Esther Ballestrino de Careaga nació el 20 de enero de 1918 en Encarnación (Itapúa), ciudad ubicada a 363 kilómetros de la capital paraguaya, Asunción. Aunque en su momento circularon versiones de que habría nacido en Uruguay, sus hijas confirmaron su origen encarnaceno.

Fue una destacada doctora en bioquímica y activista política, cuya vida marcó profundamente al fallecido sacerdote argentino Jorge Mario Bergoglio (1936-2025), convertido en el papa Francisco. Ballestrino de Careaga se graduó como doctora en química en la Universidad Nacional de Asunción (UNA).

Debido a su militancia en el Partido Revolucionario Febrerista (PRF) y su lucha contra regímenes autoritarios en Paraguay -como el del general Higinio Morínigo (1940-1948)-, debió exiliarse en Argentina en 1947. Casada con Raimundo Careaga, tuvieron tres hijas.

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Ester Ballestrino de Careaga. Foto: Gentileza

Fundadora de Madres de Plaza de Mayo

En Argentina, tras el secuestro de su hija Ana María Careaga, en junio de 1977, con apenas 16 años de edad, y de sus yernos por la dictadura militar (1976-1983), Esther se convirtió en una de las fundadoras del icónico movimiento Madres de Plaza de Mayo, que celebró su primera reunión el 30 de abril de 1977, frente a la Casa Rosada.

El 8 de diciembre de 1977 fue secuestrada de la Iglesia de la Santa Cruz, en el barrio San Cristóbal de Buenos Aires, tras ser delatada por el espía militar Alfredo Astiz, represor infiltrado en organizaciones sociales, apodado “el ángel de la muerte”. La mujer encarnacena fue torturada y asesinada en los “vuelos de la muerte”, donde las víctimas eran lanzadas vivas al mar. Sus restos fueron identificados en 2005 por el Equipo Argentino de Antropología Forense.

Su vínculo con el papa Francisco

A mediados de la década de 1950, Esther fue la jefa de un joven Jorge Mario Bergoglio en el laboratorio bioquímico Hickethier-Bachmann de Buenos Aires. El papa Francisco había declarado en múltiples ocasiones que ella fue quien le “enseñó a pensar” y a entender la realidad política.

Asimismo, antes de su desaparición, Esther le pidió a Bergoglio que escondiera sus libros marxistas para evitar que fueran utilizados como prueba en su contra, un favor que el entonces sacerdote cumplió ocultándolos en un colegio jesuita.

Hoy, su legado es recordado en Paraguay a través de instituciones como la escuela de formación política del Partido Revolucionario Febrerista (PRF), que lleva su nombre.

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Retrato de Ester Ballestrino de Careaga, obra de Federico Caballero.

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