En Paraguay el cáncer de próstata es una de las principales causas de muerte por cáncer en el hombre. Se diagnostican aproximadamente 1.700 nuevos casos por año y se estima que más de 250 hombres fallecen por esta enfermedad, según datos del Ministerio de Salud.
Detectado en fases iniciales esta dolencia tiene un pronóstico favorable, de ahí la importancia de fortalecer las campañas de detección temprana, acudir a controlarse y dejar de lado los prejuicios que usualmente impiden abordar en tiempo oportuno este problema de salud.
“El cáncer de próstata es más frecuente a partir de los 50 años. También aumenta la probabilidad en hombres con antecedentes familiares de cáncer de próstata o de mama (por posibles mutaciones genéticas compartidas), y en quienes llevan estilos de vida poco saludables, como el sedentarismo, la obesidad, el consumo excesivo de carnes rojas, grasas saturadas o el tabaquismo”, advirtió el doctor Robert Núñez.
Sin embargo, el médico dio un pronóstico alentador para los pacientes que acceden a un diagnóstico precoz e inician un tratamiento oportuno. “El cáncer de próstata detectado en etapas iniciales tiene una tasa de curación muy alta. El diagnóstico precoz permite ofrecer tratamientos menos invasivos y preservar una mejor calidad de vida”, destacó.
Por el contrario, cuando la enfermedad se detecta tarde, ya extendida a otros órganos, las opciones de curación se reducen y los tratamientos son más complejos. “Detectar a tiempo significa dar más años y más vida a los años. La prevención no es solo una práctica médica: es un cambio cultural que empieza por hablar del tema sin miedo”, subrayó.
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¿A qué edad iniciar los controles?
Se recomienda que los hombres inicien sus controles preventivos a partir de los 50 años, o antes (desde los 45) si existen antecedentes familiares. “El control consiste en la evaluación clínica y la determinación del antígeno prostático específico (PSA) en sangre, complementado cuando es necesario con un tacto rectal, que sigue siendo un examen valioso para la detección temprana”, explicó.
Para el director del Policlínico Municipal de Asunción, el mensaje más importante que se tiene que transmitir es que el miedo o la vergüenza no deben ser barreras para cuidar la salud. “Cada consulta preventiva es un acto de responsabilidad, tanto personal como familiar”, expresó.
¿Cómo se manifiesta?
El cáncer de próstata suele ser una enfermedad silenciosa en sus etapas iniciales. En muchos casos no provoca síntomas y puede pasar inadvertido durante años. Sin embargo, a medida que progresa, comienzan a aparecer signos que deben llamar la atención.
Entre estas manifestaciones clínicas se presentan: la dificultad para orinar o flujo urinario débil o interrumpido, sensación de vaciado incompleto de la vejiga, así como el aumento en la frecuencia de las micciones, especialmente durante la noche.
Otra señal de alarma es la sangre en la orina o en el semen, además de dolor en la parte baja de la espalda, la pelvis o las caderas. La disfunción eréctil o molestias al eyacular también son signos que pueden indicar un cáncer de próstata.
“Estos síntomas deben motivar una consulta inmediata con el urólogo o médico de cabecera. La evaluación oportuna puede marcar la diferencia entre un tratamiento curativo y uno paliativo”, remarcó.
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¿Cuáles son los tratamientos disponibles?
En Paraguay se dispone de diferentes opciones terapéuticas, que deben ser individualizadas según el estadio del cáncer y las condiciones de cada paciente. Entre ellas se encuentran la cirugía radical de próstata (prostatectomía), utilizada en casos localizados, la radioterapia externa o braquiterapia.
También se apela a la terapia hormonal (bloqueo androgénico) en enfermedad avanzada, la quimioterapia o terapias dirigidas en casos metastásicos.
“El país ha dado pasos importantes con la implementación del Protocolo Nacional de Manejo del Cáncer de Próstata, que busca unificar criterios y mejorar el acceso al tratamiento en todo el sistema público de salud”, destacó el doctor Núñez.
El médico se refirió además del rol de los jóvenes en romper los tabúes y prejuicios. “Los jóvenes tienen hoy un papel fundamental en transformar esta realidad. Ellos pueden y deben ser agentes de cambio en sus hogares, sus lugares de trabajo y comunidades, promoviendo conversaciones abiertas sobre salud masculina. El cáncer de próstata no distingue condición social ni nivel educativo. La información salva vidas y el silencio sigue siendo uno de los peores enemigos de la salud masculina”, finalizó.
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