Un médico del Instituto de Previsión Social (IPS) tuvo que ser sometido a una intervención cardiaca de urgencia en un sanatorio privado luego de que el equipo necesario para el procedimiento no estuviera operativo dentro del sistema previsional.
Se trata del doctor Gustavo Fernández, hematólogo del IPS, exdirector general de Salud del Hospital Ingavi durante la pandemia y hermano del viceministro de Transporte, Emiliano Fernández.
Según relató su hermano Miguel Fernández a la radio 730 AM, el profesional presentó un cuadro grave durante la madrugada y fue trasladado inicialmente a un sanatorio privado alrededor de las 03:00. Sin embargo, el centro asistencial exigió un depósito de G. 50 millones para su ingreso, suma que la familia no podía cubrir en ese momento.
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Ante la urgencia, decidieron derivarlo al IPS, donde permaneció en sala de reanimación y recién cerca de las 08:00 fue trasladado a la Unidad de Terapia Intensiva. Posteriormente, el cardiólogo Javier Galeano, allegado a la familia, acudió al hospital y confirmó que la máquina indispensable para la intervención no estaba funcionando.
“Estábamos al pedo en UTI, porque necesitaba ser intervenido ya”, expresó Miguel Fernández, evidenciando la desesperación ante la imposibilidad de realizar el procedimiento en tiempo oportuno.
Frente a este escenario, familiares y allegados organizaron una colecta de emergencia para reunir los fondos necesarios y concretar el traslado nuevamente a un sanatorio privado. Los profesionales que participaron de la cirugía, según el entorno del paciente, renunciaron incluso a percibir honorarios para agilizar la atención.
La operación se llevó a cabo alrededor de las 14:00 de ese mismo día. Tras el procedimiento, el médico fue reingresado al IPS, donde permanece internado en Terapia Intensiva.
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De acuerdo con el reporte familiar, Fernández se encuentra consciente y lúcido, aunque continúa en estado crítico debido al riesgo de una nueva obstrucción arterial.
El caso adquiere mayor relevancia luego de que Miguel Fernández afirmara que se trata del mismo equipo que debía utilizar el sonidista Braulio Vázquez, fallecido días atrás por una demora en la realización de un cateterismo. “Nosotros entramos dos días después de ese caso y encontramos que la máquina seguía sin funcionar”, sostuvo.
El episodio vuelve a poner en debate la operatividad de los equipamientos médicos y la capacidad de respuesta del sistema previsional ante emergencias, en momentos en que la institución ya enfrenta cuestionamientos por otros hechos recientes.

