El 16 de enero de 2010, la tragedia del Cruce del Paraná en Encarnación (Paraguay) y Posadas (Argentina) dejó ocho nadadores fallecidos durante una competencia náutica tradicional.
Un cambio climático provocó que la corriente los arrastre hacia unas barcazas ancladas, causando su absorción por el efecto de succión.
Se cumplen hoy 16 años de aquel evento recordado por la negligencia organizativa y la pérdida de jóvenes deportistas.
En ese contexto, el director de Seguridad Acuática de la Provincia de Misiones (Argentina), Franco Bacigalupi, hermano de uno de los fallecidos, se refirió al impacto del hecho en los familiares pese al paso del tiempo.
“Nosotros siempre decimos que viene diciembre, vienen las fiestas y ya sabemos que viene enero. Y a veces queremos que pase nomás o que ya pase el 16”, expresó a medios locales de Posadas, Franco Bacigalupi, hermano de Mauro Bacigalupi, una de las ocho víctimas fatales.
En tal sentido, dijo que tratan de recordar a todos los desaparecidos de la mejor manera, pero el dolor sigue presente, aclaró.
“Son dolores que no cierran, que a muchas familias les está costando y lo van llevando como una cicatriz, que la ves, recordás el dolor y la seguís teniendo. Eso es lo que seguimos cada familia, o por lo menos, la mía”, apuntó.
Consultado sobre las actividades previstas para este nuevo aniversario, respondió que no habría actos centrales. “La idea era ir al cementerio, dejar unas flores y una misa. Y cada familia lo recuerda como quiera”, precisó.
Dolorosa lección
Con relación a las consecuencias y la lección que dejó el accidente, dijo que se han dado cambios positivos, sobre todo en materia de seguridad.
“La parte de seguridad cambió mucho en lo deportivo. Es impresionante. Tenemos competencias de natación que está a primer nivel con lo que es la seguridad y la organización. Pero, pagamos un precio demasiado caro para este cambio”, manifestó.
El hecho sucedió durante la 80ª edición de la competencia bautizada como el Cruce del Paraná, una carrera de natación de aguas abiertas. El río Paraná presentó condiciones adversas (aguas turbulentas y caudalosas).
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Luego de partir desde el club Pacú Cuá, al menos 40 personas entre nadadores y remeros, fueron arrastrados por la corriente hacía de unas de las barcazas que estaban ancladas en aguas paraguayas. Un grupo de nadadores fue succionado por una barcaza sojera anclada cerca de la costa, creando un remolino.
Ocho deportistas fallecieron, pese al esfuerzo de muchas personas de la zona por salvarlos. Mauro Bacigalupi, Víctor Sessa, Fernando Solé Mases, Eugenio Raúl Seró, Sebastián Ruzecki, Nicolás Levequi, Manuel Leiva y Luis Saide perdieron la vida en la peor tragedia de la historia deportiva.
Muchos de ellos eran jóvenes llenos de sueños, amantes del deporte, que encontraron un destino fatal entre los cascos de acero de las barcazas.
La búsqueda de los cuerpos duró semanas, y el evento marcó profundamente a las comunidades de Encarnación y Posadas, llevando a juicios y condenas por homicidio culposo agravado contra los organizadores.
La recuperación de los cuerpos fue un proceso largo y angustiante. Aunque el cuerpo de Luis Saide fue hallado el mismo día, Manuel Leiva, de apenas 18 años, apareció el 5 de febrero, cerrando un periodo de profundo luto para las familias y las comunidads.
Negligencia y competencia suspendida
La competencia no se volvió a realizar, y el suceso es recordado como un trágico ejemplo de falta de previsión y negligencia en eventos deportivos.
La Justicia Federal condenó a la Asociación Mercosur de Aguas Abiertas y Prefectura Naval Argentina por el fallecimiento de ocho personas durante la competencia deportiva.
También concluyó la responsabilidad de la Prefectura Naval Argentina por la “deficiente seguridad” evidenciada en la” insuficiencia de los medios previstos de salvamento para la cantidad de asistentes y la posterior necesidad de colaboración en la búsqueda; la falta de atención a las previsiones climáticas y al estado del Río Paraná”.
Tras el episodio hubo dos condenados, el prefecturiano Jorge Antonio Lezcano y Hugo “Tyson” Alfonso, en el juicio que se realizó en 2014.
El 16 de enero de 2010 marcó un antes y un después para el deporte y la comunidad de la región. La tragedia del Cruce del Paraná, una de las competencias de natación más tradicionales entre Paraguay y Argentina, dejó un saldo fatal de ocho víctimas, transformando lo que debía ser una jornada de camaradería y esfuerzo deportivo en un capítulo oscuro que sigue presente en la memoria de Encarnación y Posadas.
La edición número 80 del Cruce, que comenzaba en el Club Pacú Cuá, en Encarnación, y culminaba en la Costanera de Posadas, enfrentó a los competidores con un escenario adverso. La falta de previsión y organización, sumada a una negligente supervisión por parte de las autoridades, desencadenaron la tragedia.
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