El conductor de un camión de gran porte perdió el control y chocó contra la columna del tendido de la Administración Nacional de Electricidad (Ande); esta cayó sobre una vivienda y dejó sin luz a todo un barrio en la ciudad de Mariano Roque Alonso. Vecinos denunciaron que estos camiones todos los días causan estragos en la zona.
El hecho se registró durante la noche de ayer miércoles en el barrio Caacupé, en inmediaciones de un puerto de la citada ciudad, cuando el conductor de este camión estaba retrocediendo y perdió el control de la carreta, que fue a parar por la columna de la Ande.
Según el reporte dado por los pobladores, la pelea con los camioneros es de todos los días y estos mantienen en zozobra a los vecinos de la zona porque no toman precaución. Además de los ruidos que provocan, especialmente por las noches, constantemente se producen incidentes.
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“Siempre tenemos este inconveniente y esto fue siempre un temor. Fue una explosión terrible, la columna cayó en mi patio, rompió el muro, portón, el garaje y parte del techo de mi casa. Nos asustamos porque ya estábamos durmiendo”, detalló la propietaria de la vivienda a los medios de comunicación.
Agregó que el conductor del camión intentó darse a la fuga tras cometer el incidente, pero fue detenido por los vecinos y llevado por la Policía Nacional. Se trata de un conductor de nacionalidad brasileña que no quiere hacerse cargo de los daños. En la zona pasaron sin energía durante toda la madrugada.
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Ejecutan a tiros a un joven en una casa deshabitada de Guarambaré
Vecinos de la ciudad de Guarambaré reportaron a la Policía Nacional haber escuchado disparos en una casa abandonada, tras verificar el lugar hallaron a un hombre de 32 años que habría sido ejecutado a tiros. La Policía y la Fiscalía analizan cámaras de seguridad en la zona para identificar a los ocupantes de un vehículo sospechoso.
Según el reporte policial, el hecho se registró esta madrugada en la compañía Rincón de la citada ciudad. Los efectivos de la comisaría 22ª Central respondieron al llamado de emergencia de vecinos quienes reportaron disparos provenientes de una vivienda deshabitada y luego vieron huir a un automóvil de color blanco.
Al llegar al sitio e ingresar al predio encontraron ya sin signos de vida a un joven identificado como Hugo Javier Calonga, de 32 años, residente de Ypané. Este presentaba heridas producidas por arma de fuego y se presume que fue ejecutado por las personas que huyeron en el auto.
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Hasta el sitio se convocó al médico forense del Ministerio Público que inspeccionó el cuerpo y corroboró que Calonga Vera recibió al menos 12 impactos de bala distribuidos en distintas partes del cuerpo. Se diagnosticó como causa de muerte un traumatismo craneoencefálico severo producido por los proyectiles.
El procedimiento fue comunicado a la agente fiscal de turno, Alejandra Vera y tomaron intervención efectivos de Investigaciones de Hechos Punibles y Criminalística de la Policía Nacional. En la escena del crimen recogieron vainillas servidas de un revolver calibre 9 milímetros de la marca Luger y analizan las cámaras de seguridad de la zona para identificar a los ocupantes de un vehículo sospechoso.
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Ande presenta denuncia penal contra directivos y funcionarios de ueno bank
La Administración Nacional de Electricidad (Ande), presentó una denuncia penal ante el Ministerio Público contra directivos y funcionarios de ueno bank S.A., así como contra otras personas que pudieran tener responsabilidad en los hechos. La acción busca que se esclarezcan las circunstancias vinculadas a la situación financiera de la entidad bancaria y sus posibles efectos sobre los fondos institucionales depositados en ella.
Desde la institución explicaron que los recursos fueron colocados en ueno bank mediante concursos de ofertas de tasas de interés, realizados de acuerdo con los procedimientos internos establecidos para la selección y habilitación de cuentas bancarias.
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En el marco de la denuncia, la Ande también requirió al Ministerio Público que disponga las medidas cautelares necesarias para proteger los fondos comprometidos y avanzar en su recuperación. Asimismo, manifestó su disposición a proporcionar toda la documentación, los informes y los antecedentes institucionales que sean requeridos durante el proceso investigativo.
La empresa estatal señaló que seguirá promoviendo las acciones legales pertinentes para defender su patrimonio y garantizar la protección de los recursos financieros destinados al cumplimiento de sus compromisos y a la ejecución de obras para el fortalecimiento del sistema eléctrico nacional.
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Cuidado con ahogarse en promedios
Christian Kennedy
Director de London Import
Según registros, la primera vez que se asienta de manera escrita este concepto, es con una historia en la India, donde un hombre evaluó la profundidad de un arroyo para ver si él y su hijo podrían cruzarlo.
El mismo, evaluandolo, encontró que en promedio, el arroyo era suficientemente seguro para que ambos lo crucen. Para no hacer el cuento largo, el resultado fue que el hijo se ahogó.
De ahí sale la frase y sus variaciones “Nunca cruces un río porque, en promedio, tiene medio metro de profundidad”.
En las empresas, los promedios nos pueden ahogar de distintas maneras. No solo porque nos arriesgamos sin entender bien las consecuencias, sino también porque abandonamos oportunidades al tomar ese promedio como una regla absoluta.
Por eso quiero compartir dos miradas: el promedio que nos da una falsa seguridad y el que esconde posibilidades.
Un promedio saludable de rentabilidad puede esconder problemas de gestión en productos, canales, clientes o inclusive equipos que generan pérdidas. Como el resultado general acompaña, quizás no profundizamos demasiado en cómo llegamos a él.
¿Qué pasa si baja la demanda de lo que “salva el resultado”? ¿Si las condiciones dejan de ser favorables en el canal que sí genera rentabilidad? ¿Si el cliente que nos hacía llegar a la meta se va a la competencia? ¿O si el proveedor de nuestra línea más rentable nos sube el costo?
Ahí nos encontramos con que estábamos cómodos sin entender cuánto dependíamos de unas pocas fuentes. Y cuando las cosas se complican, descubrimos que el río era más profundo de lo esperado y que no teníamos las herramientas ni para mantenernos a flote.
Hacer ese doble clic sobre los datos, comprenderlos y trabajar en mejorar lo que encontramos puede parecer innecesario cuando el número final cierra. Justamente ahí es cuando tenemos más espacio para hacerlo.
La segunda mirada es distinta, pero igual de importante: el promedio que esconde oportunidades.
Imaginen una campaña para una conferencia que necesita vender 300 lugares. Estamos empezando a pautar para generar expectativa, explicar de qué se trata y presentar a los expositores. Vemos que la publicidad ya llegó a más de 500.000 personas, lo cual parece alentador.
Sin embargo, al revisar las visitas a nuestra página, encontramos que la gente se queda, en promedio, solo cinco segundos. A primera impresión, un fracaso. Estamos atrayendo gente, pero nadie se queda a leer.
¿Nadie o es el promedio el que esconde algo? ¿Qué pasa si profundizamos un poco más?
Quizás hay cientos de personas que sí se tomaron varios minutos para leer el programa, conocer a los expositores y revisar cada detalle. Todavía no sabemos si van a comprar, pero tampoco podemos concluir que no hay interés porque la mayoría salió enseguida.
Si necesitamos 300 personas para que la conferencia sea un éxito, ¿no deberíamos entender mejor qué está pasando con ese grupo antes de descartar la campaña?
Los promedios nos ayudan a ordenar información. El problema aparece cuando los tomamos como una explicación suficiente y dejamos de mirar lo que hay detrás.
A veces ese detalle nos muestra qué debemos corregir. Otras veces, dónde tenemos una oportunidad. Para encontrar cualquiera de las dos cosas, siempre hay que medir la profundidad y los caminos probables en distintos puntos donde “buscamos cruzar el río” para llegar a nuestro objetivo.
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Quien comparte colchón, comparte opinión
Marcelo Codas Frontanilla
marcelo@estudiocodas.com
Linkedln: Marcelo Codas Frontanilla
En todos los talleres centrados en la empresa familiar aparece la recurrente pregunta: “¿Qué hacemos con los familiares políticos?“. Ello es así porque existe una creencia instalada de que son esos allegados quienes generan los problemas. Dicho de otra forma: si no estuvieran, la familia empresaria funcionaría mejor.
Después de muchos años acompañando a empresas familiares me asiste el convencimiento de que ello no es así. Mi experiencia me dice algo distinto: los familiares políticos, en la gran mayoría de los casos, no generan el problema. Lo que hacen es poner en palabras algo que ya existe y que su cónyuge no se anima a decir, o directamente no ve.
Hay un viejo dicho que se aplica mucho a las empresas familiares: “Quien comparte colchón, comparte opinión”. Cuando uno de los miembros de la pareja integra una empresa familiar, el otro o la otra siempre opina. Es inevitable. Comparten la cama, la mesa, las preocupaciones. ¿Cómo no va a opinar?
El tema es que esa opinión, muchas veces, es compartida. Es decir, el empresario la hace suya porque en el fondo, razón hay en ella. Porque viene de alguien que lo conoce, que lo ve sin el filtro de la empresa.
Y ahí es donde se suelen generar inconvenientes con la familia, por falta de una debida canalización de esas ideas libremente expresadas.
Vi esta película muchas veces. El marido llega a su casa y cuenta que su hermano le faltó al respeto en la reunión. Su esposa, que lo quiere y lo “defiende” le dice: “No te dejes pisotear, vos valés más”. Al día siguiente, él llega a la empresa con esa frase en la cabeza. Contesta mal. Se endurece. Y su familia, lejos de ver a un socio defendiendo su postura, ve a su esposa metida en la empresa.
Nadie tiene mala intención, pero sí está mal el canal que la realidad impuso. La familia de sangre piensa: “Ella nos quiere manejar de afuera”. Quien había expresado su opinión piensa: “No me valora, no me escucha”. Y él, que está en el medio, se va quedando solo en los dos lugares.
¿Cuál es, entonces, la solución? No es pedirle a tu pareja que no opine. Eso es imposible. Quien comparte la vida, comparte la opinión. La solución está en aprender a canalizar.
En casa, tu rol es ser pareja: escuchar, agradecer la mirada externa, esa que vos perdiste por estar tan adentro.
En la empresa, tu rol es ser socio: filtrar esa opinión, quitarle la emoción, quedarte con el dato útil y presentarlo como una preocupación propia, con argumentos de empresa, no de familia.
Desde luego que las parejas que conviven y, en especial, aquellas que lo hacen un largo tiempo, ven las cosas en un único sentido y la influencia recíproca es habitual e imposible de evitar. Luego, la cuestión no radica en procurar evitar opiniones sino en canalizarlas adecuadamente.
Las empresas familiares que crecen no son las que prohíben las opiniones de los cónyuges. Son las que crean reglas claras para que esas opiniones no destruyan la confianza.
Y aquí vale este aserto de hierro: “Si no hay reglas, todo es personal. Si hay reglas, todo es profesional”