La Asociación para la Educación en Derechos Humanos (ASOEDHU), con el respaldo de WWF-Paraguay, recordó que la convocatoria nacional #VocesXelPlaneta se encuentra en sus últimos días. Hasta el 19 de septiembre, artistas, colectivos y comunidades de todo el país pueden presentar proyectos artísticos y sociales enfocados en el ambiente y la justicia climática.
El programa ofrece una beca de hasta G. 8.800.000, junto con mentorías personalizadas y la posibilidad de difusión en medios y plataformas aliadas, con el fin de acompañar el desarrollo de iniciativas creativas que combinen arte y acción socioambiental.
La convocatoria está abierta a múltiples expresiones artísticas como muralismo, música, audiovisual, literatura, danza, teatro, performance y pintura, entre otras. Estas disciplinas pueden convertirse en herramientas para visibilizar la crisis climática desde miradas diversas, locales y comunitarias.
La iniciativa forma parte de Prisma Climático, programa de ASOEDHU, y se enmarca en el proyecto “Voces para la acción climática justa”, implementado en Paraguay por WWF-Paraguay y Fundación Avina, que busca fortalecer el papel del arte en la transformación social y ambiental.
“La crisis climática no solo se cuenta con datos, también con emociones, experiencias vividas y expresiones artísticas. Con esta beca queremos amplificar esas voces y dar apoyo real para que las ideas se conviertan en acción”, destacó Diego Bazán, coordinador de proyectos de ASOEDHU.
El proceso de postulación es simple y completamente online. No se requiere experiencia previa ni trayectoria formal: basta con una idea clara, compromiso con el territorio y ganas de crear. El formulario está disponible en www.asoedhu.org/vocesxelplaneta, mientras que más información puede encontrarse en las cuentas de Instagram @asoedhu y @wwfpy.
Con esta propuesta, las organizaciones impulsoras buscan que más artistas y comunidades aporten desde la creatividad a los debates y acciones contra el cambio climático, fortaleciendo el vínculo entre cultura, sociedad y ambiente en Paraguay.
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Falleció el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique a los 87 años
El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, uno de los principales representantes de la narrativa hispanoamericana, falleció a los 87 años, informó ayer martes la Casa de la Literatura Peruana. Bryce Echenique, autor de “Un mundo para Julius” y “No me esperen en abril”, entre otros títulos, fue distinguido con numerosos premios a lo largo de su carrera. Era considerado el narrador peruano más exitoso después del premio Nobel Mario Vargas Llosa, fallecido en abril del año pasado.
“Lamentamos la partida de (...) Alfredo Bryce Echenique (1939–2026), una de las voces más representativas de la literatura peruana contemporánea“, señaló la entidad dependiente del gobierno. Su último libro, publicado en 2021, fue el autobiográfico “Permiso para retirarme”, el tercer volumen de sus denominadas “Antimemorias”, un guiño a las memorias del escritor francés André Malraux.
La presidencia de Perú también lamentó su muerte. “Su pluma (...) deja un vacío inmenso pero un legado eterno”, señaló en X la oficina del presidente interino José María Balcázar. “Nos estábamos terminando de acostumbrar a la ausencia de Mario Vargas Llosa y en menos de un año la literatura peruana se ha quedado huérfana por partida doble”, afirmó a la AFP desde Madrid el escritor Renato Cisneros.
“Cuentacuentero”
“Era un narrador independiente que hablaba sobre su infancia y sus primeros amoríos con una prosa fresca y un lenguaje asequible, que tenía además algo en que nadie lo pudo seguir: entretener al lector hasta la carcajada batiente”, dijo el crítico literario Mirko Lauer. Bryce atrajo las miradas de la crítica con su celebrada novela “Un mundo para Julius” (1970), el ácido retrato de una familia de la oligarquía peruana de mediados del siglo pasado.
Le siguieron obras como “Tantas veces Pedro”, “La vida exagerada de Martín Romaña”, “Guía triste de París” y otras. “Alfredo nos hizo descubrir una zona de Lima (...), de nosotros mismos, que tenía que ver con los grandes secretos que las familias guardan”, dijo su amigo íntimo, el escritor Alonso Cueto, en entrevista con la televisora N.
En una entrevista con la AFP en 2009, Bryce Echenique declaró haber tenido desde niño una enorme facilidad para inventar historias. “Yo era un cuentacuentero; a mí en el colegio mis compañeros me esperaban para que les contara un cuento, lo contaba con mucha gracia y mucha ironía, y me hice famoso en el colegio”, dijo a la AFP en ocasión de la publicación de uno de sus últimos libros de cuentos, “La esposa del Rey de las Curvas”.
Bryce Echenique nació en Lima un 19 de febrero de 1939 y vivía apartado de la atención pública en los últimos años. Regresó a Perú a principios del siglo XXI tras varias décadas en Europa, principalmente en España y Francia, donde fue profesor universitario en París y Montpellier.
Cine y viudas
Bryce murió sin haber podido ver publicada una biografía que preparaba para este año el periodista Daniel Titinger, quien lo visitaba asiduamente. “Me da mucha pena su partida, tengo la frustración de no haberle dado a leer el manuscrito”, dijo a la AFP Titinger. El narrador había colgado la pluma hace un lustro por decisión propia. “No quería escribir, se había retirado del todo, pasaba sus días viendo películas en casa, en especial las de Orson Welles que le fascinaban”, recuerda Titinger.
En su semana “tenía un día para reunirse con los amigos del colegio, otro para los amigos literatos y uno en el que se juntaba con las viudas de sus amigos”. Bryce se movilizaba en los últimos años en silla de ruedas y estaba superando un cáncer. Hace dos semanas su salud se resquebrajó a raíz de una afección pulmonar, según fuentes de su entorno. “Había rejuvenecido los últimos años: el amor y sus amigos lo ayudaron” señala Titinger.
Fuente: AFP.
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Mujeres trabajadoras del teatro: tres miradas en diálogo
- Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza
Hoy, con motivo del Día Internacional de la Mujer, conversamos con tres mujeres directoras de teatro que muestran fragmentos de su vida en el arte, los vínculos personales y también el contexto profesional en el marco del que sea tal vez uno de los trabajos más subvalorados a los ojos de la sociedad. Paola Irún, Selva Fox y Raquel Rojas aportan sus miradas y voces sobre el trabajo femenino en el arte.
Paola Irún (PI), Selva Fox (SF) y Raquel Rojas (RR) responden un cuestionario común que involucra su relación misma con la actuación y la dirección, así como procuran rescatar una mirada respecto al trabajo femenino en el arte.
Se rescatan muchos avances a poco más de un siglo de la primera conmemoración de esta fecha y a pocos años de la última oleada del feminismo que interpeló con fuerza a la sociedad global. Tres creadoras y trabajadoras comparten preguntas, territorio y fragmentos de historia, pero responden desde su propio mundo personal y social.
–¿Cómo nace su vínculo con el teatro?
–PI: Veo teatro desde niña, como público y también tras bambalinas. Pero tardé en dedicarme yo al teatro. La figura de mi madre era tan superlativa que decidí no entrar en ese campo. No cabíamos las dos en un mismo rubro. Trabajé como 10 años en televisión. De hecho, empecé a actuar frente a una cámara y a manipular la imagen de manera narrativa desde la edición, práctica que disfruto hasta hoy. Pero llegó un momento en el que me di cuenta de que negando mi esencia solo estaba perdiendo tiempo y años de vida. Cuando decidí dedicarme enteramente al teatro, fue cuando me dije “quiero hacer el teatro que yo quiero ver”, y empezó todo.
–SF: Cuando yo con el colegio voy al Teatro Municipal a ver “Yo el supremo” y veo que una popa de barco atraviesa el escenario digo “esto es lo que yo voy a hacer toda mi vida, yo voy a llegar hasta la popa del barco, yo quiero estar ahí dentro de ese barco”. Y ahí comencé fuertemente con el apoyo de mi familia. La primera obra en la que estuve se llamaba “Prohibido en la plaza los niños y los perros”, de Moncho Azuaga. Así comencé y de ahí ya no paré más.
–RR: Desde muy joven. Desde las olimpiadas teatrales del Colegio Teresiano. Integré como actriz el grupo Tiempoovillo, un grupo histórico de la vanguardia de los años 70. En el año 1975 fundé el Grupo de Teatro Aty Ñe’ê con Tony Carmona, Yiya Gunsett, Alcibiades González del Valle, Arturo Pereira y Ramón del Río como grupo inicial. Esta ya fue mi primera experiencia de teatro profesional: Aty Ñe’ê .
FIGURA INSPIRADORA
–¿Tuviste alguna figura femenina inspiradora?
–PI: Y por supuesto mi mamá. Qué mayor inspiración que esa. Sobre todo porque mi mamá hacía teatro en tiempos donde no era tan bien visto o aceptado como una profesión, un estilo de vida. Ella optó por dedicarse enteramente al teatro, contra viento y marea. En época de la dictadura, vivían amenazados, ella se iba a hacer la función igual. Y yo fui testigo de sus transformaciones, sus distintos personajes, su grandiosidad en el escenario.
–SF: En “Las troyanas” estaban actrices como Clotilde Cabral... Cuando esas mujeres fuertes agarraban el escenario. También otra obra como “El herrero y la muerte”, en la que la muerte hacía esta actriz, Líber Fernández, me voló la cabeza. Le vi a Regina Bachero en una comedia. Me iba a ver esas obras y yo decía “esto es lo que yo quiero algún día en mi vida”.
–RR: Aty Ñe’ê trabajó en teatro territorial y giras durante casi siete años. Cuando la dictadura ya nos prohibió salir al interior con Aty Ñe’ê, nos asociamos al Teatro La Farándula, dirigido por la actriz y directora Edda de los Ríos. Ella fue para mí una hermana mayor, una inspiración, pues era una mujer de teatro en todas sus facetas, desde la actuación a la dirección de compañía, con una dedicación y fuerzas poco común en el ambiente de la época. En arte y en política Edda fue para mí una gran inspiración, inolvidable.
EXPERIENCIA
–¿Qué encontraste en el teatro y con el teatro?
–PI: Encontré mi voz. Con mi dramaturgia, yo digo lo que quiero decir, las obras hablan por mí. Es por eso que dirijo las obras que yo misma escribo en un proceso de laboratorio de dramaturgia colaborativa que voy induciendo y dando forma. Muy pocas veces dirigí obras de otros autores. En este momento no me interesa. Eso no significa que cuando me toca otro autor o autora dejo de hablar yo. Sigo hablando a través de herramientas de dirección; pero con mi propia dramaturgia me siento más libre. Encontré también mi lugar. Tengo ansiedad social, pero en el escenario (dirigiendo, escribiendo o actuando) me siento poderosa. También el teatro al darme una voz me dio postura. Es muy importante para una artista tener postura y trato de tenerla en las decisiones que tomo. Qué historia decido contar, cómo la voy a contar, de qué manera decido mover al público. Muchos dicen que el arte no tiene que ser necesariamente político, pero creo es una confusión. Todo es un acto político, no solo en el arte, sino en la vida misma, que no es lo mismo que partidario.
–RR: Con Aty Ñe’ê en La Farándula conocí los primeros Brecht. Como actriz y directora. Acompañé como asistente de dirección todos los montajes y me involucré en la dirección con la “De la guerra al cabaret”, una adaptación y puesta en escena mía, de la obra de Brecht “Cachorro de elefante”. La puesta era una sala de fiestas antifascista en el entorno de la dictadura nazi. Con una orquestita en vivo que dirigía Arturo Pereira y con interacción con el público que era a la vez parte del montaje y público. Allí supe que ya no era solo directora y actriz de teatro de grupo, sino que debía abrazar la dirección teatral como arte, profesión y oficio y así lo hice.
–¿Entre la primera obra que dirigiste y la última qué cosas cambiaron?
–PI: Mucho cambió porque yo cambié. Indefectiblemente la vida y las experiencias vividas te van posicionando en lugares diferentes, a veces te sorprende. Pero mi esencia es la misma, sigo buscando, sigo investigando nuevas formas, sigo probando lo que no sé hacer y tratando que cada desafío supere al anterior. Sí, quizás hoy le puedo poner nombre a las formas, a herramientas, estilos, a mis experimentos. Pero siempre quise ir más allá y emocionarme yo primero, luego el público.
–SF: Hay miles de cambios, yo cambié, cambiaron las formas. Pero, por ejemplo, hoy día me gustan más las cosas un poco más minimalistas, aunque lo que yo siempre en una obra trato de tener ahí es el asombro, trato de tener a mi lado eso, y eso estuvo conmigo desde el comienzo hasta ahora. Eso de mirar con los ojos de los niños, eso es lo que nosotros no tenemos que perder y cuesta muchísimo eso. El teatro para mí era como una aventura que después fue mi vida y forma parte de mi vida. Acá en Nhi-Mu vivo de una manera teatral siempre y en este país cuesta mucho eso, tener una burbuja gigante en el medio de esto. Nhi-Mu para mí es una burbuja gigante donde se hacen sueños, donde podemos hablar de miles de cosas.
SER MUJERES
–¿Para vos qué significó ejercer la dirección teatral como mujer en el contexto machista local?
–PI: Lo que realmente deseo es que estas preguntas dejen de existir. Quiero ser yo. Sí, soy mujer, pero también soy Paola, mucho más allá de eso. Creo que hay un poder mayor en no posicionarme desde la dificultad o el menoscabo. El día que dejemos de preguntarnos esto pienso que habremos dado realmente un paso gigantesco.
–SF: En Nhi-Mu siempre fue un matriarcado. Nosotras las chicas tomamos la posta y nos hacemos fuertes y nos abrimos caminos juntas, trabajamos juntas y vivimos el teatro juntas. En los comienzos de mi mundo era una lucha constante. Chicas que volaban por los aires, armaban estructuras, hacíamos luces, estábamos ahí armando todo lo que es el escenario, cosas así. Entonces, eso era brutal, era costoso eso, pero la gente nos hacía de menos, había proveedores que no creían en nosotras, y eso nos costó muchísimo, años y años. Hoy día yo me voy a un espectáculo y ya saben que cuando llega mi estructura, yo dirijo la puesta de estructura, hay chicas en luces, en sonido. En eso ahora ya hay respeto, estamos tratando, aunque siempre hay gente desubicada que cree que no hay cambio, que cree que todo sigue igual. Pero no.
–RR: Fue y es un esfuerzo inmenso sobre las espaldas de una mujer creadora, que ya tiene las dificultades propias de ser artista y mujer en Paraguay, a lo que se suman los problemas del machismo vigente en el ambiente cultural del país. Incluso de compañeros de teatro, maestros inclusive, aquellos que reivindican derechos de no discriminación para su sector también son los primeros y tenaces discriminadores hacia una mujer creadora.
–¿Ubicás una experiencia transformadora o de enseñanza para vos como mujer en cualquiera de los roles que te hayan tocado dentro del ambiente del teatro que puedas comentarnos?
–PI: Todas las experiencias son transformadoras para mí, pero no necesariamente como mujer, insisto, sino como ser humano habitante de este mundo muchas veces injusto, desigual, frustrante. Un ser que piensa, siente, se emociona y trabaja en pos de lo que quiere decir.
EL CAMBIO
–El proceso extendido de la defensa de derechos de la mujer lleva más de un siglo y en la última década tuvo una nueva oleada desde el #Metoo. ¿Cambió algo para bien?
–PI: Cambió muchísimo. El hecho de que intente no diferenciar mi lucha solo por el hecho particular de ser mujer no implica que sea ajena a cuantos cambios han habido. Para empezar, ya no nos callamos, ya no fingimos demencia, ya no soportamos todo, ya no nos tragamos sapos. Eso solo es inmenso. El patriarcado se está cayendo hace tiempo, a veces con quiebres muy notorios, y otras con pequeñas sutiles rajaduras que van desmantelando el sistema. Ese sistema dentro del cual a la gente le cuesta recibir “órdenes” de una mujer, le cuesta aceptar que una mujer sea cabeza de equipo y tome decisiones con seguridad. Asusta una mujer con opinión fuerte, independiente, hacedora de su propio camino. Asusta o intimida. También el eterno derecho a piso. Me pasa más en otros ámbitos fuera del teatro, o el mal manejo del privilegio; o que nos tengan que explicar todo, el “mansplaining”, ese acto condescendiente de explicarnos cosas porque se asume que sabemos menos o tenemos menos experiencia. El hecho de que yo lo diga está sujeto a duda, no siempre se acepta de entrada en ciertos ámbitos. Ese sistema se está destruyendo.
–SF: Claro que hubo cambios. Pero nosotras debemos de seguir ahí, alertas, insistentes, porque este mundo patriarcal que nos toca no se quiere ir así nomás, no se quiere ir, nosotras tenemos que estar atentas a eso y seguir, nosotras todos los días vamos a ganar, todos los días vamos a ir ganando. Nosotras las mujeres somos las que movemos el mundo y todavía no están entendiendo.
REIVINDICACIONES
–¿Qué necesidades tienen en la escena teatral local la mujeres actrices, guionistas, directoras, gestoras, respecto a los derechos como trabajadoras y la valoración artística de su aporte?
–PI: Tendríamos que siempre tener derecho a decir nuestra opinión en cualquier tiempo y lugar, y a no tener que estar constantemente defendiendo nuestra manera de pensar y nuestras decisiones. El derecho a existir en un ambiente libre de acoso y misoginia. A una sexualidad libre, sin prejuicios, ni juzgamientos. Derecho a simplemente existir y ser quienes somos. Digo simplemente, pero no es fácil, se rema, remamos. Derecho a fluir.
–SF: Son lugares que son nuestros. Muy importantes somos nosotras las mujeres en esta parte cultural, en el teatro, así como estaban citando gestoras culturales, directoras, somos importantísimas. Con nosotras el cambio se viene más fuerte. Somos personas que tenemos que visibilizarnos más para poder llegar a los lugares que son nuestros, que nunca nos dejan ocupar. Siempre está ahí cualquier personaje que ahí ocupa el lugar de una mujer sin tener derecho a eso y nosotras estamos siempre como esperando el momento. No, nosotras, las mujeres, tenemos que comenzar a tomar los lugares que son nuestros, basta. Directoras, guionistas, gestoras culturales, tenemos que ir adelante y tomar esos lugares.
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Presentan el libro “Manual para el viajero” en Alto Paraná
La joven autora Carolina María Alexandra Galeano Quesnel presenta su libro titulado “Manual para el viajero”, este jueves 5 de marzo a las 17:30, en el espacio turístico de Saltos Monday, en Presidente Franco (Alto Paraná). La publicación de 190 páginas, que cuenta con el sello de editorial Arandura, reúne experiencias personales y reflexiones sobre la identidad, la memoria y la transformación.
“La obra plantea que el verdadero viaje no siempre es hacia un destino, sino hacia uno mismo, entendiendo que cada cierre también puede ser un nuevo comienzo. Un libro dirigido a quienes se sienten en tránsito y buscan descubrir que viajar también puede ser una forma de reencontrarse con su propia esencia”, expresa la descripción del lanzamiento.
“Vengo guardándome esto hace un tiempo… porque primero tenía que vivirlo, sostenerlo, escribirlo, llorarlo, ordenarlo… y volver a mí. Este proyecto no nació de un día para el otro. Nació de escuchar, de compartir, de aprender de otras personas. Ahí entendí algo que me cambió: no hay límites. Cada persona es única. Y lo más lindo es que cada una tiene algo para entregar al mundo”, compartió Alexandra Galeano en su cuenta de Instagram.
“Para mí, venimos con dos misiones: 1) Ser feliz, 2) Amar lo que hacemos. Y cuando encontrás ese algo que solo vos sabés hacer con pasión… el tiempo desaparece. Y cuando lo enlazás (sí, enlazás) con esta era digital y con tu propósito, todo se empieza a acomodar. En el medio de este proceso aprendí a equilibrar mis cuatro cuerpos: mente, cuerpo, alma y espíritu. Y comprendí algo clave: el poder de creación que tenemos es ilimitado… en presencia, en conciencia y en gratitud”, agregó.
Reseña de la obra
¿Y si el viaje más importante no fuera hacia afuera, sino hacia adentro? “Manual para el viajero” es una invitación a detenerse, escuchar y mirar la vida desde otro lugar. A través de experiencias personales, símbolos, caminos recorridos y reflexiones íntimas, este libro propone un viaje consciente por los territorios de la identidad, la memoria y la transformación.
No se trata de llegar a un destino, sino de aprender a habitar el camino. De comprender que todo cierre es también un comienzo, y que el verdadero movimiento ocurre cuando nos atrevemos a volver a casa con una mirada nueva. Un libro para quienes sienten que están en tránsito, para quienes buscan sentido y para quienes saben que viajar también es una forma de recordar quiénes somos.
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Falleció el novelista portugués António Lobo Antunes a los 83 años
El novelista portugués António Lobo Antunes, uno de los escritores lusófonos más leídos y traducidos del mundo y en varias ocasiones favorito al Nobel de Literatura, falleció a los 83 años, anunció este jueves su editorial, el Grupo Leya. “Su muerte está confirmada. Divulgaremos una nota de condolencias”, dijo a AFP una portavoz de Leya, la editorial que publicó su última novela en 2022.
Lobo Antunes, cronista de la sociedad portuguesa contemporánea, es el autor de una obra exigente, que mezcla novela, poesía y autobiografía en un estilo barroco y metafórico. Casado dos veces y padre de tres hijas, había superado tres cánceres mientras seguía escribiendo, de media, alrededor de una novela al año, pero dejó de publicar en los últimos tiempos.
Según un periodista al que había concedido una serie de entrevistas, el autor habría padecido una forma de demencia, una información que nunca fue confirmada por su entorno. Nacido en 1942 en el seno de una familia de la alta burguesía lisboeta, Lobo Antunes descubre a comienzos de los años 1970 los horrores de la guerra colonial en Angola, adonde fue enviado como médico militar.
A su vuelta, trabaja como psiquiatra en un hospital de Lisboa y conoce el éxito desde su segunda novela, “En el culo del mundo” (1979), monólogo de un hombre que regresó de la guerra. A partir de 1985, se consagra exclusivamente a la escritura.
El universo de sus personajes revela con ironía los conflictos interiores de una sociedad portuguesa marcada por medio siglo de dictadura y la decepción que siguió tras la llegada de la democracia en 1974, especialmente en “Manual de inquisidores” (1996). Autor de una treintena de novelas y de varias recopilaciones de artículos de prensa, recibió en 2007 el Premio Camões, la distinción literaria más importante de la lengua portuguesa.
Un narrador crítico
El portugués António Lobo Antunes, fallecido a los 83 años, fue uno de los escritores lusófonos más leídos y traducidos del mundo, autor de una obra exigente que revela con ironía los conflictos internos de la sociedad contemporánea de su país. Este hombre de mirada azul a veces intensa, otras perdida, y muy a menudo en los pronósticos para el Nobel de Literatura, ensanchó las fronteras de la novela para dar entrada a la poesía y la autobiografía.
Casado dos veces y padre de tres hijas, había superado tres cánceres mientras seguía escribiendo, de media, alrededor de una novela al año, pero dejó de publicar en los últimos tiempos. Según un periodista al que había concedido una serie de entrevistas, el autor habría padecido una forma de demencia, una información que nunca fue confirmada por su entorno.
Una de sus últimas novelas fue “O Tamanho do Mundo” (El tamaño del mundo), sobre un anciano que recuerda los pormenores de la vida, publicada en 2022. “Todo lo que rodea la literatura, las traducciones, los premios, el ruido que acompaña el éxito nunca tuvo una gran importancia para mí”, afirmó en noviembre de 2012.
De psiquiatra a escritor
A través de dramas personales como la muerte, la soledad, la ausencia de amor, Lobo Antunes hizo, con una prosa barroca, elaborada y metafórica, un retrato sin concesiones de una sociedad portuguesa que sigue marcada por medio siglo de dictadura y una guerra colonial en la que él mismo participó como médico militar en Angola de 1971 a 1973.
Nacido el 1 de septiembre de 1942 en una familia de la gran burguesía lisboeta, Lobo Antunes, que era el mayor de seis hermanos varones, trabajó como psiquiatra en un hospital de Lisboa a su regreso del frente angoleño.
Su segunda novela, “En el culo del mundo” (1979), el monólogo de un hombre que regresa de la guerra de Angola, fue elogiada por la crítica y a partir de 1985 Lobo Antunes se dedicó exclusivamente a la escritura.
De la muerte de un toxicómano en “La muerte de Carlos Gardel” (1995) a la despoblación de la región del Alentejo en “El archipiélago del insomnio” (2008), pasando por las desventuras de una pandilla imaginaria en “Mi nombre es Legión” (2007), el escritor tomó siempre partido por las víctimas y los oprimidos.
Algunos críticos comparan su obra con la del gran escritor portugués Eça de Queiros, autor de un corrosivo retrato de Portugal en el siglo XIX.
“Amo este país. Somos feos, bajos y tontos, pero lo amo”, declaraba un día quien en “Manual de inquisidores” (1996) denunciaba con acritud las mentiras y desilusiones que siguieron al advenimiento de la democracia en 1974.
Formado, según decía, leyendo a Faulkner y a Scott Fitzgerald, este gran admirador de Céline y de Tolstoi publicó una treintena de novelas y de recopilaciones de crónicas de prensa, y recibió en 2007 el Premio Camões, el más importante en lengua portuguesa.
Un hombre “en guerra civil”
Ese año reveló que padecía cáncer de intestino. Desde entonces, sacó varias novelas, una de las cuales, “Sobre los ríos que van” (2010), tiene como narrador a un hombre confrontado a la enfermedad y la cercanía de la muerte.
“La literatura no es un placer”, porque el escritor “paga un alto precio en términos de salud y de esperanza” y está “constantemente expuesto a sus propios errores y limitaciones”, decía con cierto desaliento en octubre de 2013.
Lleno de contradicciones, Lobo Antunes se describía a sí mismo como un hombre “tierno y afectuoso”, pero también “introvertido y lleno de dudas”. “No me resulta fácil vivir conmigo mismo. Es como si estuviera siempre en guerra civil”.
Provocador nato, Lobo Antunes fue también conocido por su sentido del humor: “He leído un texto de un crítico que decía que me seguirán leyendo con pasión dentro de 5.000 años. Creo que tiene razón, pero no me sirve para nada”.
Fuente: AFP.