El 28 de enero de 1934 quedó marcado como una fecha significativa para la historia religiosa y cultural del Paraguay, cuando el papa Pío XI decretó la beatificación de Roque González de Santa Cruz y sus compañeros mártires, reconociendo oficialmente su testimonio de fe y su labor evangelizadora en América del Sur.
La decisión del Vaticano puso en relieve la figura del sacerdote jesuita nacido en Asunción en 1576, considerado uno de los grandes protagonistas de la evangelización del Paraguay y de la región del Río de la Plata durante el período colonial.
Desde temprana edad, Roque González se destacó por su vocación religiosa y su compromiso con los pueblos originarios. Ingresó a la Compañía de Jesús y dedicó su vida a la misión evangelizadora entre los guaraníes, promoviendo un modelo de convivencia basado en la educación y el trabajo comunitario
Su labor se desarrolló principalmente en las reducciones jesuíticas, donde impulsó la enseñanza de oficios, la música y la catequesis, convirtiéndose en un referente no solo religioso, sino también social y cultural para las comunidades indígenas.
Junto a los jesuitas Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, Roque González llevó adelante misiones en diferentes territorios. El 15 de noviembre de 1628, el sacerdote fue asesinado durante una misión en Caaró, seguido poco después por el martirio de Alonso Rodríguez y Juan del Castillo.
Estos hechos marcaron profundamente la historia de la evangelización en la región y consolidaron su figura como símbolo de entrega y sacrificio. Más de tres siglos después, la beatificación decretada por Pío XI representó un reconocimiento a ese martirio y al legado espiritual dejado por los misioneros jesuitas, fortaleciendo la devoción popular que ya existía en torno al religioso y sus compañeros.
Este proceso abrió paso hacia su posterior canonización, que se concretó en 1988, cuando el papa Juan Pablo II proclamó santo a Roque González de Santa Cruz, convirtiéndolo en el primer santo paraguayo.
Hoy, el legado de Roque González de Santa Cruz sigue vigente como parte fundamental de la identidad histórica y espiritual del Paraguay, recordando el valor del compromiso, la justicia y la defensa de los más vulnerables, principios que continúan resonando más allá del ámbito religioso.
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Elías Saba: “El éxito individual no sirve si el entorno no crece”
- Por Antonella Mateu
En una nueva entrega de Hacedores LN, Elías Saba, recientemente electo presidente de la Cámara de Comercio Paraguayo Americana (AmCham), compartió su visión y perspectivas con La Nación/Nación Media sobre la evaluación de nuevos mercados y las estrategias para seguir impulsando el comercio entre Paraguay y Estados Unidos.
Su enfoque combina oportunidades concretas de inversión con la necesidad de fortalecer las bases institucionales del país. Con una trayectoria marcada por el vínculo con empresas internacionales y el trabajo gremial, Saba también expone cómo se entrelazan su visión empresarial y sus convicciones personales. Desde la competitividad hasta el liderazgo, plantea una hoja de ruta que apunta a generar impacto real en el desarrollo económico y social.
-¿Qué le falta hoy a Paraguay para ser realmente competitivo en la región?
Paraguay tiene fundamentos macroeconómicos sólidos, pero para dar el salto competitivo y que venga la gran inversión que buscamos necesitamos fortalecer la seguridad jurídica, la institucionalidad y el estado de derecho.
La previsibilidad es el cimiento de la inversión privada; por ello, mi gestión se centrará en promover la transparencia y la eficiencia en los procesos de comercio e inversión para facilitar los tiempos, aumentar la formalidad y la digitalización, aumentar los beneficios de ser formales y proteger la propiedad intelectual. Debemos generar mediciones de clima de negocio, de transparencia y tomarlos como base para el diálogo con los actores clave de distintos poderes del Estado.
-¿Cuáles son los sectores concretos en los que ve oportunidades de inversión en el corto plazo?
Vemos tres sectores con potencial inmediato: tecnología y hub de Servicios Globales, aprovechando nuestro bono demográfico, la ubicación y el excedente energético. Y también la energía limpia, en la que Paraguay tiene una ventaja competitiva única y renovable, y puede aumentar la diversificación energética limpia.
El objetivo es conectar estas oportunidades con el capital americano para generar negocios bilaterales reales, sumado al crecimiento de la exportación de productos insignia como la carne, el azúcar orgánica y el sector forestal, entre otros.
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-¿Qué rol puede desempeñar AmCham para acelerar acuerdos o inversiones bilaterales?
La AmCham debe ser el brazo ejecutor y el consultor técnico indispensable en iniciativas que miren la inversión americana. No solo somos un gremio de representación; somos facilitadores de información para empresas que exploran hacer negocios en Paraguay y estamos trabajando en generar inteligencia comercial y de negocios para nuestros asociados, así como para empresas que prospectan invertir en el país.
Representamos a las empresas más representativas de los principales sectores económicos. Somos parte de la Asociación de Cámaras de Comercio Americanas de América Latina, con una red de networking ilimitada a través de ellas.
-¿Qué cambió en su mentalidad entre sus inicios y hoy?
La comprensión de que el éxito individual no es sostenible ni relevante si no genera un entorno fortalecido que invite a todos a crecer. Al inicio uno se enfoca más en la transacción; hoy me enfoco en la generación de valor, en el propósito y en las personas como pilares del cambio.
Mi visión está puesta en dejar una AmCham más representativa, moderna y activa, que trascienda mi gestión y beneficie al país. Hoy entiendo que mi rol es construir puentes, confianza, participación e institucionalidad.
-Paraguay tiene una brecha importante en mano de obra calificada, ¿es un freno para la inversión?
Más que un freno, es una oportunidad y un desafío que estamos abordando activamente. A través de iniciativas como la Amcham Job Fair, feria de empleo para jóvenes becados desarrollada en conjunto con la Embajada Americana, y el apoyo a programas de becas de estudio de inglés como Becas Hayes, estamos conectando el talento joven con los estándares de excelencia de las multinacionales.
Las empresas americanas no solo traen capital, traen transferencia de conocimiento y cultura de trabajo, lo cual es la mejor forma de cerrar esa brecha. Creo que debemos trabajar juntos entre sector privado y público en identificar los sectores estratégicos del Paraguay del mañana y adaptar o impulsar dichas carreras para que llegue la inversión que buscamos. También debemos acercarnos a la academia para asegurar que la formación responda a las oportunidades reales. La Fundación AmCham es esencial para sumar a este pilar de la educación.
-¿Qué le respondería a quienes dicen que los beneficios de la inversión extranjera no siempre llegan a la población?
Les respondería con datos: la inversión privada, tanto nacional como extranjera, es la mayor generadora de empleo digno y seguridad social. En AmCham vamos a seguir visibilizando casos reales de alto impacto social, como la generación de empleo del Job Fair y los becados Hayes estudiando posgrados y trabajando en empresas líderes del mercado.
El empleo digno, derivado de la inversión privada, se traduce en mejores oportunidades, capacitación y bienestar para las familias paraguayas. Los jóvenes paraguayos necesitan mejores empleos y las empresas que representamos ofrecen estándares laborales y potencial de desarrollo permanente.
-¿Qué no negocia nunca, ni en negocios ni en la vida?
La integridad y el respeto. En mis más de 20 años trabajando con marcas internacionales y seis años en el Directorio de AmCham, he aprendido que la reputación se construye en décadas y se pierde en un segundo. También la importancia del legado, de honrar nuestros orígenes y de mirar el aporte de todos en la sociedad: de dónde venimos y hacia dónde vamos. Creo en el poder de la transparencia en las conversaciones y mi invitación es siempre escucharnos en ambientes abiertos que nos permitan crecer.
-¿Qué hace cuando la presión es alta y las respuestas no aparecen?
Creo que los mayores desafíos y oportunidades llevan su tiempo. Siendo joven, a veces la energía y la pasión nos llevan a buscar la inmediatez, pero soy conciente de que los grandes cambios no se construyen de la noche a la mañana. Los hitos más importantes se logran en equipos de trabajo basados en la confianza, el diálogo y el respeto. Un ejemplo claro es la democracia, que se construye con tiempo, educación y respeto.
En lo laboral, si un proceso se vuelve más difícil, lo importante es analizar los datos, dialogar en equipo e identificar las barreras principales. Mi formación me enseñó a analizar los problemas con una perspectiva holística, pero buscar soluciones basadas en la experiencia, escuchando a expertos y a quienes ya atravesaron situaciones similares.
-¿Tuvo algún referente o mentor que haya marcado su camino?
Mi gran ejemplo y mentor es mi papá, Gustavo Saba, un amante del trabajo, optimista en seguir invirtiendo y apoyando al país, y convencido de que el trabajo transforma personas y oportunidades. Desde chico lo vi comprometido e incansable, siempre apasionado por lo que hacía. Su lema es que el líder marca el ritmo liderando con el ejemplo.
Cuando tuve la oportunidad de estudiar en el exterior, tanto la licenciatura en Boston College como la maestría en Columbia University, fue mi principal impulsor. Me inculcó que el sector privado debe ser un actor social activo. Hoy, mi mayor inspiración es mi familia y el deseo de dejar un mejor país para mis hijos.
Perfil
- MBA de Columbia Business School
- Vicepresidente de la Cámara Paraguaya de Bebidas Alcohólicas
- CEO de Wines and Spirits S.A. y Fashion Trading S.R.L.
- Regional Manager en Young Investment Organization YIO
- B.S. en Finanzas y Economía de la Carroll School of Management de Boston College
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¿Es posible una república en Paraguay sin una cultura del mérito?
- José Duarte Penayo
- Filósofo
- Presidente de ANEAES
Un joven paraguayo se gradúa tras cinco años de esfuerzo en una carrera que le prometía un futuro profesional y descubre que el mercado laboral demanda competencias que su formación apenas rozó. Tiene un título, tiene voluntad, pero entre lo que estudió y lo que el país necesita hay una distancia que nadie le advirtió a tiempo. Esta escena se multiplica cada año y condensa un problema que excede a la persona, porque se trata de un sistema que emite credenciales con indiferencia respecto de si el talento que certifica responde a las capacidades que la sociedad requiere.
La frustración que genera esta experiencia merece atención. Una sociedad que forma jóvenes y carece de caminos reales para traducir ese esfuerzo en reconocimiento e inserción produce desafección, desconfianza institucional y, eventualmente, fuga de talento. Cuando esto se vuelve masivo, el título pierde valor como señal de competencia y la educación ve mermada su legitimidad como vía de progreso. El mérito queda así convertido en un esfuerzo estéril.
La discusión sobre la meritocracia atraviesa una coyuntura intensa desde hace un tiempo. Michael Sandel, en “La tiranía del mérito”, argumentó que la glorificación del éxito individual erosiona los vínculos de solidaridad, genera lo que denominó “soberbia meritocrática” en los ganadores y una humillación corrosiva en quienes quedan atrás. Así, para Sandel, el mérito convertido en principio absoluto termina justificando la desigualdad como destino merecido. Su diagnóstico se apoya en una observación precisa de las sociedades más ricas, donde la brecha entre los graduados de universidades de élite y el resto de la población se convirtió en fractura cultural que debilita la cohesión democrática.
Mucho antes, desde el punto de vista clásico de la sociología francesa, Pierre Bourdieu mostró que el sistema educativo opera como mecanismo de “reproducción social”. La modernidad habría producido, para este autor, una continuidad entre las viejas aristocracias de sangre y las nuevas aristocracias del diploma, donde el título universitario funciona como nuevo título de nobleza que consagra desigualdades previas bajo la apariencia de una competencia abierta. La credencial educativa legitima lo que fue transmitido por herencia patrimonial, capital cultural familiar y redes de acceso privilegiado, como se puede leer en uno sus trabajos más importantes, “Los herederos: los estudiantes y la cultura”.
Por su parte, John Rawls, en su “Teoría de la justicia”, distinguió la “igualdad formal de oportunidades” –que abre la competencia sobre una cancha inclinada por dones naturales, riqueza heredada y origen social– de la “igualdad equitativa de oportunidades”, que exige a las instituciones balancear esos factores ajenos al mérito para garantizar un punto de partida realmente equitativo.
El mérito genuino, en términos rawlsianos, presupone educación de calidad verificada, evaluación transparente y señales confiables entre formación y empleo. Bien entendido, el mérito exige más república, más normas y más Estado social de derecho, porque sin esas condiciones el concepto mismo pierde sentido.
Resulta fundamental situar las críticas hacia la meritocracia dentro de sus contextos específicos para entender su alcance. Tanto Bourdieu como Sandel escriben desde sociedades con alta fortaleza institucional, donde las trayectorias profesionales mantienen una estructura definida y los mecanismos estatales de evaluación académica y profesional operan con transparencia relativa.
La pregunta que surge al trasladar esta discusión a un país como Paraguay resulta directa: ¿cuál es la alternativa? En sociedades donde los mecanismos de reconocimiento del talento todavía están en construcción, la crítica abstracta a la meritocracia corre el riesgo de funcionar como un pretexto cínico para que todo siga dependiendo de la discrecionalidad o la inercia.
Paraguay atraviesa una transformación que otorga a este debate una urgencia inédita. Una generación joven con niveles de acceso a la educación superior superiores a cualquier etapa previa exige que su preparación encuentre un respaldo tangible en el sector productivo y en las instituciones nacionales. El diploma universitario entra en crisis debido a que solo el diez por ciento de las cinco mil carreras habilitadas cuenta con una acreditación de calidad, situación que se refuerza con el hecho de que en los últimos tres años se registraron cerca de 100 mil títulos sin sello de calidad de la ANEAES. Mientras la cantidad de títulos se multiplica, su efectividad como garantía de competencia profesional disminuye de forma constante.
Ante la ausencia de mecanismos que conecten formación con necesidades reales, el mercado laboral termina reemplazando la evaluación formal por criterios informales.
La comunidad nacional y el individuo que desarrolla sus capacidades deben pensarse en conjunto. Raymond Boudon, al cuestionar la rigidez estructural del modelo de Bourdieu, demostró que las decisiones individuales y la agencia de los actores tienen efectos reales sobre las trayectorias sociales, efectos que las instituciones pueden potenciar o bloquear.
Un diseño institucional inteligente puede alinear la suma de méritos individuales con las potencialidades productivas del país, a través de la formación pertinente en sectores estratégicos. Asimismo, la profesionalización de la función pública genera señales claras sobre la vinculación entre los estudios y las necesidades reales. Cuando esa alineación funciona, el reconocimiento del talento se transforma en una política de desarrollo.
Si el concepto sustantivo de lo político, como lo piensa la teoría política contemporánea, es la capacidad de impulsar procesos instituyentes de ruptura y la vocación de fundar un orden más justo, la verdadera posición antipolítica es aquella que, bajo una crítica simplista de la meritocracia, se complace en gestionar una realidad que ya no interpela ni convence a las grandes mayorías, administrando un statu quo sin legitimidad y eludiendo el coraje de impulsar transformaciones, aunque sean mínimas.
Nuestro país puede y debe construir un sistema donde el mérito sea reconocido, verificado y conectado con el destino de la nación, siempre bajo el horizonte de la solidaridad social.
La alternativa real a la meritocracia mal entendida es la meritocracia bien construida, que contemple reglas claras, instituciones que la sostengan y una república que haga del talento individual un bien público.
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Félix Pérez Cardozo: la cuna del arpa apunta a diversificar su economía
A 186 kilómetros de la capital del país, se encuentra el distrito de Félix Pérez Cardozo, una localidad del departamento de Guairá con un gran potencial económico que busca atraer nuevas inversiones. La zona destaca por su alta actividad productiva, lo que la convierte en un punto para el desarrollo empresarial, proyectándose como destino para fortalecer y diversificar la economía local.
También conocida como “Cuna del arpa”, cuenta con unos 7.000 habitantes, según estimaciones locales. El intendente de la ciudad, Carlos Román Fernández, dijo a La Nación/Nación Media que la comunidad se dedica principalmente a la agricultura, la ganadería (vacuna, porcina, equina) y el bordado, siendo la caña de azúcar el cultivo más representativo del distrito, así como la miel de caña.
En la zona también se desarrollan huertas familiares y se cultivan maíz, poroto y maní, principalmente para consumo local. En cuanto a la producción de caña de azúcar, la mayoría de los productores registrados en el municipio poseen entre media hectárea y dos hectáreas y media, mientras que los productores más grandes llegan a manejar 10, 20 o incluso más de 30 hectáreas.
Este cultivo constituye la principal fuente de trabajo del distrito, complementado por la producción de miel de caña, realizada de forma artesanal por varios productores locales con una cantidad de elaboración que varía según la temporada y la demanda semanal.
La tierra fértil disponible en la zona permite que la comunidad se enfoque principalmente en la agricultura, con un fuerte énfasis en la huerta familiar, cuyos productos se venden en Villarrica, tanto en mercados como en supermercados.
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Otro sector económico importante es el bordado del ao po’i, actividad en la que participan tanto hombres como mujeres del distrito. Los productos confeccionados incluyen camisas, chombas, manteles, cubre manteles y camineros, los cuales se distribuyen principalmente en localidades cercanas como Yataity y Villarrica, e incluso en otras regiones del país.
Actualmente, el distrito cuenta con alrededor de 70 a 80 bordadores activos de esta artesanía, mientras que en el rubro de la caña de azúcar existen 57 productores asociados y unas 130 familias involucradas en su cultivo. La producción de miel de caña es manejada por aproximadamente 6 ingenios, que trabajan en coordinación.
Atractivos turísticos
En cuanto a los atractivos turísticos que reflejan su historia, cultura y tradiciones, posee uno de los sitios más visitados: el museo del ferrocarril, que además alberga una escuela de arpa. Así también, cuenta con un mausoleo donde descansan los restos de la figura emblemática del distrito, el arpista y compositor paraguayo, Félix Pérez Cardozo, reconocido como el “Rey del arpa paraguaya”, quien dio origen al nombre de la ciudad.
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Entre otros atractivos, posee una laguna muy visitada, así como espacios destinados a la pesca y la producción de artesanía, lo que convierten al distrito en un destino turístico que combina historia, cultura y naturaleza, atrayendo tanto a turistas como a visitantes locales.
El distrito recibe a una importante cantidad visitantes al año en lugares como el mausoleo y el museo. Además, cada año en septiembre se celebra tradicionalmente su festival en conmemoración a la fundación del distrito, en el marco de las fiestas patronales, atrayendo entre 4.000 y 5.000 personas y se proyecta que la concurrencia siga creciendo año tras año.
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El intendente consideró fundamental la llegada de empresas o fábricas que generen empleo local, ya que se visualizan oportunidades especialmente en tecnología e industria, aprovechando la tierra fértil, el agua abundante y el capital humano capacitado que existe en la comunidad.
A su vez, dijo que se tienen puertas abiertas a los inversores y visitantes interesados en conocer y contribuir al crecimiento del distrito, ya que el objetivo es que la comunidad pueda desarrollarse, atraer inversiones y ofrecer un lugar donde tanto los habitantes como los nuevos proyectos puedan prosperar.