El repentino fallecimiento de Milka Jael Carrillo Battilana, la joven docente de 29 años que murió electrocutada el martes a causa de un cable suelto en San Lorenzo, dejó un profundo vacío en su familia y en la comunidad educativa.

Al dolor de la pérdida ahora se suma la indignación por la frialdad con la que algunos aprovecharon el momento para ofrecer servicios funerarios a los familiares. Emanuel, hermano mayor de Milka, relató cómo fueron abordados sin tacto ni humanidad.

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Golpearon nuestra puerta no para consolarnos, sino para vendernos un servicio fúnebre. Eso es lo que más duele, la falta de sensibilidad en un momento en el que apenas podíamos respirar del dolor”, denunció a C9N.

El testimonio expone una realidad que suele repetirse en tragedias inesperadas: empresas y particulares que en lugar de brindar contención, ven en la desgracia una oportunidad comercial.

Uno nunca está preparado para recibir una noticia así. Y mucho menos para que la primera reacción de algunas personas sea hablar de dinero, de trámites, en vez de respetar el duelo, lamentó Emanuel.

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Reclamo de humanidad

La familia pide que hechos como este sirvan de reflexión.“Pedimos más preparación, más humanidad de parte de quienes comunican o intervienen en estas tragedias. No somos solo un trámite, somos personas que estamos destrozadas. Necesitamos tacto, respeto y sensibilidad”, sostuvo Emanuel.

Mientras amigos, colegas y alumnos lloran a Milka, quien será despedida este miércoles en el Cementerio del Este, otros lamentan la crudeza de una realidad social que en lugar de acompañar convierte el dolor en un negocio.

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Vida dedicada al servicio

Pese a la indignación, Emanuel no dejó de recordar a su hermana como una mujer llena de luz. Milka fue definida por su hermano como “una persona capaz de dar su vida por los demás”.

Ella trabajaba porque amaba enseñar. Se desvivía por dar alegría, por transmitir esperanza. Eso era Milka”, concluyó.

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