El reconocido músico y compositor paraguayo Quemil Yambay (87), se encuentra internado en un sanatorio de Asunción con pronóstico reservado, tras sufrir un nuevo episodio de accidente cerebro vascular (ACV).
Su propia familia compartió un breve comunicado en redes sociales desvirtuando una información falsa sobre su fallecimiento y confirmando su delicado estado de salud.
“Quemil Yambay está con pronóstico reservado y sigue luchando por su vida. Agradecemos sus oraciones y pedimos respeto e intimidad para la familia”, dice la publicación compartida en la misma cuenta de Facebook del célebre exponente de la música paraguaya.
Desde su lecho de enfermo en los últimos meses, Yambay venía recibiendo visitas de sus colegas y allegados -hasta que el día de ayer martes-su estado se complicó tras constatarse un quinto ataque cerebral, por lo que sus seres queridos decidieron internarlo para que pueda ser estabilizado.
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Manifestaron que por la edad avanzada, sería de alto riesgo someterlo a un procedimiento quirúrgico. El artista fue trasladado hasta el sanatorio La Costa donde está recibiendo los cuidados médicos acorde al requerimiento clínico.
Distinguido por su peculiar estilo de imitar los sonidos de varios animales en sus interpretaciones musicales, don Quemil se ganó varios premios, entre ellos el reconocimiento de Tesoro Humano Viviente de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), la Orden Nacional al Mérito Comuneros y la Orden Nacional del Mérito en el Grado de Gran Cruz.
Así también, compuso muchas canciones famosas del folklore paraguayo, tales como Mokoi guyra’i, A mi pueblito, Arekó cuatro kuña, Lórito óga, Ajupita de Presidente y el clásico Alfonso Loma, entre otras y en las que se caracterizaba por el humor en sus letras.
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La música de un país que sigue reclamando a su hijo pródigo
- Carlos Oliveira
- Fotos: Gentileza
El 7 de agosto de 1944, hace 82 años, moría en San Salvador Agustín Pío Barrios, Mangoré. Tenía 59 años y dejaba detrás una de las obras más extraordinarias jamás escritas para guitarra. Paraguayo de nacimiento, universal por vocación, Barrios convirtió un instrumento que podía parecer limitado en un territorio casi infinito de posibilidades sonoras. Su guitarra fue, al mismo tiempo, paisaje, memoria, intimidad y patria.
Cada aniversario de su muerte parece ser una buena excusa para volver a plantear la pregunta ¿dónde debería descansar Agustín Barrios? Desde hace años se suceden iniciativas para repatriar sus restos, sepultados en el Cementerio de los Ilustres de San Salvador. Incluso se ha llegado a plantear una solución tan simbólica como improbable: dividirlos, dejar una parte en El Salvador y traer la otra al Paraguay.
Pero acaso la verdadera cuestión no sea dónde están sus restos, sino dónde está Barrios. Porque mientras sus huesos permanecen en tierra salvadoreña, su música pertenece desde hace mucho tiempo a un territorio que no reconoce fronteras.
Las crónicas señalan que su última presentación en Paraguay tuvo lugar el 25 de enero de 1925, en la plaza Uruguaya. Por supuestas razones políticas no podía actuar en el entonces Teatro Nacional –actual Teatro Municipal– y aquel concierto al aire libre terminó siendo, en cierto modo, una despedida. Después vendrían los viajes, las ciudades, los escenarios y un progresivo alejamiento de la tierra natal.
Tras una gira por Brasil en 1929, Barrios recorrió durante los años siguientes distintos países de América Latina y Europa. En 1939 aceptó la invitación del presidente salvadoreño Maximiliano Hernández Martínez para radicarse en El Salvador. Allí ejerció la docencia en el Conservatorio Nacional de Música y encontró el lugar donde transcurrirían sus últimos años.
Un infarto puso fin a su vida el 7 de agosto de 1944. Fue enterrado en el Cementerio de los Ilustres. En 1985 sus restos fueron declarados patrimonio nacional de El Salvador, una decisión que terminó convirtiéndose en un obstáculo jurídico para los sucesivos intentos paraguayos de repatriación.
Pero la historia de Barrios plantea una ironía mayor. Paraguay reclama sus restos mientras durante décadas pareció olvidar su música.
EL EXTRAÑO DESTINO DE UN PROFETA
Durante buena parte del siglo XX, su obra no ocupó en Paraguay el lugar que hoy parece natural concederle. Mientras en otros lugares sus composiciones comenzaban a formar parte del repertorio guitarrístico, en su propio país su nombre sobrevivía con una presencia más cercana a la leyenda que al conocimiento profundo de su producción.
Fue necesario que intérpretes y estudiosos emprendieran una paciente tarea de recuperación. Cayo Sila Godoy, Felipe Sosa, Berta Rojas, Luz María Bobadilla y otros músicos contribuyeron decisivamente a devolver a Barrios al centro de la conversación musical paraguaya.
El redescubrimiento de Barrios no consistió solamente en volver a escuchar sus composiciones. Significó también comprender que Paraguay había producido a un músico capaz de dialogar con la tradición europea de la guitarra clásica y, al mismo tiempo, incorporar a su obra las cadencias, los ritmos y las sensibilidades de América Latina. En sus manos, la guitarra podía ser universal sin dejar de ser paraguaya.
La discusión sobre sus restos encierra, en el fondo, una cuestión más compleja. ¿A quién pertenece Agustín Barrios?
Paraguay puede reivindicarlo como uno de sus hijos más ilustres. El Salvador puede recordar que allí vivió sus últimos años, ejerció la docencia, murió y permanece sepultado. América Latina puede considerarlo uno de los grandes músicos surgidos de este continente. Y el mundo de la guitarra clásica lo reconoce como una figura fundamental de su repertorio.
UNA OBRA QUE TRASCIENDE
Quizás todas esas respuestas sean verdaderas. Porque la grandeza de Barrios reside precisamente en haber trascendido el lugar de nacimiento. Su obra partió de Paraguay, pero no quedó encerrada en sus fronteras. Viajó con él, cruzó océanos, entró en conservatorios, pasó de maestro a alumno y terminó incorporándose al repertorio de guitarristas de distintas partes del planeta.
Por eso, la repatriación de sus restos puede ser un acto legítimo de memoria nacional, pero no debería confundirse con la recuperación de su legado. A Barrios no hay que traerlo de vuelta: hay que seguir escuchándolo.
Quizá haya algo de profundamente paraguayo en esa paradoja. Durante años dejamos que uno de nuestros mayores artistas se alejara hasta convertirse casi en un desconocido dentro de su propia casa. Ahora queremos recuperar sus restos, cuando su música ya encontró una patria mucho más extensa.
Barrios permanece donde siempre quiso estar: en las seis cuerdas de una guitarra.
Y cada vez que alguien toca “Julia Florida”, “Danza paraguaya”, “Las abejas” o “La catedral”, aquel hombre que alguna vez abandonó Paraguay vuelve, por unos minutos, a caminar entre nosotros porque la patria que siempre habitará será la guitarra.
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Músico pide ayuda para recuperar sus instrumentos robados en Luque
Este jueves, un joven artista denunció que fue víctima de la inseguridad en la ciudad de Luque y pide ayuda para recuperar los instrumentos que le robaron y que los utiliza para trabajar. Los delincuentes en cuestión de minutos se llevaron dos teclados con sus accesorios y un parlante usados para los shows.
Según Christian Kettenbeil, el hecho se registró durante la noche de ayer miércoles frente a la plaza Roque González de Santa Cruz, donde dejó estacionado su vehículo mientras bajaba partes de sus equipos musicales. Los delincuentes rompieron los vidrios del rodado y se llevaron varios objetos de valor.
“Esto pasó ayer miércoles entre las 21:20 y las 22:50 ocurrió en Luque, zona Conmebol. Lamentablemente me fue imposible bajar todo, tenía que hacer sonido para un show acústico y luego tenía un concierto en el que me desempeño como tecladista”, expresó el afectado, en entrevista con La Nación/Nación Media.
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Afirmó que hasta el momento no logró acceder a las imágenes de cámaras de seguridad de la zona, pero realizó su denuncia ante la comisaría tercera de la ciudad. “Los equipos robados eran los que preparé para el segundo evento. Esta tarde voy a pedir videos de seguridad por el barrio aprovechando que ya tengo la denuncia”, resaltó.
Los equipos robados fueron: un teclado de escenario Yamaha CK 88 con estuche negro Gator, un parlante Yamaha DBR12 y un teclado Roland XPS10 con estuche negro. Además de los accesorios, dos pedales Yamaha FC4, dos cables de audio plug Santo Angelo, un adaptador de corriente Roland y otro Yamaha; un prolongador Vimar de 5 metros y extensión de pedestal para segundo teclado.
Las personas que tengan información sobre los objetos robados o fueron testigo del hecho pueden contactar al (0961)360-487 o al (0992) 931-681 con Christian Kettenbeil. Se trata de artículos sumamente importantes y valiosos para la víctima.
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Hace 22 años asesinaban a Jorge “Lobito” Martínez, gran músico y compositor paraguayo
El 25 de enero de 2003 fue asesinado Jorge Eladio Martínez Ayala, destacado músico, compositor y pianista paraguayo, conocido como “Lobito”. El crimen ocurrió en su vivienda y estudio ubicado en el barrio Republicano de la ciudad de Asunción. El legado musical de Martínez siguen dejando en alto al Paraguay.
El asesinato se registró una calurosa tarde del 25 de enero, hace 22 años, cuando Jorge se encontraba en su casa. Su novia y un grupo de amigos con quien debía encontrarse esa noche comenzaron a preocuparse porque no llegaba a una cita.
Estos amigos, al notar que Lobito no se presentaba al encuentro, comenzaron a llamarlo insistentemente y se presentaron en su vivienda. También lo hizo su novia, María Cristina Giménez, de 20 años, quien vio cuando el presunto autor huyó en el vehículo de la víctima. En el lugar habría rastro de pelea, sangre y el cuerpo sin vida del artista.
¿Quién lo mató?
Todo fue tan inesperado, que la primera pregunta que surgió fue ¿quién mató a Lobito? Las investigaciones iniciaron de inmediato, en principio se creía que fue un hecho de robo porque no encontraron la computadora en la que tenía varias de sus composiciones.
El crimen fue brutal, el cuerpo del músico prácticamente quedó irreconocible. Sin embargo, los investigadores no lograban obtener las verdaderas causas del crimen. En el lugar no encontraron la notebook ni el automóvil del músico, lo que acrecentaba la teoría de un robo.
Primero buscaron a su empleada doméstica, quien iba a la casa de lunes a sábado de 7:00 a 18:00, pero ese día no se presentó y estaba desaparecida, aunque posteriormente se supo que estaba en estado de shock. Dos días después fue buscada por el hijo de Martínez, que la llevó hasta la sede de la Fiscalía.
La mujer confirmó que ya no estaba cuando ocurrió el hecho y la Policía también detuvo al hijo del músico, Jorge Martínez, de 22 años, a quien también sindicaron como sospechoso y que podría ser cómplice con la empleada. Pero ambos fueron puestos en libertad, por no contar con evidencias.
Víctima de su aprendiz
El automóvil de Martínez fue abandonado en las calles Zanotti Cavazzoni, en el barrio Jara de Asunción. Se pudo constatar que en el volante y en los asientos había rastros de sangre, lo que indicaba que esta persona también resultó herida y las huellas aparecieron incluso en una parada de taxi.
Otro dato importante fue que el perro de Lobito, un pastor alemán, estaba en la habitación y se podría presumir que fue una persona conocida la que cometió el crimen, porque el animal era bastante bravo con personas extrañas.
El lunes 27 de enero, la Policía recibió una llamada anónima sobre la asistencia de un joven con heridas que no podía justificar en un sanatorio privado de la ciudad de Luque, pero que para esa fecha ya había sido dado de alta.
Al que no tuvieron en cuenta fue a Jorge Daniel González Torres, de 25 años, quien era aprendiz y trabajaba con Lobito. Este fue investigado y se pudo constatar que presentaba heridas en todo el cuerpo y manos, lo que apuntaba a que tuvo una pelea.
Detenido en su casa
La fiscal Teresa Martínez consiguió una orden de allanamiento y llegó hasta la casa de Jorge, el aprendiz, donde encontró la evidencia más importante: la computadora del músico y era un elemento que lo llevó a la prisión.
El hombre en todo momento negó haber matado a Lobito. A lo largo de la investigación dio varias versiones, incluso dijo que participó en el asalto, pero que fueron otras personas las que cometieron el crimen.
Condenado a 20 años
En setiembre de 2003, Jorge Daniel fue condenado a 20 años de cárcel y la confirmación de esta sentencia se dio en enero de 2006. Este obtuvo la libertad condicional tras compurgar 13 años de prisión. Hasta el 2018 vivió con sus padres, quienes negaron que su hijo hubiera sido el autor del crimen.
Uno de los abogados querellantes, Adolfo Jorge Kronawetter, expuso la teoría de que Jorge estaba siguiendo los pasos de su maestro, pero ese sábado discutieron como consecuencia de una desavenencia que tuvieron cuando el joven informático trajo un programa para hacer arreglos musicales, lo que no fue del agrado de su mentor y desató la ira.
Así también, los investigadores indicaron que el móvil del crimen fue por robo, un tinte pasional por una relación que habría mantenido con su alumno y porque su alumno pretendía a su novia. Hasta la fecha se desconoce el verdadero motivo de su muerte.
Sobre Lobito
Jorge Eladio Martínez Ayala, más conocido como “Lobito”, fue un músico y compositor paraguayo nacido en Asunción, el 11 de mayo de 1952. Fue hijo de Eladio Martínez, cantante, guitarrista, compositor y folclorista, y de Aída Ayala, modista.
Desde los 6 hasta los 11 años estudió piano con Margarita Morosoli de Piccardo, luego con Nelly Jiménez, Pedro Burián y en el Instituto de Altos Estudios Pianísticos de Leonor Aranda. Luis Cañete y Carlos Schvartzman también fueron sus profesores de armonía.
Desde los 22 años y hasta 1983 integró el grupo de música moderna y bailable Los Aftermad’s, con el cual grabó numerosos discos en los que se incluían canciones de su autoría. En la década de 1980 formó parte del grupo de jazz Opus 572 y ofreció recitales de música clásica como solista de piano.
Sus obras
Grabó, en sus estudios Little Wolf, el disco solista ‘‘Juego de niños’’ en solo de piano, en el que fusionó el jazz con la música paraguaya y desde 1997 logró los discos ‘‘Homenaje a nuestra música’’, ‘‘Solo guaranias’’, ‘‘Pintemos el mañana’’, ‘‘En las colinas del alma’’, ‘‘Canciones para mamá’’, entre otros. Su último disco fue editado en el 2001, titulado ‘‘Los sonidos de la luz’’. Al año siguiente salió de gira por Japón junto con el arpista Mariano González.
Datos clave
- Lobito se había casado muy joven y fruto de ese matrimonio resultó dos hijos, una niña y un niño, pero la unión no prosperó. Cuando su hijo tenía 4 años y su hija 2 años, decidió divorciarse y dedicar su vida a la música.
- El músico decidió viajar por el mundo y mostrar sus dotes como artista, tiempo en que dejó bien en alto al Paraguay.
- La impresión que causó hizo que forme parte del instituto musical, en Boston, Estados Unidos, donde se graduó en ejecución, composición, arreglos e improvisación de jazz por el Berklee College of Music.
- Regresó a Paraguay a mediados de los 90, ofreciendo recitales como solista y dedicándose a la docencia y a la composición.