En el marco de la celebración a Santa Clara; patrona de las lavanderas y costureras, desde el Hospital de Clínicas recordaron la loable labor del personal del departamento de lavandería y costura del nosocomio, destacando el invaluable aporte que brindan para la óptima calidad de los servicios hospitalarios.
Esta área cuenta actualmente con 40 funcionarios, de los cuales 7 son costureras y 33 son personal de lavandería, los mismos trabajan de lunes a domingo en turnos de mañana y tarde, de 06:00 a 18:00 horas, logrando así una dinámica de trabajo constante que permite garantizar la limpieza de todas las prendas necesarias.
En el Hospital de Clínicas por día se lavan 1.400 kilos de prendas varias, y se confeccionan prendas específicas para las áreas quirúrgicas, así como para las salas de internaciones y otros espacios que contienen pedidos especiales y detallados.
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Cabe recordar que con la pandemia, el trabajo realizado por el departamento se duplicó con la confección de prendas para el área de contingencia respiratoria, como las cofias, tapabocas, chalecos descartables, además de todos los pedidos que normalmente son preparados para las distintas salas del hospital.
Ante aquella exigencia y a la vista de la necesidad de que se mejore aún más el rendimiento de este departamento, el decano Mgtr. Prof. Dr. Osmar Cuenca Torres había inaugurado en el 2023 mejoras en el área la obra. Este comprendió trabajos de mejoramiento edilicio y de equipamientos, cambio de pisos, mejora de los desagües de máquinas centrifugadoras y de las máquinas lavarropas y secadoras, además se refaccionó todo el sistema eléctrico, de refrigeración y ventilación mecánica.
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IPS: consiguen los fondos para reparar las máquinas de lavandería del Hospital Central
El presidente del Instituto de Previsión Social (IPS), Isaías Fretes, informó este miércoles que lograron conseguir un financiamiento de G. 700 millones para reparar las máquinas de lavandería del Hospital Central que estaban averiadas. “Se hizo un gerenciamiento y conseguimos la plata para hacer arreglar la lavandería”, manifestó ante los distintos medios de prensa.
La gerente de Abastecimiento y Logística, Cecilia Rodríguez, precisó que se hará el mantenimiento a dos centrifugadoras y varias secadoras, estimando que la lavandería volverá a su plena operatividad en 3 meses.
Las autoridades aseguraron que se monitoreará de forma mensual el estado de los equipos de manera a evitar que vuelvan a “caer”, atendiendo a que los aparatos fueron adquiridos en el año 2017 y tienen una vida útil de 20 años.
“Encontramos una enorme irregularidad que nunca debió haber pasado. Es inadmisible que la institución encargada de la salud de sus asegurados exponga a su personal a condiciones laborales inadecuadas”, cuestionó Fretes.
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En ese sentido, el titular de la previsional defendió al personal de lavandería en relación a la falta de mantenimiento de los equipos y responsabilizó a los directivos. “Los administradores de turno son los culpables, no los lavanderos, que no le daban la importancia al área y no tenían la sensibilidad social para responder a su personal”, sentenció el doctor Fretes.
Por otro lado, el médico confirmó que su administración contará con el apoyo de cinco economistas, quienes se encargarán de buscar una salida a la crisis económica que enfrenta el Instituto de Previsión Social. “Paraguayos de bien que encontraron transparencia en esta nueva administración y hoy al mediodía van a estar quemando neuronas para ver cómo salimos de este atolladero”, apuntó.
Asimismo, apeló a la paciencia ante los constantes reclamos que recibe de parte de los asegurados. “Demasiadas cosas que solucionar todavía. Lastimosamente, yo no puedo manejar la ansiedad del asegurado que viene sufriendo desde hace demasiado tiempo y exige”, indicó.
Finalmente, pidió trabajar juntos para superar esta situación. “Solamente si todos trabajamos juntos y sin intereses de por medio vamos a poder lograr quitar a esta valiosa institución adelante”, subrayó.
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Presentan libro con imágenes del antiguo Hospital de Clínicas
Teresita Noemí González presentará su primer fotolibro, bajo el título de “Hospital de Caridad”, un emotivo recorrido en imágenes del antiguo Hospital de Clínicas. El lanzamiento se llevará a cabo el martes 19 de mayo a las 11:00 en el Centro Cultural de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción - UNA (sede del antiguo Hospital de Clínicas), en avenida Dr. Montero y Dr. Mazzei.
La presentación de la obra estará a cargo de Javier Medina Verdolini y Jorge Sáenz prestigiosos maestros de fotografía de nuestro medio. La obra fue realizada entre los años 2007 y 2014, retratando en imágenes la vida cotidiana del antiguo nosocomio, la mudanza acaecida en el 2012, el abandono temporal y su posterior transformación en Museo Hospital de Clínicas (hoy Centro Cultural de la FCM-UNA). La entrada es libre y gratuita.
Con el respaldo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fondec), el proyecto busca dejar un registro visual del antiguo Clínicas a la comunidad artística, cultural y ciudadanía en general, además fomentar la valoración de la memoria histórica acerca de un sitio tan emblemático para nuestro país.
Dentro del proyecto, se contempla una serie de donaciones de dicho fotolibro a varias instituciones y estamentos como el Centro Cultural de la Facultad de Ciencias Médicas, el Centro de estudiantes de Medicina, la biblioteca de la Manzana de la Rivera, el Archivo Nacional y otros, a fin de acercar el material a la mayor cantidad de personas.
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Hospital de Clínicas: verificarán presunta precariedad en insumos y atención médica
La Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) anunció que se realizará una verificación en su Hospital de Clínicas ante publicaciones periodísticas sobre presuntas carencias de insumos básicos y precariedad en la atención del centro asistencial ubicado en la ciudad de San Lorenzo.
A través de la Dirección Asistencial se emitió un comunicado, ayer viernes, que puntualiza: “Se han dispuesto las verificaciones pertinentes en las áreas mencionadas, a fin de constatar los hechos señalados, identificar necesidades críticas y adoptar las medidas que correspondan”.
“Como hospital escuela de la Facultad de Ciencias Médicas (UNA) y centro de referencia nacional de alta complejidad, el Hospital de Clínicas enfrenta una demanda asistencial creciente que, a menudo, excede la capacidad presupuestaria disponible, generando una presión constante sobre la operatividad de los servicios. La provisión de medicamentos e insumos está supeditada a la disponibilidad de los mismos”, agrega.
Asimismo, la Facultad señala que el abastecimiento de insumos, medicamentos y recursos de apoyo se encuentra sujeto a procesos administrativos, logísticos y presupuestarios que exceden en muchos casos la capacidad resolutiva inmediata de la Institución.
“En relación con las manifestaciones atribuidas a funcionarios o personal vinculado a la institución (tercerizado), hasta la fecha esta Dirección no ha recibido ninguna denuncia formal específica en los términos difundidos públicamente”, aclara, en otro pasaje, la entidad universitaria médica.
“No obstante, se ha dispuesto igualmente la revisión administrativa de los hechos mencionados. La Dirección General Asistencial reafirma su compromiso con la continuidad de la atención, la protección del acto asistencial, la verificación seria de toda denuncia y la gestión activa de soluciones frente a las contingencias operativas”, concluye el comunicado.
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En el país de las paradojas, ¿a quién protege la Policía?
- Por Aníbal Saucedo Rodas
- Periodista, docente y político
El Hospital de Clínicas fue un símbolo de la resistencia a la dictadura de Alfredo Stroessner. Al sindicato de enfermeras y trabajadores se habían sumado médicos y estudiantes de la Facultad de Medicina, de la Universidad Nacional de Asunción para una movilización popular cuya magnitud no registraba la historia de las dos últimas décadas. Exigían mayor presupuesto y la libertad de sus compañeros presos por orden superior. Corrían los meses de abril y mayo de 1986. Los vecinos –eufóricos– salían a aplaudir y pasar agua a los manifestantes. Habían derrotado a su peor enemigo: el miedo. En los días siguientes la represión recrudeció. Los organismos de seguridad habían cercado el viejo nosocomio que era refugio de los pobres.
Desde ahí, quienes habían optado por permanecer dentro de sus derruidas paredes, convocaron a una conferencia de prensa. Tuvimos que dejar el vehículo del diario a varias cuadras e ingresar caminando. Ya en el lugar, la Policía nos obliga a permanecer, con los demás periodistas, pegados a una muralla. Minutos después, con gritos desaforados y arrastrando gruesas cadenas, entraba el “pelotón” de la Chacarita comandado por Ramón Aquino, el “moderador” de la Universidad Católica. Mientras nosotros éramos “protegidos” de la furia de los atracadores, sus alcoholizados integrantes empezaron a recorrer el hospital rompiendo todo a su paso. Hasta que el doctor Jacques Balanzá sale a enfrentarlos y los increpa con la dureza de un valiente y la integridad de un caballero. Atónito, el “comandante” de la horda decide abandonar el lugar. Afuera, el oficial a cargo del operativo hacía su trabajo. Todos los fotógrafos debían entregar los rollos de sus cámaras. Los menos jóvenes sabrán de lo que hablo. No había que dejar evidencia gráfica de la barbarie. Pero Jorge Adorno no era un simple fotógrafo. Tenía alma de sagaz periodista. Igual que los demás, cumplió con la orden. Solo que ya tenía en el bolsillo las primeras tomas de un primer rollo. Y fue tapa.
Esa sensación de rara paradoja volví a sentir en estos días. De policías que protegen a las personas equivocadas. Pensé que podría tratarse de un hecho anecdótico y lo dejé pasar. Hasta que la escritora y periodista Milia Gayoso experimentó una frustración similar. Y se pregunta: “¿Quién nos protege de quienes deberían protegernos?”. Relata que un domingo, pasadas las 16:00, con su hija y sus nietos pequeños (6, 3 y 1 año), iban hasta la Biblioteca del Congreso Nacional, donde se desarrollaba una feria de libros. “Una cuadra después de la llamada Curva de la Muerte (Mariscal López y Santa Teresa) suenan sirenas y dos jóvenes con camisetas del club Olimpia, montados en motos, se adelantan y hacen la señal de que circulemos más rápido. Mi hija continuó manejando a velocidad normal, por la derecha, dando paso a quien fuera que estuviera viniendo apurado detrás nuestro. En eso, se acercan dos oficiales de Policía en una moto, nos pasan rozando, y uno de ellos golpea tan fuerte la camioneta, que todos nos asustamos pensando que chocamos. En especial los niños”.
Y la colega vuelve a preguntarse: “¿Qué estaba pasando?”. Y ella misma se responde: “No venía una ambulancia, ni el presidente de la República: pretendían que ‘volemos’, porque detrás venía el colectivo que trasportaba a los jugadores de Olimpia. Dejarles libre la vía rápida (el carril izquierdo) no era suficiente. ¿Es potestad de la Policía golpear el vehículo de un ciudadano para dar paso a un plantel de fútbol?”. Ahí quisiera realizar un subrayado especial. No creo que haya sido un bus de jugadores, sino de barrabravas, porque hace poco –repito– viví una situación similar, pero con hinchas del “Ciclón”.
Faltaba menos de media hora para que se jugara el partido en “La Nueva Olla”. Yo circulaba por la avenida Fernando de la Mora. Al llegar al cruce de Bartolomé de las Casas, dos colectivos rebosando de hinchas (algunos sentados en las ventanillas) ya venían a mi costado, de contramano. Frente a un conocido local de venta de pollos al espiedo, aguardaban dos patrulleras y dos motos con policías. A partir de ese lugar, ya con “escolta oficial”, fueron cruzando semáforos en luz roja como alma que lleva el diablo, es decir, a una imprudente velocidad. La caravana, con ayuda policial, giró en un lugar prohibido, sobre General Santos. En cada semáforo cerraban las bocacalles transversales para que los colectivos circularan libremente. Ni que fuera el presidente de la República o una ambulancia, como diría Milia. Luego continuaron por Félix Bogado hasta una estación de servicio, desde donde los hinchas fueron caminando, casi seguro, con entradas ya en manos. La interrogante se impone necesaria: ¿Se trata de un operativo que cuenta con la anuencia de los superiores o es solo una iniciativa de algunos comisarios zonales?
Soy plenamente consciente de que existen problemas más graves en nuestro país, pero también hay que evitar algunos vicios que, de tanto repetirse, vamos normalizándolos en nuestra vivencia cotidiana. Además, el nombre de los buenos policías merece ser resguardado. Algunos son amigos, ya que estamos, que honran el servicio. Buen provecho.