En su homilía de Nochebuena, el cardenal Adalberto Martínez llamó a vivir la Navidad desde una alegría profunda y comprometida, centrada en la esperanza, la justicia y la cercanía con los más frágiles. El mensaje, pronunciado este 24 de diciembre en la Catedral Metropolitana, puso el acento en una fe que no se agota en gestos simbólicos, sino que se traduce en acciones concretas a favor del bien común.

El cardenal recordó que la alegría del nacimiento de Jesús no es pasajera, sino la certeza de que “Dios entra en nuestra historia y camina con su pueblo”. Subrayó que toda la creación se regocija porque el Señor viene a reinar con justicia y rectitud, y que Jesucristo, sigue iluminando hogares, pueblos y ciudades.

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También destacó el carácter humilde del pesebre como signo central de la Navidad, puesto que Dios elige la fragilidad para manifestar su amor y no excluir a nadie. Además, el cardenal llamó a valorar la vida en todas sus etapas y a acompañar a quienes sufren enfermedades, pobreza y exclusión. Señaló que la solidaridad debe expresarse tanto en gestos personales como en políticas públicas justas y solidarias, citando al Papa Francisco al afirmar que la política, orientada al bien común, es una forma elevada de caridad.

El mensaje incorporó referencias a la realidad del país, evocando símbolos de la mesa compartida y del trabajo comunitario. “Ese es el camino de Jesús: pasar haciendo el bien y denunciar la corrupción y toda religiosidad vacía de amor”, afirmó.

Finalmente, exhortó a fortalecer la oración en familia y a construir la paz rechazando la violencia y el odio. “Dos trocitos de madera bastan, manos unidas y corazones abiertos”, concluyó, al reafirmar que la Navidad renueva la esperanza y recuerda que Dios vuelve a nacer entre nosotros.

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