Pedro Juan Caballero (Emerson Dutra, corresponsal)
La tragedia se registró esta tarde en una vivienda ubicada en el barrio Virgen de Caacupé de la ciudad de Zanja Pytá, distante a unos 10 kilómetros de la ciudad de Pedro Juan Caballero, capital del departamento de Amambay.
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Según los datos policiales, Porfiria Maldonado (40) quedó gravemente herida tras recibir un disparo de escopeta por parte de su concubino, Pablino Salinas (63) quien, tras cometer el intento de feminicidio, tomó la drástica determinación de quitarse la vida, por lo que tomó una cuerda y se colgó de un árbol.
Según refirieron los vecinos, Pablino y Porfiria mantenían constantes discusiones por problemas de índole particular. Era común que el hombre le reclamara a su mujer, incluso delante de extraños.
A tal grado de tensión llegó la relación que durante el fin de semana pasado Porfiria había denunciado a Pablino por violencia doméstica, relató el comisario Blas Moreno, titular de la comisaría de esa localidad de frontera.
Según el informe médico, el disparo impactó a la altura de la cabeza de Porfiria quien, como consecuencia, se encuentra internada en delicado estado en un centro asistencial de la vecina ciudad brasileña de Ponta Porá.
Tras lo acontecido, además de agentes de la Policía Nacional, también acudieron al sitio profesionales de Criminalística, del Cuerpo de Bomberos y también del Ministerio Público.
Luego de finalizados los los trámites de rigor, la Fiscalía autorizó que el cuerpo sin vida de Pablino Salinas fuera entregado a sus familiares para el sepelio, en tanto que Porfiria continúa internada en grave estado.
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Hombre de 28 años, acribillado en su auto en Pedro Juan
Dos personas en una moto interceptaron el vehículo y acribillaron a Roberto Álvarez.
A las 21:00 aproximadamente del pasado sábado Roberto Álvarez Leguizamón, de 28 años, fue asesinado a balazos por dos personas que estaban a bordo de una motocicleta mientras circulaba en su camioneta por la fracción Ciudad Nueva, en Pedro Juan Caballero.
Tras ser trasladado a la clínica privada Viva Vida por su hermano, se confirmó su fallecimiento, mientras las autoridades investigan el hecho presuntamente perpetrado con un arma calibre 9 milímetros.
Según los datos policiales, las dos personas que circulaban a bordo de un biciclo interceptaron a la víctima y efectuaron varios disparos contra la humanidad de Álvarez Leguizamón. El joven fue auxiliado, pero ya desde un centro asistencial confirmaron su fallecimiento.
Los intervinientes presumen que se utilizó un arma de fuego calibre 9 milímetros y levantaron evidencias en el lugar del atentado. Agentes de Investigación de Delitos, Homicidios y Criminalística trabajan para identificara los responsables y esclarecer el crimen.
Igualmente, el Ministerio Público intervino en el caso y está investigando el suceso para tratar de llegar hasta los responsables del sicariato en la zon Juan Caballero.
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Una mujer sufrió 14 puñaladas y está grave
Un brutal intento de feminicidio se registró ayer en Limpio, donde una mujer de 63 años fue gravemente herida con un arma blanca en el interior de su vivienda, recibiendo unas 14 puñaladas. El presunto agresor, su exmarido, contaba con una orden de captura pendiente por violencia familiar emitida en 2025.
El hombre, identificado como Miguel Ángel Romero, de 49 años, fue detenido en horas de la tarde de ayer en Capiatá.
El hecho se registró durante la mañana de este sábado en una residencia ubicada en la compañía Villa Jardín. La agresión ocurrió en presencia del hijo mayor de la pareja, quien intervino rápidamente para socorrer a su madre y trasladarla a un centro asistencial.
La víctima fue identificada como Rosi Ramona Pinho Gire, de 63 años. Según el relato, mantuvo una fuerte discusión con su expareja, quien desenfundó un arma blanca y le propinó 14 puñaladas en diversas partes del cuerpo.
La mujer recibió las primeras atenciones de urgencia en el Hospital Distrital de Limpio y, debido a la gravedad de las heridas, fue derivada de urgencia al Hospital de Trauma, donde se debate entre la vida y la muerte.
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Sufrió 14 puñaladas: mujer está en estado crítico tras intento de feminicidio en Limpio
Un brutal intento de feminicidio conmocionó este sábado a la ciudad de Limpio, donde una mujer de 63 años fue gravemente herida con un arma blanca en el interior de su vivienda, recibiendo unas 14 puñaladas. El presunto agresor, su exmarido, contaba con una orden de captura pendiente por violencia familiar y actualmente es buscado intensamente por las fuerzas de seguridad.
El hecho se registró durante la mañana en una residencia ubicada en la compañía Villa Jardín. La agresión ocurrió en presencia del hijo mayor de la pareja, quien intervino rápidamente para socorrer a su madre y coordinar su inmediato traslado a un centro asistencial.
La víctima fue identificada como Rosi Ramona Pinho Gire, de 63 años, quien se encontraba en su domicilio cuando irrumpió su expareja, Miguel Ángel Romero, de 49 años. Tras mantener una fuerte discusión, el hombre desenfundó un arma blanca y le propinó 14 puñaladas en diversas partes del cuerpo.
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Debido a la severidad del ataque, la mujer recibió las primeras atenciones de urgencia en el Hospital Distrital de Limpio, pero ante la extrema gravedad de las estocadas, principalmente concentradas en el tórax, fue derivada de urgencia al Hospital de Trauma en Asunción, donde se debate entre la vida y la muerte.
Por su parte, la Policía Nacional confirmó que Romero violó la orden de restricción y su estado de rebeldía judicial tras denuncias previas formuladas por la propia víctima. Tras cometer el atentado, el sospechoso se dio a la fuga y las autoridades mantienen desplegados varios operativos para lograr su localización y captura.
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Prevenir exige mirar las condiciones de vida
- SEMA Centro Psicológico
- Psi con Ciencia
- Foto: Gentileza
La conducta suicida no puede explicarse por una ruptura, una deuda, un diagnóstico o una discusión aislada. Comprender su complejidad permite prevenir sin culpar y construir respuestas que incluyan a familias, servicios, instituciones y políticas públicas.
Después de una muerte por suicidio aparece una pregunta dolorosa: ¿por qué? La mente busca una explicación que ordene lo ocurrido. A veces encuentra un hecho cercano –una separación, una dificultad económica, un conflicto familiar, una sanción– y lo convierte en causa total. Esa respuesta puede parecer sencilla, pero rara vez es fiel a la complejidad de una vida.
La investigación contemporánea comprende la conducta suicida como un fenómeno multicausal. Pueden intervenir sufrimiento psicológico, trastornos mentales, dolor físico, experiencias traumáticas, consumo problemático de sustancias, aislamiento, violencia, discriminación, pérdidas, acceso insuficiente a cuidados, problemas económicos y otros factores. La combinación y el peso de esos elementos varían de una persona a otra y también cambian con el tiempo.
Hablar de factores de riesgo no significa afirmar un destino. La mayoría de las personas que atraviesan una ruptura, una deuda, una depresión o una crisis laboral no mueren por suicidio. Un factor de riesgo indica una asociación o una mayor probabilidad en determinados grupos; no permite predecir con certeza lo que hará una persona concreta.
Cuando reducimos lo ocurrido a “fue por su pareja”, “fue por el trabajo” o “fue porque no pidió ayuda”, colocamos sobre alguien una responsabilidad que la evidencia no permite establecer. También podemos dañar a familiares, compañeros o profesionales que ya atraviesan un duelo complejo.
La prevención necesita revisar hechos y responsabilidades reales cuando corresponda –por ejemplo, situaciones de violencia, acoso o fallas institucionales–, pero esa investigación debe ser seria y no convertirse en una sentencia pública construida desde rumores. Reconocer la multicausalidad no significa negar el contexto; significa analizarlo sin simplificaciones.
Tampoco conviene explicar el suicidio como resultado inevitable de un diagnóstico. Los trastornos mentales pueden aumentar el riesgo en algunas personas, pero no equivalen a una condena. Existen tratamientos eficaces para numerosos problemas de salud mental, y muchas personas se recuperan o aprenden a vivir con apoyo y sentido. El estigma puede alejar a quienes necesitan consultar.
CONDICIONES SOCIALES
La prevención suele centrarse en identificar a individuos en crisis, una tarea indispensable. Sin embargo, la evidencia también señala el papel de los determinantes sociales: ingresos, empleo, vivienda, acceso a salud, educación, discriminación, violencia, cohesión comunitaria y disponibilidad de apoyo.
La conducta suicida no puede explicarse por una ruptura, una deuda, un diagnóstico o una discusión aislada. Comprender su complejidad permite prevenir sin culpar y construir respuestas que incluyan a familias, servicios, instituciones y políticas públicas.
El mensaje no es que una variable social explique por sí sola cada muerte, sino que las políticas estatales y entornos pueden aumentar o disminuir oportunidades de protección.
Por eso, prevenir también es facilitar el acceso oportuno a atención, reducir barreras económicas y geográficas, responder a la violencia, cuidar a personas desempleadas o endeudadas, limitar el consumo problemático, fortalecer redes y construir instituciones capaces de detectar sufrimiento sin castigar a quien lo expresa.
RESPONSABILIDAD COMPARTIDA
La prevención integral puede pensarse en varios niveles. En el nivel personal, importa reconocer cambios, pedir ayuda, recibir evaluación y contar con un plan de seguridad. En el nivel relacional, son claves la escucha, el acompañamiento y el seguimiento. En escuelas y lugares de trabajo, se necesitan implementar protocolos como guías de actuación, rutas de derivación, confidencialidad y formación básica para referentes. En el sistema de salud, hace falta servicios accesibles, continuidad del cuidado y coordinación de urgencias. En el nivel social, influyen las políticas de protección, la comunicación responsable y la reducción de desigualdades.
Ningún nivel sustituye al otro. Pedir a una persona que sea resiliente, sin modificar un entorno violento o inaccesible, puede convertirse en una nueva forma de culpa. Del mismo modo, mejorar una política pública no elimina la necesidad de una atención individual sensible. La prevención funciona cuando las capas se conectan.
INSTITUCIONES
Una escuela, universidad, empresa, iglesia, club o asociación puede prepararse antes de una crisis. El primer paso es definir a quién acudir y cómo derivar. El segundo es capacitar a referentes para reconocer señales y preguntar sin juzgar. El tercero es proteger la confidencialidad y evitar intervenciones improvisadas. El cuarto es prever seguimiento, porque una derivación sin continuidad puede dejar a la persona nuevamente sola.
Los protocolos deben incluir qué hacer ante riesgo inmediato, cómo contactar a la familia cuando corresponda, qué servicios locales están disponibles y cómo cuidar al equipo interviniente. También deben contemplar la posvención: la respuesta organizada después de un intento o una muerte por suicidio para apoyar a las personas afectadas y prevenir nuevos daños.
COMPRENSIÓN
La explicación multicausal nos ayuda a cambiar la pregunta. En lugar de ¿qué le faltó? podemos preguntar ¿qué sufrimientos se acumularon?, ¿qué barreras impidieron recibir ayuda?, ¿qué apoyos estaban presentes y cuáles faltaron? y ¿qué podemos mejorar como familia, institución y comunidad?
Estas preguntas no borran la responsabilidad personal ni convierten todo sufrimiento en un problema del Estado. Permiten reconocer que la conducta humana se construye en interacción con vínculos y contextos. Una comunidad preventiva no espera una señal perfecta: facilita conversaciones, reduce estigmas y dispone caminos de ayuda conocidos.
Decir que el suicidio es prevenible no significa que todas las muertes puedan anticiparse ni que una familia haya fallado si no pudo hacerlo. Significa que existen intervenciones individuales, comunitarias y sociales capaces de reducir riesgos y aumentar protección. La prevención trabaja con probabilidades, oportunidades y redes.
Cuando dejamos de buscar una causa única, también dejamos de buscar un único culpable. Podemos orientar la energía hacia una tarea más humana: escuchar mejor, ampliar el acceso a cuidados, sostener a quienes están en crisis y construir condiciones de vida en las que pedir ayuda sea posible.