Una vez más, la tradicional peregrinación a la Villa Serrana, impulsada por una inmensa demostración de fe hacia la Virgen de Caacupé, dejó un lamentable tendal de basura que inundó los alrededores de la basílica, la zona de Kuruzu Peregrino y el camino en general.
Tras el paso de los miles de fieles, el panorama que se observó en la mañana del lunes fue desolador, con una gran cantidad de residuos esparcidos por doquier.
Como ocurre cada año, la masiva afluencia de personas para cumplir con sus promesas genera un gran volumen de desperdicios, especialmente plástico. Las botellas de gaseosas o agua mineral, adquiridas por la gente para hidratarse durante la caminata, constituyen el principal residuo.
A esto se suman los restos de polietileno e isopor provenientes de los envases utilizados para servir comidas rápidas en los puestos de venta. Cartones y otros desechos arrojados a la calle completan la triste escena.
La problemática se agrava debido a la insuficiente cantidad de basureros y, sobre todo, a la dificultad para realizar la limpieza de manera rápida y óptima. Esto provoca que, al finalizar la misa central y desconcentrarse la multitud, un verdadero mar de basura quede esparcida a lo largo de la explanada y en los caminos de acceso.
La situación se tornó aún más crítica tras la lluvia que cayó en la jornada de ayer. El agua arrastró y dispersó los residuos, haciendo que el panorama post-peregrinación fuera aún más caótico y deprimente en la zona, comprometiendo seriamente la salubridad y la estética de la Villa Serrana. La jornada dejó en evidencia que, aunque la fe es profunda, la conciencia ambiental sigue siendo una asignatura pendiente para una parte significativa de los visitantes.