó a más de 500.000 personas, lo cual parece alentador.
Sin embargo, al revisar las visitas a nuestra página, encontramos que la gente se queda, en promedio, solo cinco segundos. A primera impresión, un fracaso. Estamos atrayendo gente, pero nadie se queda a leer.
¿Nadie o es el promedio el que esconde algo? ¿Qué pasa si profundizamos un poco más?
Quizás hay cientos de personas que sí se tomaron varios minutos para leer el programa, conocer a los expositores y revisar cada detalle. Todavía no sabemos si van a comprar, pero tampoco podemos concluir que no hay interés porque la mayoría salió enseguida.
Si necesitamos 300 personas para que la conferencia sea un éxito, ¿no deberíamos entender mejor qué está pasando con ese grupo antes de descartar la campaña?
Los promedios nos ayudan a ordenar información. El problema aparece cuando los tomamos como una explicación suficiente y dejamos de mirar lo que hay detrás.
A veces ese detalle nos muestra qué debemos corregir. Otras veces, dónde tenemos una oportunidad. Para encontrar cualquiera de las dos cosas, siempre hay que medir la profundidad y los caminos probables en distintos puntos donde “buscamos cruzar el río” para llegar a nuestro objetivo.
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Tres niñas heridas tras violento choque en Asunción: denuncian que policías provocaron el accidente
Un violento choque entre automóviles movilizó este viernes a los equipos de emergencia en pleno microcentro de la ciudad de Asunción.
El accidente vehicular dejó tres menores que acababan de salir de la escuela, sus familiares denunciaron que serían efectivos policiales los que habrían provocado el siniestro.
Según el reporte de los intervinientes, el grave accidente vial se registró en inmediaciones de una estación de servicios Enex ubicado sobre la calle Tacuary y Avay. Allí se vieron involucrados dos automóviles, en uno de ellos iban dos adultos y tres menores, quedaron atrapados y fueron rescatados por los bomberos.
“Soy víctima del que ha recibido el choque, iba con mi primo que estaba conduciendo y mis tres sobrinas, una de ellas tiene 2 años y otra 5 años que resultaron con varios golpes y la mayor de 10 años que recibió un golpe en la muñeca, todas ya fueron asistidas”, expresó David Aquino, víctima del accidente, en entrevista con canal GEN y Universo 970/Nación Media.
Afirmó que recogieron a las niñas de la escuela y en un momento dado fueron impactados por el automóvil que aparentemente era guiado por un efectivo policial y su acompañante, otro policía. Se presume que en el rodado había restos de bebidas alcohólicas, pero que fueron retirados de la escena.
“Solo sabemos que son personal policial y que venían a muy alta velocidad. El impacto fue tremendo, creo que no corresponde ir a esa velocidad atendiendo que está a una cuadra de una escuela. No estaban con uniforme, pero tenían el uniforme atrás en su vehículo y después vinieron sus compañeros y se llevaron todo, vaciaron todo el vehículo”, expresó.
Agregó que lastimosamente se les dio prioridad en atención a los dos policías y que luego de que estos abandonaran la escena atendieron a las niñas que estaba con golpes.
“Según vecinos los dos estaban algo tomados, se preocuparon más por sacar la placa y otras cosas del vehículo. El vehículo está limpio ahora, no tiene nada”, resaltó.
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Quien comparte colchón, comparte opinión
Marcelo Codas Frontanilla
marcelo@estudiocodas.com
Linkedln: Marcelo Codas Frontanilla
En todos los talleres centrados en la empresa familiar aparece la recurrente pregunta: “¿Qué hacemos con los familiares políticos?“. Ello es así porque existe una creencia instalada de que son esos allegados quienes generan los problemas. Dicho de otra forma: si no estuvieran, la familia empresaria funcionaría mejor.
Después de muchos años acompañando a empresas familiares me asiste el convencimiento de que ello no es así. Mi experiencia me dice algo distinto: los familiares políticos, en la gran mayoría de los casos, no generan el problema. Lo que hacen es poner en palabras algo que ya existe y que su cónyuge no se anima a decir, o directamente no ve.
Hay un viejo dicho que se aplica mucho a las empresas familiares: “Quien comparte colchón, comparte opinión”. Cuando uno de los miembros de la pareja integra una empresa familiar, el otro o la otra siempre opina. Es inevitable. Comparten la cama, la mesa, las preocupaciones. ¿Cómo no va a opinar?
El tema es que esa opinión, muchas veces, es compartida. Es decir, el empresario la hace suya porque en el fondo, razón hay en ella. Porque viene de alguien que lo conoce, que lo ve sin el filtro de la empresa.
Y ahí es donde se suelen generar inconvenientes con la familia, por falta de una debida canalización de esas ideas libremente expresadas.
Vi esta película muchas veces. El marido llega a su casa y cuenta que su hermano le faltó al respeto en la reunión. Su esposa, que lo quiere y lo “defiende” le dice: “No te dejes pisotear, vos valés más”. Al día siguiente, él llega a la empresa con esa frase en la cabeza. Contesta mal. Se endurece. Y su familia, lejos de ver a un socio defendiendo su postura, ve a su esposa metida en la empresa.
Nadie tiene mala intención, pero sí está mal el canal que la realidad impuso. La familia de sangre piensa: “Ella nos quiere manejar de afuera”. Quien había expresado su opinión piensa: “No me valora, no me escucha”. Y él, que está en el medio, se va quedando solo en los dos lugares.
¿Cuál es, entonces, la solución? No es pedirle a tu pareja que no opine. Eso es imposible. Quien comparte la vida, comparte la opinión. La solución está en aprender a canalizar.
En casa, tu rol es ser pareja: escuchar, agradecer la mirada externa, esa que vos perdiste por estar tan adentro.
En la empresa, tu rol es ser socio: filtrar esa opinión, quitarle la emoción, quedarte con el dato útil y presentarlo como una preocupación propia, con argumentos de empresa, no de familia.
Desde luego que las parejas que conviven y, en especial, aquellas que lo hacen un largo tiempo, ven las cosas en un único sentido y la influencia recíproca es habitual e imposible de evitar. Luego, la cuestión no radica en procurar evitar opiniones sino en canalizarlas adecuadamente.
Las empresas familiares que crecen no son las que prohíben las opiniones de los cónyuges. Son las que crean reglas claras para que esas opiniones no destruyan la confianza.
Y aquí vale este aserto de hierro: “Si no hay reglas, todo es personal. Si hay reglas, todo es profesional”
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Adolescente baleada en un presunto feminicidio
A un mes de un crimen que conmocionó al país, en Eusebio Ayala se da otra tragedia que tiene como víctima a una joven de 15.
Una adolescente de 15 años resultó herida en un presunto intento de feminicidio en la ciudad de Eusebio Ayala; el sospechoso, un hombre de 30 años, se autoeliminó luego de disparar contra la menor.
El violento episodio fue reportado por la policía durante la tarde del miércoles; el hecho ocurrió en plena vía pública, en la compañía Cerro Porteño de dicha comunidad cordillerana.
La víctima presentaba una herida en el hombro izquierdo y otra lesión superficial en la zona de la cabeza, según el informe policial. Fue trasladada al hospital local y luego derivada al Hospital de Trauma de Asunción, donde quedó internada. En el momento de ser asistida permanecía consciente, según refirieron los socorristas.
El presunto autor fue identificado como Rolando Júnior Meza González (30), quien escapó tras cometer el ataque. Pero, posteriormente fue localizado sin signos de vida en una zona boscosa. Tomó la drástica decisión tras atentar contra la joven. Datos recabados por los uniformados indican que el hombre habría mantenido una relación sentimental con la menor y que, tras una discusión, tomó un arma de fuego y disparó en dos ocasiones contra la adolescente, quien cayó al suelo mientras el sujeto huía del sitio.
La víctima fue asistida inmediatamente por vecinos y trasladada al hospital local, mientras los agentes realizaron un rastrillaje y hallaron al sospechoso ya sin vida, colgado de la rama de un árbol.
En el sitio encontraron una riñonera con el revólver, cartuchos percutidos y sin percutir, el celular, dos cajetillas de cigarrillos y un kepis, informaron Los intervinientes incautaron el revólver, además del celular y los demás objetos que serán sometidos a investigación.