Como en otras ocasiones, la inclemencia climática no fue impedimento para que los fieles cristianos lleguen hasta la Villa Serrana para pagar su promesa o simplemente para dar gracias por los favores o las gracias recibidas.
Desde distintos puntos del país, algunos a pie, otros en colectivo y también en vehículo particular, los fieles católicos llegaron hasta la capital de la fe paraguaya para honrar a la Inmaculada Concepción, más conocida como la Virgen de Caacupé.
Sin distinción de edad ni sexo, los promesereos llegaron, chicos, jóvenes y adultos, todos con fe, la devoción y la esperanza. Para los creyentes, estar junto a la Virgen de Caacupé en este día especial es la mejor manera de agradecer por su bendición en este año que va terminando.
“Es muy emocionante estar junto a ella en este día. Cada uno le agradece y le sirve como puede”, dijo una promesera que llegó desde Misiones, caminando desde el desvío de Piribebuy. Sofía tiene 49 años y viene caminando con sus hijos para agradecer que terminaron los estudios, uno en la universidad y otro del colegio.
Protegidos con paraguas o con pilotonines, la gente llegó en las últimas horas utilizando distintos métodos: a pie, en auto, colectivo, bicicleta, caballo y carreta. Los que llegaron más temprano pudieron descansar algo antes de emprender nuevamente regreso.
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¿Alivia el cuerpo y el espíritu el hecho de ir a misa?
La práctica de rituales religiosos libera sustancias químicas que fortalecen los vínculos sociales e incluso aumentan el umbral de percepción del dolor, según un estudio realizado en Brasil y el Reino Unido. Varias investigaciones demostraron que algunos opioides producidos de forma natural por el organismo, como la betaendorfina, desempeñan un papel fundamental en el apego social de los animales y en las relaciones sociales de los seres humanos adultos.
Estas “sustancias químicas del bienestar” se liberan cuando adoptamos determinados comportamientos, lo que posteriormente contribuye a que nos sintamos unidos a los demás, explica a la AFP Valerie van Mulukom, coautora de un estudio publicado esta semana en Proceedings of the Royal Society B. En los monos esto ocurre especialmente durante las sesiones de acicalamiento, esenciales para la cohesión del grupo. Sin embargo, en las sociedades humanas de gran tamaño, las interacciones cara a cara no bastan para reforzar los lazos sociales entre cientos o incluso miles de personas.
Una teoría del biólogo evolutivo británico Robin Dunbar sostiene que “desarrollamos ciertos comportamientos que nos permiten producir las mismas sustancias químicas que en las interacciones cara a cara, pero a una escala mucho mayor”, destaca Van Mulukom, investigadora en psicología de la universidad Oxford Brookes (Reino Unido).
“Estos comportamientos incluyen moverse de forma sincronizada (realizando espontáneamente los mismos movimientos), cantar juntos, hacer música juntos o saber que compartimos las mismas creencias”, explica.
En este contexto, ella y sus colegas estudiaron los rituales religiosos en 24 investigaciones de campo realizadas con fieles en el Reino Unido y Brasil.
Repetidos cada semana, “los rituales religiosos reúnen todos estos comportamientos. Cuando se asiste a una misa, por ejemplo, todos se levantan al mismo tiempo, rezan juntos, al final se desean mutuamente la paz, escuchan y cantan juntos”, señala la investigadora.
Conectados con Dios
En el Reino Unido, todos los participantes eran cristianos, aunque pertenecían a distintas confesiones (católica, anglicana, metodista y bautista).
En Brasil, los participantes practicaban el culto de la Umbanda, una religión afrobrasileña que combina el espiritismo, danzas y ritmos rituales africanos con oraciones e imágenes católicas.
Los participantes respondieron un cuestionario antes y después del servicio religioso sobre su sentimiento de pertenencia al grupo, que incluía preguntas como: “Pensando en todas las personas presentes, ¿hasta qué punto confía usted en los demás miembros de este grupo?”
Puesto que es imposible medir directamente la producción de opioides sin recurrir a procedimientos invasivos, y dado que estas sustancias actúan como analgésicos, los investigadores utilizaron un método habitual en los estudios experimentales: emplear el umbral del dolor como indicador indirecto.
Para ello, inflaron lentamente un manguito de presión -como los utilizados para medir la presión arterial- alrededor del brazo de cada participante antes y después del servicio religioso, hasta que este indicara sentir una “molestia importante”.
El resultado fue que, tras el ritual, el sentimiento de vínculo social era mayor que antes, al igual que el umbral del dolor. También aumentó ligeramente el afecto positivo (emociones agradables como la alegría, la serenidad y el placer), mientras que el afecto negativo disminuyó.
“Observamos que cuanto más conectadas con Dios se sentían las personas durante el ritual, más les ayudaba a crear vínculos con los demás”, destaca Van Mulukom.
Más allá de las actividades sincronizadas, “hay algo en las creencias que estas personas integran en su identidad que las une con mayor fuerza”, subraya.
“Del mismo modo que, si participo en una manifestación contra los combustibles fósiles porque coincide con mis creencias y mis principios, probablemente me sentiré más unido a los demás manifestantes que en un concierto, aunque en este último seguramente me mueva y cante de manera mucho más sincronizada con el resto”, concluye la investigadora.
Fuente: AFP.
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Una devoción centenaria que convoca a miles de fieles en todo el país
- Fotos: Salesianos Paraguay
Cada 24 de mayo, Paraguay celebra con fervor la festividad de María Auxiliadora, una de las advocaciones marianas más veneradas del territorio nacional y símbolo espiritual estrechamente vinculado a la tradición salesiana.
Esta celebración fue instituida cuando en 1814, el papa Pío VII, prisionero del general Napoleón, prometió a la Virgen que el día que llegara a Roma, en libertad, lo declararía fiesta de María Auxiliadora. Inesperadamente el pontífice quedó libre y llegó a Roma el 24 de mayo, fecha que quedó declarada como Día de María Auxiliadora.
Misas multitudinarias, procesiones, vigilias, karu guasu y serenatas caracterizan una jornada que se ubica entre las celebraciones religiosas de mayor convocatoria del calendario católico paraguayo.
La devoción a esta advocación mariana arribó al país con los primeros misioneros salesianos hace más de un siglo y se consolidó progresivamente tanto en comunidades urbanas como rurales.
La congregación salesiana explica que “la devoción a María Auxiliadora comienza con la venida de los primeros cuatro salesianos el 23 de julio de 1896, quienes fundan el colegio Monseñor Lasagna, con una capilla anexa dedicada a la Virgen”.
LA HISTORIA DEL SANTUARIO
En 1933 se erige la actual parroquia María Auxiliadora con una extensión muy superior a la actual. El conocido P. Domingo Queirolo escribía ya en 1915: “Es intención de todos, pues la necesidad lo manda, construir un espacioso y auténtico santuario en el que se venere dignamente a la bendita Virgen de Don Bosco”, cuya devoción para esa época estaba extendida en las principales poblaciones del Paraguay.
En las décadas del 30, del 40 y del 60 ya se elaboraron varios proyectos para un gran santuario. Se colocaron las piedras fundamentales, pero no pudieron concretarse por la precariedad de la situación política y económica.
Finalmente, en 1971, como compromiso del 75.º aniversario de presencia salesiana en el país, la Inspectoría decide “levantar el Santuario Nacional a María Auxiliadora en Asunción como expresión de gratitud a la Madre de la Congregación; como petición de ayuda en las necesidades materiales y espirituales, y como compromiso de ser mejores religiosos, de trabajar más por las vocaciones y de propagar más intensamente su devoción”.
La edificación comenzó el 24 de mayo de 1980. En 1989 se hace la solemne bendición del nuevo templo por su expárroco, el arzobispo de Asunción Mons. Ismael Rolón.
En el año 1985 se terminó la cúpula del santuario, los vitrales, la electrificación interna, el piso y se habilitó para el oficio diario.
Sobre la cúpula del santuario se erige la estatua de acero del escultor nacional Herman Guggiari de 1.500 kilos sobre el mundo y sobre el mapa del Paraguay. Madre e hijo salpicados de flores, con la paloma de la paz en las manos mirando hacia Asunción.
SEGUNDA CELEBRACIÓN MÁS IMPORTANTE
La festividad es considerada la segunda celebración mariana más importante del Paraguay, superada únicamente por la de la Virgen de Caacupé, patrona nacional.
El santuario de María Auxiliadora constituye el epicentro de los festejos. Miles de fieles concurren anualmente al recinto para participar de una extensa programación litúrgica que se inicia la víspera con vigilias y serenatas, y se extiende durante todo el día central con celebraciones eucarísticas ininterrumpidas hasta las últimas horas de la noche, además de la tradicional procesión náutica.
La convocatoria reúne a personas de todas las edades: estudiantes de instituciones salesianas, familias, exalumnos, movimientos juveniles y devotos procedentes de distintas regiones del país.
RELIGIOSIDAD POPULAR
La festividad se replica, además, en parroquias, capillas y colegios de la red salesiana en el interior. En los departamentos de Alto Paraná y Concepción, la figura de María Auxiliadora ocupa un lugar destacado dentro de la religiosidad popular. En Concepción se erige una de las imágenes más monumentales dedicadas a esta advocación en el país, en tanto que en Alto Paraná es venerada como patrona del agro.
La celebración trasciende el ámbito estrictamente religioso. En numerosas instituciones educativas salesianas se realizan procesiones estudiantiles, festivales artísticos y actividades solidarias enmarcadas en el legado de San Juan Bosco, principal impulsor de esta devoción en el catolicismo mundial.
Con el transcurso de los años, la solemnidad ha mantenido plena vigencia. Las columnas de fieles que ingresan al santuario, las velas encendidas y los cánticos marianos configuran una estampa que se renueva cada año y da cuenta de una tradición profundamente arraigada en la identidad religiosa del pueblo paraguayo.