Pedro Juan Caballero (Emerson Dutra, corresponsal)
Desde Pedro Juan Caballero, departamento de Amambay, informaron acerca de un parto domiciliar de urgencia, que se realizó en la comunidad indígena Jasuka Venda, lugar sagrado para los Pãi Tavyterã.
Lo que presagiaba un día apacible, repentinamente cambió puesto que según refirieron los profesionales de la salud del Hospital Regional de esta ciudad, se encontraban en la zona para realizar una jornada de atención integral cuando se percataron de la presencia de una mujer de 20 años en trabajo de parto.
Al notar que la mujer ya tenía dilatación completa, y por la urgencia del caso, optaron por realizar el parto dentro de la ambulancia, procedimiento que finalizó exitosamente con el nacimiento de un bebé de casi 2 kilos.
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“El alumbramiento fue espontáneo y sin complicaciones”, aseguró el doctor Pablo Ayala, director de la XIII Región Sanitaria.
Sostuvo que tanto la madre, así como también el recién nacido, se encuentran en “buen estado de salud”. “El bebé succiona adecuadamente y la madre permanece lúcida y estable”, acotó el doctor Osmar Fariña, director del Hospital Regional de la capital departamental.
Los héroes que participaron del parto dentro del móvil Salud Indígena fueron el doctor Éver Amarilla, la obstetra Dominga Coronel, la enfermera Norma Cuevas y el auxiliar de enfermería Nelson Encina.
“La XIII Región Sanitaria destaca el profesionalismo, compromiso y entrega del equipo de Atención Primara de la Salud que, día a día, trabaja en beneficio de la salud de los más necesitados de nuestra comunidad”, manifestó el director de la Región Sanitaria.
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La urgencia de reactivar la discusión pública
- Dr. José Duarte Penayo
- Filósofo. Presidente de la ANEAES
Cada día trae una nueva urgencia pública y, con ella, la exigencia de un ritual de época, la del pronunciamiento moral. En ese ritmo, la controversia se empobrece, el matiz se debilita y la figura del intelectual, alguna vez relevante, se desdibuja. Quizá, sin embargo, su porvenir no consista en añorar su pasado heroico, sino en reconstruir mediaciones y devolverle espesor al tiempo de lo político.
Patricia Funes, en su libro Salvar la nación, vio en el intelectual una figura intermedia, situada entre la academia y la praxis, capaz de traducir sentidos y de mediar entre mundos que, cuando se repliegan sobre sí mismos, se vuelven estériles, el de la producción de conocimiento y el de la disputa política.
Esa posición, típica del siglo XX, no era una credencial de identidad ni una estética de la pose, sino un tipo de intervención, a veces incómoda, que exigía disciplina, riesgo y un claro propósito de interpelar e interpretar a las mayorías.
En el Paraguay, la generación novecentista y sus continuadores dieron una de las escenas más intensas de ese oficio. Las discusiones sobre nuestra identidad nacional, el debate O’Leary-Cecilio Báez como emblema persistente, y las pugnas por la cuestión social, los derechos sobre el Chaco Boreal, las condiciones trabajo, el orden y la justicia, mostraron que la palabra pública podía ser un terreno donde las ideas pesaban en la correlación de fuerza reales, aun cuando el país estuviera lejos de cualquier estabilidad institucional.
Fuera de nuestras fronteras, el siglo XX condensó esa figura en el gesto del compromiso, con el intelectual engagé como¿emblema?. Pero conviene recordar que el compromiso nunca fue unívoco ni pacífico, y que su prestigio se sostuvo mientras existió un espacio relativamente compartido donde la controversia se jugaba con tomas de posición, en revistas, tribunas, al calor de movimientos sociales y partidos políticos movilizantes con verdadera capacidad de movilización, con instituciones que, aun en crisis, resistían todavía las despolitizantes de la sociedad de consumo.
En este mismo momento, hubo advertencias tempranas sobre los que suponía el rol protagonista en la política de los intelectuales. Theodor Adorno llevó al extremo la sospecha ante cualquier positividad totalizante, en nombre de una determinada manera de pensar la crítica que haría escuela y que, con el tiempo, se prestaría a degradaciones. Raymond Aron, por su parte, observó la facilidad con que la inteligentsia podía convertir el dogma en un opio para los intelectuales, ahorrándose el trabajo, menos épico que necesario, de interrogar las propias certezas.
Sin embargo, la mutación decisiva de los intellectuels engagés llegó, primero, con el desgaste de grandes arquitecturas teóricas, y luego, sobre todo, con el cambio del régimen temporal de la discusión pública.
Cuando Lyotard diagnosticó el fin de los grandes relatos, se abrió una escena donde la legitimidad tendió a fragmentarse y el gesto crítico, en vez de sostener una exigencia de rigor, empezó a derivar hacia una “economía de señales”, que sentó las bases del tribalismo identitario de nuestro presente.
La crítica, vaciada de reflexividad, comenzó a funcionar como significante de pertenencia y se volvió el alma de ciertas endogamias, con pretensiones de superioridad moral. Respecto a este proceso, conviene volver y detenerse en un episodio revelador de los años cincuenta.
Me refiero a la ruptura, dentro de la célebre revista Les Temps Modernes, entre Jean-Paul Sartre y Maurice Merleau-Ponty. Puede parecer anecdótico, pero contenía una pregunta decisiva: ¿qué significa intervenir en política?
Merleau-Ponty reprochaba a Sartre confundir la intervención política con un test permanente de moralidad, como si cada coyuntura exigiera una respuesta inmediata, una urgencia de posicionarse “del lado correcto de la historia”, fórmula que la corrección política convirtió en coartada sentimental. Frente a esa concepción, el autor de la Fenomenología de la Percepción insistía en que la historia y la política tienen su propio tiempo, radicalmente diferente de la inmediatez que impone un comunicado o pronunciamiento sobre la coyuntura. La política y la historia, según Merleau-Ponty, tienen una temporalidad más espesa, hecha de comienzos, sedimentaciones y efectos diferidos.
Lo interesante de esa polémica es que anticipó una tendencia que la época actual lleva a su paroxismo. Las redes sociales, con su velocidad y su economía de recompensas afectivas, empujan a tratar cada hecho como “la última batalla”, a fabricar certezas definitivas al abrigo de nichos emocionales que filtran cualquier nota disonante.
En ese clima, la política se vuelve sucesión de emergencias y el pensamiento, si no resiste, se reduce a consignas que circulan con la única lógica del entretenimiento y reforzamiento de endrogrupos.
En este sentido, Bruno Latour, en uno de sus textos más incisivos, “¿Por qué la crítica se ha quedado sin fuerza?”, advirtió que la crítica, esa pulsión a la deconstrucción y a la sospecha de todo lo establecido, se quedó sin combustible. Cuando el mundo se explica únicamente por resortes ocultos, cuando toda agencia se disuelve en sospechas automáticas, el “pensamiento crítico” pierde filo y se vuelve indistinguible de la teoría del complot.
Ya no amplía el campo de lo pensable y de lo ensamblable, y termina consagrando una esterilidad que, a fuerza de repetirse, ni siquiera intimida. Esta realidad se conecta con un desplazamiento práctico que vuelve más visible la pérdida de la función histórica del intelectual clásico.
La política contemporánea suele tercerizar la construcción del sentido en expertos de campaña, verdaderos administradores de la percepción, cuyo trabajo no consiste en disputar legitimidades de largo aliento, sino en optimizar rendimientos inmediatos, segmentando públicos para sostener narrativas eficaces. Sin por ello demonizar la realidad, es un hecho que hoy la elaboración doctrinaria ya no es funcional a la actividad política diaria.
¿Qué queda entonces del intelectual en una época, como la actual, en la que los relatos comunes ya no pueden conjugarse con una conversación pública fragmentada en grupos cada vez más cerrados? Si algo queda algo, es una tarea difícil y por eso mismo necesaria: la de empujar a que la política vuelva a tener razones e imaginación de futuro.
No con la tranquilidad y el determinismo, tan propia de buena parte del siglo XX, de creer los proyectos políticos nadaban con la corriente de la historia del progreso o la emancipación, sino aceptando que no hay garantías en nuestro tiempo, ni dirección asegurada, ni legitimidad automática.
Quienes quieran tomar la difícil tarea de reflexionar sobre la realidad y la política, deben orientar su esfuerzo en reconstruir mediaciones que permitan concebir la cohesión social sin negar el conflicto, dándole cauce y forma.
Apuntar a argumentar sin reducir la controversia a un examen moral permanente, asumiendo, con responsabilidad, que el tiempo de lo político no coincide con el tiempo del trending topic. La intervención pública, cuando no es mera consigna, exige disciplina, organización, militancia, paciencia, precisión y, sobre todo, la capacidad de escuchar aquello que no confirma nuestras preferencias.
Esto último supone exponerse a la réplica y tener que aceptar, a veces, que su costo es no ser aplaudido por todos. El ejercicio verdadero de pensar es por definición incómodo, es desafiar el silencio de lo incuestionable.
Si en el pasado el intelectual fue mediador de grandes proyectos universales, su futuro, si lo tiene, quizá deba insistir, obstinadamente, en tejer el entramado social y político que hace posible que una comunidad discuta algo más que sus reflejos automáticos.
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Imputan a empresario brasileño por supuesta evasión de G. 1.600 millones y uso de facturas falsas
Desde el Ministerio Püblico informaron este viernes que la agente fiscal Yeimy Adle, especializada en Delitos Económicos y Anticorrupción, presentó imputación contra un ciudadano brasileño de 34 años, representante legal de la firma Salto Diamante S.A., de la ciudad de Pedro Juan Caballero.
“Es en el marco de la causa que investiga sobre la supuesta comisión del hecho punible de evasión de impuestos y producción de documentos no auténticos”, aclararon desde la Fiscalía.
Mediante los datos colectados, según la investigación fiscal, el 13 de agosto de 2024 el sospechado habría presentado ante la administración tributaria facturas presumiblemente falsas.
“Dichos documentos habrían sido utilizados para respaldar créditos fiscales del IVA correspondientes a febrero, marzo, abril, mayo y junio de 2023, así como costos y gastos del IRE del mismo año, obteniendo presuntamente un beneficio impositivo indebido al evadir el pago de G. 1.600.307.708 en impuestos”, informaron.
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Documento no auténtico y evasión
Según indicaron, la conducta del hoy investigado se subsumiría en el tipo legal de producción de documento no auténtico, previsto y penado en el artículo 246, inciso 1º, en la modalidad de uso; así como también, en el tipo legal de Evasión de impuestos, conforme a lo establecido en el artículo 261, inciso 1″, ambos del Código Penal; en concordancia con el artículo 29, inciso 1º del mismo cuerpo legal.
Tras la presentación de los documentos, el Ministerio Público solicitó al Juzgado Penal la notificación correspondiente al imputado, de conformidad a lo establecido en los artículos 301, inciso 6) y 303 del Código Procesal Penal
Finalmente, también expusieron que debe señalarse la fecha en la cual se deberá dar cumplimiento a lo establecido en el artículo 347.
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Violento asalto en Pedro Juan: hombres armados ingresan en una vivienda y reducen a mujer
En Pedro Juan Caballero, departamento de Amambay, un grupo de hombres fuertemente armados ingresó a una vivienda, redujeron a la propietaria y le despojaron de dinero en efectivo. La Policía Nacional investiga el grave hecho y buscan dar con el paradero de los maleantes.
Según el reporte policial, el hecho se registró en una vivienda ubicada en el barrio San Juan Neuman de la Fracción Santísima Trinidad, donde ingresaron tres hombres que portaban cascos y estaban fuertemente armados. Estos forzaron la puerta e ingresaron mientras la víctima Cinthia Carolina Resquín, de 38 años, descansaba.
La mujer escuchó un fuerte ruido y cuando se levantó para ver qué ocurría los hombres ya estaban en la puerta de su habitación. Los delincuentes la intimaron y obligaron a entregar el dinero. Así también, se encargaron de revisar toda la vivienda en busca de objetos de valor.
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La víctima entregó la suma de 10.000 reales, 1.500.000 guaraníes en efectivo y un teléfono celular marca Samsung. “Le pidieron directamente que le entregaran el dinero. Por la denuncia de la víctima se puede presumir que estas personas fueron con la información precisa”, expresó comisario Julio Espínola, en entrevista con la 1020 AM.
Resaltó que dos de los hombres portaban armas de fuego y uno de ellos machetillos. “Creemos que estas personas ya estuvieron vigilando a la mujer y como vieron que el vehículo no estaba estacionado en el patio decidieron entrar. Estamos investigando para dar con el paradero de los malvivientes y ya contamos con videos de cámaras de seguridad de la casa”, puntualizó.
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Investigan muerte de niño de 5 años en incendio de vivienda en Amambay
Este sábado, el Ministerio Público inició la investigación por la muerte de un niño de 5 años en el incendio de una vivienda en Pedro Juan Caballero, del departamento de Amambay. El menor estaba en una de las habitaciones de la casa de madera y sus abuelos de avanzada edad no pudieron rescatarlo.
Según el reporte policial, el hecho se registró durante la jornada de ayer viernes en el barrio Guaraní de la citada ciudad, cuando el niño y sus abuelos estaban descansando en el interior de una vivienda con estructura precaria. En cuestión de segundos, las llamas arrasaron con la casa.
El Ministerio Público inició las investigaciones para esclarecer el caso, ya que el menor fue encontrado cubierto por prendas de vestir y ya interrogó a los familiares, pero también recogerán testimonios de vecinos. El médico forense César González manifestó que el pequeño sufrió quemaduras en el 80 % de su cuerpo.
Los abuelos de 73 y 82 años estaban encargados de cuidar al pequeño, pero cuando se percataron del incendio apenas lograron salir del interior de la vivienda. La mujer pidió ayuda a sus vecinos porque no encontraba a su nieto, pero la casa ya había sido consumida por completo por el fuego.
Vecinos confirmaron que el menor vivía con sus abuelos y su padre, este último debió salir a trabajar como albañil para mantener la familia. Una de las hipótesis es que el fuego se inició porque el niño estaba jugando con fósforos, ya que se tiene antecedentes de que jugaba con estos.