María Ramona Cardozo Martínez tenía 37 años, era oriunda de Altos, tenía una discapacidad motriz y estaba embarazada de ocho meses cuando desapareció el 1 de julio de 2023. La denuncia fue presentada en su ciudad natal y comenzó una búsqueda marcada por la angustia, la desinformación y la sensación de que algo muy grave había ocurrido.

Para su familia, ella no era “un caso”: era la hermana, la hija, la tía que estaba ilusionada con la llegada de su bebé. Según la investigación fiscal, el padre del bebé era su pareja, el entonces expolicía Víctor Cantero Sánchez.

Durante más de veinte días, la familia insistió, empujó el caso, habló con la prensa, pidió ayuda. No era una familia con poder ni conexiones, sino una con un amor enorme por María Ramona y su bebé en gestación. En paralelo, el principal señalado por la desaparición ya era Víctor Cantero.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

El 25 de julio de 2023, una comitiva fiscal y policial encontró restos óseos en la cima del cerro Cristo Rey, en Caacupé. Había indicios claros de algo atroz: restos quemados, desmembrados, señales de que alguien había intentado borrar el cuerpo y la evidencia.

Al día siguiente, el forense Pablo Lemir confirmó, mediante estudios de ADN, que esos restos pertenecían a María Ramona y a su bebé de ocho meses. Desde ese momento, el caso dejó de ser solo una desaparición: se convirtió en símbolo de feminicidio extremo, de crueldad y de impunidad.

Reconstrucción devastadora

Lo que la Fiscalía reconstruyó es devastador. Cantero golpeó a María Ramona en la cabeza para matarla, luego incineró su cuerpo en el cerro y provocó el aborto del bebé que esperaba.

La causa quedó a cargo de los fiscales Carlos Maldonado y Gedeón Escobar, quienes imputaron a Víctor Cantero. Primero fue investigado por otros delitos, pero con el hallazgo de los restos la calificación pasó a feminicidio y aborto, además de la consideración de su condición de expolicía y de la vulnerabilidad de la víctima.

El proceso, sin embargo, estuvo lejos de ser lineal. En junio de 2025, el juicio oral fue nuevamente suspendido a raíz de recursos presentados por la defensa de Cantero.

La hermana de María Ramona dijo que sentían que “los asesinos tienen más derechos”, ya que habían pasado casi dos años del crimen y no había ninguna sentencia. La familia denunció falta de acompañamiento y dejó claro que estaba dispuesta a encadenarse frente al Palacio de Justicia si el juicio seguía trabado.

El abogado William Amaral remarcó en distintas oportunidades que la familia no solo esperó, sino que también investigó, empujó la causa, dio la cara ante los medios y presionó para que el expediente no quedara archivado en un estante más.

Juicio y pena máxima

Cuando finalmente el juicio oral y público arrancó, las audiencias estuvieron cargadas de dolor y tensión. Testigos reconstruyeron los últimos días de María Ramona, la relación con el acusado y el contexto de vulnerabilidad en el que vivía.

La Fiscalía sostuvo que se trató de un feminicidio agravado, con el componente de aborto forzado al eliminar también la vida del bebé. La querella insistió en la pena máxima, no solo como castigo individual sino como mensaje frente a otros casos de violencia extrema contra mujeres.

En las afueras, familiares y personas cercanas seguían cada paso. Para ellos, cada suspensión era revivir el crimen; cada avance, un poco de aire en medio del duelo.

Este 4 de diciembre de 2025, el Tribunal de Sentencia integrado por Ángela Carolina Jara Vallejos, Cristel Sandrina Müller de Peralta y Augusto Acuña Rojas condenó a Víctor Cantero Sánchez a 30 años de prisión, más 10 años de medidas de seguridad, totalizando 40 años, la pena máxima prevista por la legislación paraguaya.

Quedó establecido que Cantero fue autor del feminicidio de María Ramona Cardozo y su accionar provocó también el aborto del bebé que ella esperaba.

Medios que cubrieron la sentencia registraron el momento en que la hermana de María Ramona, entre lágrimas, dijo que por fin podían estar “un poco más tranquilos” y que su hermana, al fin, iba a poder descansar.

No hay justicia que devuelva una vida, menos dos. Pero una condena de 40 años es también un mensaje: que la vida de María Ramona, una mujer pobre, con discapacidad, embarazada, merece verdad y reparación.

Déjanos tus comentarios en Voiz