La Confederación Sudamericana de Fútbol reabrirá este viernes 16 de mayo el Museo Conmebol, como parte de la agenda complementaria del 75.º Congreso FIFA, que se desarrollará este jueves 15 en Luque. El espacio dedicado a la cultura del fútbol continental cerró el 28 de abril debido a los preparativos para el evento internacional.
Renovado recientemente, el Museo Conmebol consolida su papel como emblema cultural y deportivo del país. Estará abierto al público a partir del viernes 16 de mayo, con acceso gratuito mediante agendamiento previo en conmebol.com/museo-conmebol. El horario de atención es de lunes a viernes de 8:00 a 18:00, y los sábados de 9:00 a 12:00.
Con más de 40.000 visitantes en 2024 y un promedio mensual superior a las 5.000 visitas en este año, el museo se posiciona como uno de los principales destinos turísticos del país. Su colección ha sido ampliada con objetos de incalculable valor histórico, incluyendo 65 camisetas de campeones de la Libertadores, 22 de la Sudamericana y 16 de campeonas de la Libertadores Femenina, además de piezas exclusivas de leyendas como Pelé, Maradona, Di Stéfano, Messi, Garrincha y Zico.
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La sección de Clubes hace un viaje a través del tiempo, pasando por la historia de la Libertadores, la Sudamericana, la Libertadores Femenina, Sub20, de Futsal y Fútbol Playa, además de los triunfos de los clubes sudamericanos en la Copa Intercontinental y el Mundial de Clubes. Este Museo preserva un legado que hunde sus raíces en un pasado de gloria y que inspira a todo un continente a buscar nuevos desafíos y conquistas.
Entre el martes 13 y jueves 15 de mayo, el Museo Conmebol colabora con el FIFA Museum en la exposición especial “120.º aniversario de la FIFA” en el Centro Cultural del Puerto de Asunción (Avenida República y Colón), en el horario de 14:00 a 21:00, con entrada libre y gratuita. La exhibición incluye reliquias del fútbol, incluida la Copa del Mundo, así como los trofeos del Mundial de Clubes y el Mundial Femenino.
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Hinchas albirrojos realizaron una limpieza tras la victoria de la selección en el Mundial
Tras el fenomenal triunfo de Paraguay ante Turquía por 1-0 de esta madrugada en el San Francisco Bay Area Stadium, en California (Estados Unidos), en el marco del Mundial de Fútbol, la hinchada de la Albirroja se quedó a limpiar el área donde estuvieron alentando a la selección paraguaya y dejaron en alto la cultura nacional.
La Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) destacó está acción con un video del trabajo realizado por los paraguayos que llegaron hasta San Francisco Bay Area Stadium y que, tras el término del encuentro, se quedaron a recoger todos los residuos de su sector en el estadio norteamericano, similar al hábito ponderado a los hinchas japoneses en escenarios deportivos internacionales.
“Los hinchas de la albirroja se quedaron a limpiar tras la victoria de su selección en la Copa Mundial FIFIFA 2026″, expresaron desde página oficial de la confederación. Este encuentro corresponde a la segunda fecha del Grupo D de la Copa Mundial de la FIFA 2026, donde la selección paraguaya venció a Turquía y sumó tres puntos vitales para mantener la ilusión de clasificar a los dieciseisavos de final.
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Paraguay ganó 1 a 0 a la selección de Turquía, con el gol de Matías Galarza que anotó al minuto 1 de juego (1′ 04′') desde fuera del área tras asistencia de Julio Enciso. Este marcador fue registrado como el gol más rápido del Mundial 2026.
Este segundo encuentro de la albirroja fue arrollador con el gol tempranero de Galarza y luego el equipo mostró resistencia heroica tras la sanción a Miguel Almirón que vio la tarjeta roja directa al minuto 45 de la primera mitad, mediante el VAR tras taparse la boca para hablar con un rival.
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“Louvre al límite”, robo de joyas expuso crisis del museo parisino
El Louvre, en crisis desde el espectacular robo de octubre, está “al límite” y necesitará invertir grandes sumas para renovar sus vetustas infraestructuras, afirmó ayer miércoles el presidente del museo más visitado del mundo. “Lo podemos decir sin rodeos: pese a su imponente majestuosidad, pese al compromiso diario de sus equipos, es un Louvre al límite”, declaró Christophe Leribault ante una comisión del Senado. “Sus equipos, sus infraestructuras están llegando al final de un ciclo”.
El robo de varias joyas de la Corona el 19 de octubre puso de manifiesto las fallas de seguridad y los retrasos acumulados en la modernización de los equipos del museo parisino, que el año pasado recibió nueve millones de visitantes. “Estamos en una encrucijada: las urgencias en relación al edificio se acumulan y nos enfrentamos a un muro de inversiones, lo cual, evidentemente, no es lo que uno quiere oír”, declaró Leribault, nombrado en febrero.
El responsable también se refirió al gran proyecto de renovación del Louvre, anunciado a principios de 2025 por el presidente francés, Emmanuel Macron. Este plan incluye la creación de una entrada adicional al museo y construir en el subsuelo una nueva sala para exponer La Gioconda, la estrella de la pinacoteca, dos proyectos de un valor total estimado de 660 millones de euros (765 millones de dólares) sobre un monto global de unos 1.000 millones (1.160 millones de dólares).
“Estos 660 millones deben cubrirse mediante mecenazgo”, precisó Leribault, añadiendo que cerca de la mitad de esa suma (300 millones de euros, 350 millones de dólares) debía proceder de la explotación de la marca del Louvre en Abu Dabi, donde el museo abrió una sede en 2017.
“Los demás hay que encontrarlos en los próximos meses entre grandes empresas y donantes individuales”, detalló. En lo que respecta a la seguridad del museo, Leribault aseguró que se están tratando “las urgencias que se imponen” y anunció la puesta en marcha, a partir de enero de 2027, del nuevo sistema de videovigilancia perimetral.
“Por supuesto, instalamos urgentemente algunas cámaras adicionales en lugares absolutamente neurálgicos cuya deficiencia habíamos constatado, pero no se puede crear toda una nueva red con cientos de cámaras sin reforzar la estructura técnica”, explicó. “La herida del robo y el trauma de los meses que le siguieron siguen siendo muy intensos” en el seno del museo, admitió.
Fuente: AFP.
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“No Spanish questions”: polémica por exclusión del español en conferencias del Mundial
Al impedir que estrellas como Vinícius Jr., Achraf Hakimi y Frenkie de Jong respondan en español durante las ruedas de prensa, la FIFA abrió una polémica en el Mundial 2026: la exclusión del idioma oficial de México, uno de los países anfitriones. Previo al debut de Brasil ante Marruecos, un periodista español preguntó en inglés a Vinícius Jr., en cumplimiento a las reglas del organismo rector del fútbol, que solo permite tres idiomas en las conferencias: los de las selecciones que diputarán el partido y el inglés.
La estrella brasileña lo interrumpió y le pidió que continuara en español, pero el oficial de la FIFA explicó que no era permitido por razones logísticas. “Nosotros no tenemos español en interpretación remota. Pregunta en inglés o en las lenguas que usamos hoy”, zanjó. Contrariado, el delantero del Real Madrid se puso los auriculares para escuchar la traducción.
Cuestión de identidad
Pese a que otras estrellas dominan el idioma oficial de México y el segundo más hablado en Estados Unidos, la autoridad del fútbol fue inflexible. Su prohibición desató críticas en redes sociales que obligaron a la FIFA a reaccionar.
Una fuente cercana a la organización dijo el domingo a la AFP que los traductores disponibles en las ruedas de prensa son solicitados directamente por cada selección según sus intereses, pero precisó que a partir de ahora se integraría el español en las traducciones.
La AFP constató que en la página web de la FIFA ya está habilitada la opción de traducción simultánea en este idioma. En México, el país con más hispanohablantes del mundo, la lengua es una cuestión de identidad respecto a su vecino del norte.
Si bien la mayor parte de los partidos del torneo se disputan en Estados Unidos y otros pocos en Canadá, los aztecas reciben 13 juegos del Mundial en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
Además, ocho de los 48 países que lo disputan tienen el español como idioma.
Vinícius Jr., que desde 2018 vive en Madrid, reía. “Sí sí puedes”, decía alentando al periodista que siguiera en español. Pero después perdió esa pequeña batalla.
“Aquí se habla español”
Idéntica situación sucedió con Achraf Hakimi, nacido en la capital de España, que sonrió cuando un periodista mexicano fue cortado al formular su pregunta.
“Ok, ok, le entiendo...”, dijo Hakimi en un intento de permitir que el comunicador no fuera detenido. Al final la pregunta se hizo en español y la respuesta la dio en inglés.
En un tercer turno el neerlandés De Jong fue protagonista en la previa del duelo de ayer domingo ante Japón.
“No me importa”, dijo el centrocampista del Barcelona al escuchar el idioma de Cervantes, pero finalmente el diálogo fue en inglés.
En las redes sociales, las quejas crecieron: “Sesgo cultural a los periodistas y jugadores que saben español”, escribió un usuario en X.
“Estamos en México, somos anfitriones y aquí se habla español”, publicó otro. La norma contrasta con la inyección anímica de los mariachis mexicanos en algunos de los escenarios: el domingo en el estadio de Houston sonaron durante las pausas clásicos de la música mexicana como “Volver, volver” y “Cielito lindo”.
Fuente: AFP.
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De Mundiales FIFA y Juegos Olímpicos: deportes, culturas y política
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos: Gentileza
Desde el jueves pasado, el particular balón la Trionda rueda en dieciséis ciudades de Canadá, México y Estados Unidos, los países anfitriones de la vigesimotercera Copa Mundial de Fútbol 2026.
Entre el 13 y el 30 de julio de 1930, en Uruguay, se desarrolló el primer campeonato mundial de fútbol de la historia. Nada nuevo y, mucho menos, que se desconozca. El presidente de la FIFA entonces, Jules Rimet, tuvo presente para designar la sede que el país anfitrión –en 1924 y 1928– fue medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París (1924) y de Ámsterdam (1928). Desde aquellas dos citas deportivas el fútbol –como disciplina– alcanzó un estatus que nunca se le había concedido antes.
Eran otros tiempos. La FIFA, cuando se iniciaba la tercera década del siglo XX, tenía cuarenta y un miembros. Sin embargo, hasta Montevideo solo aceptaron viajar para participar trece selecciones porque el viaje, en barco, para los europeos era muy largo. En consecuencia, solo se enfrentaron Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú, Bélgica, Francia, Rumania, Yugoslavia, Estados Unidos y México. La copa la alzó Uruguay. Triunfó sobre la Argentina por 4 a 2 en el estadio Centenario.
El trofeo siguiente se disputó en Roma. El dictador Benito Mussolini (1883-1945) operó con firmeza para que así fuera y, en consecuencia, encaró la organización de aquel campeonato como una cuestión de Estado. Nada nuevo. Desde 1928 construyó con aquel objetivo, en la base misma del Monte Mario, el Stadio dei Marmi que custodiaban sesenta estatuas de atletas de mármol con claro estilo grecorromano.
El 10 de junio de 1934, Italia derrotó a Checoslovaquia por dos goles a uno. El relato del autócrata fue presentar aquel triunfo como un logro del fascismo y sobre ese eje construyó una buena parte de su comunicación política. Nada nuevo, por cierto. Deporte y cultura, claramente, ensamblan para proyectar y gestionar acciones públicas y privadas de alto rendimiento.
Hoy la FIFA cuenta con un total de doscientas once asociaciones nacionales afiliadas. Dieciocho países más que en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se encuentran representados en ese foro, también de alcance global. El presidente actual de la FIFA, Gianni Infantino, lo sabe. Los megaeventos deportivos –como lo es el Mundial FIFA 2026– no son un hallazgo con alcances insospechados.
MASIVIDAD ACOTADA
Ya en el 776 aNE, en Olimpia, ciudad griega, se ofrendaba a Zeus, dios de dioses, con prácticas deportivas masivas de las que, sin embargo, solo podían participar los hombres libres que hablaban griego. La mayor exigencia era, justamente, ser ciudadano de alguna de las ciudades-estado griegas.
Las mujeres no podían participar de los juegos olímpicos de entonces. Las casadas ni siquiera podían concurrir para ver las competencias. Las solteras, sí. A los deportistas no se los categorizaba por algunos indicadores como sus edades o el peso corporal. No. Competían todos juntos, sin distinciones untados sus cuerpos con aceites y arena; y, totalmente desnudos.
Cuando cada cuatro años la realización de los juegos se acercaba, los deportistas comenzaban a trasladarse a Olimpia, donde debían estar un mes antes del inicio de las competencias.
En ese tiempo entrenaban, se aclimataban y eran supervisados por los jueces en todo momento. Los atletas –mayoritariamente provenientes de los sectores aristocráticos– se preparaban para disputar carreras pedestres, combates personales, competencias ecuestres y en el pentatlón, la competencia estrella, que incluía lucha, lanzamiento del disco, salto en largo, carrera y lanzamiento de la jabalina.
Claramente, el deporte –como práctica social– es transversal en la historia de la humanidad. De hecho, en la Antigua Grecia, en el Olimpo, donde habitaban los dioses, Hermes –el mensajero, el “ángelos”, en griego– hijo de Zeus, tenía un lugar de privilegio y, desde esa posición, se lo consideraba el protector, entre otras disciplinas, del atletismo y del pancracio, un antiguo combate gímnico de origen griego y romano que con el paso de los siglos devino hasta nuestros días en lo que se conoce como lucha libre.
Pero Hermes no estaba en soledad. Los Theoi Gymnastikoi –de los que formaba parte junto con Heracles, los Dioscuros Cástor y Póluxa, mellizos; Nike (Victoria) y Agón (Contienda)– también protegían el gimnasio y los juegos. Aunque estos dos últimos, las y los estudiosos suelen sostener que eran “daémones (demonios o ángeles rebelados) menores”.
DIOS DEL COMPAÑERISMO
En ese contexto, Eros –dios del compañerismo que en la modernidad para nada es vinculado con el deporte– frecuentemente era adorado en los gimnasios. Los dioses –desde siempre– estuvieron allí junto al deporte y a los deportistas. De hecho, cuando en el 146 aNE Lucio Mummio ocupó Corinto para que Grecia comenzara a caer y emergiera Roma como hegemón, aquellas prácticas deportivas se mantuvieron como muchas de las prácticas socioculturales griegas (mitos y creencias entre ellas) que influyeron sobre la sociedad romana.
Las deidades griegas fueron de alguna manera adoptadas y adaptadas por los romanos que, en ese proceso de adopción (transculturación) –además de cambiarles los nombres– según coincidentes estudiosos las deshumanizaron, las alejaron de las pasiones humanas y las resignificaron. Y, en ese propósito de producir nuevos sentidos, Zeus dejó de ser el dios de dioses de Grecia. En Roma es Júpiter, en tanto que Cronos, como dios del tiempo y padre de los primeros dioses, fue erigido como Saturno.
En lo que hace al deporte, el griego Hermes quedó atrás… pero no tanto. De alguna manera su equivalente romano era Mercurio como patrón de los atletas. Pero es preciso señalar que, en aquella nueva religiosidad, el dios Sol era el protector de las carreras de carros que, tal vez, eran la práctica deportiva más atractiva y popularizada en la sociedad romana que asumía culturalmente a los deportes desde una perspectiva más afín con las disciplinas militares y los ludi (los juegos públicos) que incluían los combates entre gladiadores.
PAN Y CIRCO
Pero no todos eran vítores para los emperadores, para los políticos, diríamos por estos días. En el 100 dNE, el poeta romano Décimo Junio Juvenal en su “Sátira X” fue crítico con el emperador Marco Ulpio Trajano, a quien responsabilizó por la pérdida de interés del pueblo de Roma en sus deberes cívicos porque solo se preocupan por el trigo gratuito que el imperio distribuía para evitar las hambrunas y por los grandes espectáculos públicos deportivos como las carreras de cuadrigas y las luchas entre gladiadores que se realizaban en el Coliseo.
“Panem et circenses”, escribió Juvenal en “Sátira X” para apuntar críticamente al emperador con esa frase que se repite hasta la actualidad. Las críticas del poeta no alcanzaron. Todo continuó sin cambios hasta que, en el 393 dNE, el emperador Teodosio I, llamado el Grande –después de adoptar el cristianismo como religión oficial del imperio–, prohibió los juegos olímpicos, a los que declaró como una celebración pagana y politeísta.
PROMOCIÓN DE LA PAZ Y LA AMISTAD
Casi sobre el fin del siglo XIX, en 1896 –1503 años después de la prohibición de los juegos olímpicos que decretara el emperador Teodosio I, en Roma– en Atenas los Juegos Olímpicos regresaron. Dos años antes, el 23 de junio, el barón francés Pierre de Coubertin (1863-1937), en la Universidad de la Sorbona, fundó el Comité Olímpico Internacional (COI) para promover la paz y la amistad entre las naciones a través del deporte.
Por entonces, la Segunda Guerra Franco-Dahomeyana (1892-1894) y la Primera Guerra del Rif (1893-1894) preocupaban particularmente a las juventudes europeas en edad de combatir y a sus familias. Con el paso del tiempo nuevos conflictos alejaron al mundo de la paz. La Primera Guerra Sino-Japonesa (1894-1895), la Guerra Hispano-Estadounidense (1898), la Guerra de los Bóers (1899-1902), la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905), las Guerras de los Balcanes (1912-1913) y el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 fueron imparables para las élites epocales.
Tampoco los Juegos Olímpicos en Berlín 1936 fueron suficientes para que Adolf Hitler no iniciara la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), para que no avanzara con el Holocausto o para que el presidente norteamericano Harry Truman (1884-1972) no destruyera las ciudades japonesas de Hiroshima (6/8/1945) y Nagasaki (9/8/1945) con dos bombardeos atómicos. De hecho, los Juegos Olímpicos se suspendieron durante una docena de años como consecuencia de aquella conflagración.
El renacer de los juegos que impulsó De Coubertin no pudo recuperar el espíritu de la Antigua Grecia. La historia recuerda que cuando en Olimpia los deportistas comenzaban con las competencias, simultáneamente se iniciaba la ekecheiria, traducida como “tregua olímpica o sagrada”. Los griegos le decían sí a la paz. En el siglo XX, la modernidad bélica hizo exactamente lo contrario. Los líderes y lideresas de entonces no pudieron, no supieron o no quisieron la ekecheiria. Sesenta millones de personas fueron asesinadas. La llama volvió a encenderse en Londres el 29 de julio de 1948. Se los llamó los Juegos de la Austeridad.
MUNDIAL FIFA 2026 EN NÚMEROS
Desde el jueves pasado –cuando el delantero de la selección nacional de México Raúl Giménez, en el centro mismo del estadio Azteca– pateó oficialmente a Trionda frente a la formación de Sudáfrica, ese particular tipo de balón rueda en dieciséis ciudades ubicadas en Canadá, México y Estados Unidos, los países anfitriones de la vigésimo tercera Copa Mundial de Fútbol 2026.
Trionda, que según sus creadores (Adidas) quiere decir “tres olas”, aunque seguramente se la mencione muy poco durante todo el torneo, será infaltable en los estadios localizados en Vancouver, Toronto, Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Atlanta, Boston, Dallas, Houston, Kansas, Los Ángeles, Miami, Nueva York / Nueva Jersey, Filadelfia, San Francisco y Seattle, donde disputarán la primacía global un total de 1.248 futbolistas integrados a cuarenta y ocho seleccionados participantes del campeonato pertenecientes a la Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia, Ecuador, Paraguay, España, Francia, Alemania, Inglaterra, Portugal, Países Bajos, Bélgica, Suiza, Croacia, Noruega, Escocia, Austria, Bosnia y Herzegovina, Suecia, Turquía, República Checa, Marruecos, Senegal, Ghana, Argelia, Egipto, Cabo Verde, Túnez, Sudáfrica, Costa de Marfil, República Democrática del Congo, Japón, Arabia Saudita, Australia, Corea del Sur, RI de Irán, Catar, Uzbekistán, Jordania, Irak, Panamá, Haití, Curazao y Nueva Zelanda, además de las escuadras que representan a los tres países anfitriones.
Sus disputas serán reglamentariamente controladas por cincuenta y dos árbitros principales (seis de ellos, mujeres), ochenta y ocho asistentes y treinta oficiales de video que habrán de operar en el sistema VAR (Video Assistant Referee-Árbitro Asistente de Vídeo), nucleados en el denominado como Equipo Uno de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA Team One). Se informó además que poco más de cincuenta mil periodistas, comunicadores, comunicadoras, trabajadores y trabajadoras de medios de comunicación (entre quienes se encuentran nuestros compañeros y compañeras de trabajo de Nación Media) se acreditaron para reportar en detalle todo lo que suceda en el Mundial.
En ese contexto, las entidades organizadoras del campeonato que se extenderá oficialmente hasta el domingo 19 de julio (treinta y nueve días) cuando se conozca qué formación se alzará con el triunfo que habrá de ostentar hasta 2030, estiman que unos ochocientos veinticuatro mil empleos de tiempo completo se habrán de crear en México, Canadá y Estados Unidos.
A esos trabajadores y trabajadoras habrán de sumarse unos sesenta y cinco mil cooperantes que se distribuirán en veintitrés áreas concretas, entre las que se encuentran aeropuertos, estadios y hotelería. Fuentes confiables diversas aseguran que el costo total de organizar el Mundial FIFA 2026 se ubica en torno de los 4.200 millones de dólares imputados al que llaman “presupuesto operativo directo” (sedes, arbitrajes, logística en general, etc.) que la FIFA invierte para esta realización.
Los informantes –dentro de un compromiso de discreción respecto de sus identidades porque “todos los datos son estimaciones”– detallan que unos seiscientos sesenta y cinco millones de dólares se distribuirán entre las cuarenta y ocho selecciones clasificadas que se encuentran en competencia. La escuadra triunfante se alzará con un premio de cincuenta millones.
En los tres países anfitriones, los costos para la adecuación de los estadios, las inversiones que se realizaron en diversas obras de infraestructura –principalmente para transportes de todo tipo– y puesta a punto de los recintos auxiliares alcanzará a un monto del orden de los quince mil millones de dólares.
Los que todo lo miden –hasta horas antes de la ceremonia de inicio– coinciden en estimar que el Mundial FIFA 2026 tendrá un impacto económico directo del orden de los cuarenta mil millones y estiman que generará unas ciento ochenta y cinco mil posiciones de trabajo directo e indirecto no solo en los tres países organizadores.