• Aldo Insfrán

El 13 de enero de 1906, el actual barrio de Tacumbú de Asunción fue el escenario de un suceso dramático que conmocionó a la sociedad paraguaya: un duelo a muerte entre dos figuras de destacada actuación política y periodística, que son Gomes Freire Esteves y Carlos García.

La tragedia fue el desenlace de una agria disputa editorial. Según relata la historia, la polémica política de carácter personal se libraba a través de las páginas de dos periódicos locales enfrentados: El Cívico (representante del sector cívico) y El Liberal (de tendencia radical). Los artículos, cargados de descalificaciones, motivaron al señor García a lanzar el reto formal, el cual fue aceptado por Freire Esteves, siguiendo los códigos de honor de la época.

A pesar de los esfuerzos de los padrinos por evitar el enfrentamiento, la cita se concretó en la madrugada de aquel 13 de enero. Los representantes fueron: por Carlos García (El Liberal): Miguel Guanes y Albino Jara. Por Gomes Freire Esteves (El Cívico): Adolfo Vázquez y Juan J. Soler.

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El arma elegida fue el revólver, con una distancia pactada de 20 pasos. Actuó como árbitro el militar Albino Jara, quien, según crónicas de la época, tuvo en sus manos la autoridad para suspender el duelo tras el primer disparo o incluso prohibirlo debido a un impedimento físico que presentaba García; sin embargo, el encuentro prosiguió.

EL DESENLACE

Tras cumplir con las formalidades y realizar un último e infructuoso intento de reconciliación, los contendientes ocuparon sus puestos. Al sonar la señal, se intercambiaron disparos. Fue el tercer proyectil de Gomes Freire Esteves el que impactó de lleno en la frente de Carlos García, quien cayó mortalmente herido.

La rapidez y el hermetismo con que se organizó el lance impidieron que la Policía de la Capital interviniera a tiempo. El fallecimiento de García, un joven apreciado en la sociedad asuncena, dejó un profundo luto en su hogar y en su círculo político.

EL ÚLTIMO TRASLADO

Como detalle pintoresco y sombrío de la Asunción de principios del siglo XX, el cuerpo del fallecido no fue trasladado en una carroza fúnebre convencional, sino en una zorra de la empresa tranviaria de don José Bazzano, quien era el concesionario de la cantera de Tacumbú. Así, en un transporte de carga, el cuerpo del malogrado periodista regresó al centro de la ciudad.

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