Monseñor Ricardo Valenzuela: dejó la medicina para convertirse en sacerdote
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A días de vivir nuevamente las festividades de Caacupé, capital espiritual de nuestro país, hoy conocemos un poco más acerca de los inicios de monseñor Ricardo Valenzuela a través del programa “Desde la de”, emitido por canal GEN.
Es el mayor de 3 hermanos, hijo de padre militar y madre ama de casa, a quien le gustaba mucho la justicia, monseñor habló sobre su historia y cómo pasó de ser estudiante de medicina a iniciar en el mundo del seminario. Si bien mencionó que sus padres ya fallecieron, comentó que en aquella época vivían en la aviación militar, en la Fuerza Aérea y lo hicieron durante 13 años.
“Me crié en un cuartel, prácticamente hice todo mi servicio militar ahí también, era el estilo de la época. Fui creciendo y cuando llegó el momento de tomar una decisión y pensar en alguna carrera, mi papá quería que yo sea militar como él, mamá quería que sea abogado para defender a los pobres y yo quería ser médico. Desde muy jovencito veía la acción que tenían los médicos, en su entrega generosa y cómo tanta gente les agradecía”, empezó contando.
Ante la aparición de un debate familiar, también surgió una sutil rebelión, ya que él no quería ser militar. Finalmente, después de debatir mucho y cuando ya estaba terminando el sexto curso de aquel tiempo, ganó la batalla y estudió medicina.
“Después de pelearnos casi 3 años, perseveré porque me gustaba. Como tengo parientes en Corrientes, hermanos y hermanas de mi papá que eran argentinos, mi papá era el único paraguayo que nació acá y se quedó. Mi abuela también se mudó a Argentina, muy barato era todo cuando eso. Se consiguió para ir a estudiar en la reciente, pero muy querida y famosa Universidad Nacional del Nordeste, en donde recibían a 600 jóvenes para estudiar, y fui a estudiar ahí. Fue en el segundo curso, después de entablar la relación con los cadáveres en la morgue, al ver cadáveres de jovencitos, me impactó y uno se interroga”, resaltó.
El capataz de la morgue le dijo que esos eran cuerpos que nadie reclamaba, por lo que daban a los estudiantes de medicina para estudiar y eso le impactó aún más porque se supone que uno tiene que recibir cristiana sepultura, era lo que él conocía.
“Iba pensando poco a poco y llegó el día en que Dios me puso la prueba. Me impactó trabajar con los cuerpos de la morgue”, confesó, y luego de una ocasión en que ayudó a un doctor a trabajar con un cadáver, se encontró cara a cara con una situación: esa noche le costó dormir porque tenía la sensación de que le iba a venir el espíritu a reclamar lo que había hecho con él.
“A partir de ahí comenzó para mí una reflexión profunda acerca de la vida, ¿Dónde estará el espíritu, su alma, quién le va a recordar? Comenzó a trabajarme fuerte y empecé a recordarme de Dios, me iba a la parroquia y me ponía a rezar. Esa oración me hacía ir entrando en un ámbito nuevo, me gustaba rezar más y me recordaba de los cadáveres”, refirió. Monseñor relató que en unas vacaciones que estuvo en Asunción sintió una sensación, como una voz que le decía “Ricardo, bajate aquí y andate junto a las hermanas Carmelitas”, a lo que él decidió hacer lo que sentía.
El día de su ordenación sacerdotal, Valenzuela tuvo la reconciliación con su papá. Foto: Jorge Jara.
“Me bajé y fui a visitarles, me atiende la hermana y le cuento mi inquietud, mi situación espiritual y lo primero que me dijo fue ‘¿no será que Dios te está llamando para ser su sacerdote?’, no esperaba yo una respuesta así, me quedé shockeado, algo tan sagrado y no sabía qué decirle. Me aconsejó ir a hablar con un sacerdote que estaba ahí cerca, de la parroquia de los Sagrados Corazones”.
Se tomó unos 15 días para procesar lo sucedido y al ir a hablar con el sacerdote, Valenzuela le contó que él tenía una novia. Después el padre me aconsejó poco y me habló de un cuentito, me dijo que tenía que decidir. Después de mucho pensar, llegué a la conclusión de que no puedo hacer un juicio sobre algo que no conozco. Tener una novia sabía lo que era, pero la experiencia del seminario no, por lo que su conclusión fue que debía ir a experimentar la vida en el seminario para saber si era o no su vocación.
Tomó la decisión y habló con su novia acerca de la situación, se dieron una pausa. Luego llegó el momento de comunicar a sus padres, primero acudió a su mamá, por la cercanía y confianza que existía con ella, ya que a su papá más que respeto, le tenía temor.
“Mirá che ra’a vos andás pensando en cosas de beatería y yo te voy a fusilar a vos, te aviso ya”, fue lo que le dijo su papá. Llegaba el tiempo en que tenía que presentarse al seminario y tras extender los días de hablar con papá, justo la siesta que le iba a contar, este no se fue a almorzar. Entonces le pidió a su mamá que ella le cuente acerca de su decisión de dejar la carrera de Medicina para entrar al seminario. Así lo hizo y su papá se enfureció, dijo que no quería saber más nada de él.
“Yo iba a escondidas a visitar a mamá y pasaron los años, hasta que un día tuvimos un encuentro sorpresivo en la sala de casa. Poco a poco fui haciendo camino. A él le costó un poco el hecho de que un militar tenga un hijo sacerdote, pero después fuimos hablando poco a poco y el día de mi ordenación sacerdotal nos reconciliamos”, recordó.
Manifestó que por primera vez se abrazaron y fue en el momento del saludo de la paz, un momento muy emotivo. “Mamá estaba feliz y yo también le noté a papá muy contento. Me sentí muy contento porque era una reconciliación. Fue así como permanecí y llegué a la meta, al sacerdocio”, relató monseñor.
El Tribunal de Apelación de Caacupé confirmó la condena de 40 años de cárcel para Víctor Cantero, culpable por el feminicidio de María Ramona Cardozo. Foto: Archivo
Ratifican condena de 40 años de prisión para el autor del feminicidio de María Ramona Cardozo
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La Cámara de Apelación de Cordillera ratificó la condena de 40 años de cárcel (30 años de prisión más 10 años como medida de seguridad) para Víctor Cantero, hallado culpable por el feminicidio de María Ramona Cardozo y el aborto provocado tras su homicidio. Los camaristas, Segundo Ibarra, Mirta Susana Granado y Carlos Cabriza decidieron rechazar el recurso de apelación planteado por la defensa, por lo que la sentencia fue confirmada.
Ahora la defensa del condenado tiene la posibilidad de recurrir a la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia; serán los ministros de dicha sala quienes tendrán la última palabra para resolver si corresponde confirmar la sentencia condenatoria.
El fiscal de Caacupé, Gedeón Escobar, fue quien arrimó todos los elementos de prueba para lograr la pena de 40 años de cárcel para Cantero Sánchez. El crimen se registró en la Villa Serrana y tuvo como víctima a la pareja del condenado, quien cursaba un embarazo de siete meses.
En primera instancia, el Tribunal de Sentencia, presidido por la jueza Ángela Jara e integrado por los magistrados Cristel Müller de Peralta y Augusto Acuña, condenó al hombre a la pena máxima tras comprobar su responsabilidad en la muerte de la mujer.
De acuerdo con los antecedentes, el cuerpo de la víctima fue hallado calcinado y desmembrado en una zona del cerro Cristo Rey de Caacupé. María Ramona y Víctor Cantero mantenían una relación desde el 2016, pese a que él convivía con otra mujer. El embarazo de la víctima habría detonado el ataque fatal.
Conforme a la investigación, el condenado cometió el hecho debido a que mantenía una nueva relación sentimental y no deseaba que la víctima continuara interfiriendo en su vida.
La mujer fue reportada como desaparecida por sus familiares el 2 de julio de 2023, luego de no regresar a su vivienda ubicada en la ciudad de Altos. Tras varios días de búsqueda, sus restos fueron finalmente localizados en el cerro Cristo Rey como resultado de un minucioso trabajo investigativo que incluyó declaraciones testificales, análisis de imágenes de circuito cerrado y el estudio del tráfico de datos de las líneas telefónicas utilizadas por los involucrados.
San Joaquín apuesta al turismo para diversificar su economía
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Situada a 242 kilómetros de Asunción, a orillas del arroyo Piri Poty, San Joaquín empieza a abrirse paso como un nuevo destino turístico en el departamento de Caaguazú, con una apuesta clara, convertir su riqueza natural e histórica en una oportunidad económica para su gente.
Así lo explicó a La Nación/Nación Media, la secretaria de Turismo departamental, Romina Zacarías, quien destacó que el distrito, tradicionalmente agrícola, busca hoy diversificar su desarrollo a través del turismo.
La base económica de San Joaquín sigue siendo el trabajo en el campo. La agricultura, la ganadería, así como la producción avícola y porcina, sostienen a gran parte de la población. Sin embargo, el distrito comienza a mirar más allá de su matriz productiva tradicional.
“Los pobladores trabajan la tierra, pero hoy se está proyectando como un destino turístico”, señaló Zacarías, al explicar el giro que se busca impulsar en la zona.
Uno de los principales puntos de interés es la iglesia de adobe de San Joaquín y Santa Ana. Foto: Archivo
Atractivos
Este cambio no es casual. San Joaquín cuenta con atractivos que combinan historia, cultura y naturaleza, lo que lo posiciona como una opción diferente dentro del turismo interno. Uno de los principales puntos de interés es la iglesia de adobe de San Joaquín y Santa Ana, restaurada recientemente por la Secretaría Nacional de Cultura.
Se trata de una construcción con más de 200 años de historia, cuyo interior conserva un retablo con reminiscencias jesuíticas, reflejo del pasado del distrito como parte de las antiguas reducciones.
A este valor histórico se suma el cerro de San Joaquín, que ofrece una vista panorámica única de la zona. Actualmente, el lugar está en proceso de puesta en valor con la reinstalación de su mirador.
La comunidad local se ha organizado para mejorar el acceso, incluyendo la instalación de una escalera y una nueva cruz, que será elaborada por el escultor Hugo Pistilli. Esta participación ciudadana muestra cómo el turismo también genera identidad y compromiso local, indicó la secretaria de Turismo.
El entorno natural es otro de los grandes diferenciales. Los paisajes que rodean a San Joaquín, especialmente en el trayecto desde la ciudad de Simón Bolívar, ofrecen vistas de cerros y vegetación que se convierten en un atractivo en sí mismo. A esto se suma el Salto Virgen del Carmen, un sitio ideal para quienes buscan experiencias al aire libre, con opciones de camping y contacto directo con la naturaleza.
El entorno natural es otro de los grandes diferenciales. Foto: ElRecorrido
Hospedajes
En cuanto a infraestructura, el desarrollo aún es incipiente. Actualmente, el distrito cuenta con dos hospedajes y espacios para acampar, mientras que la oferta de alojamiento se complementa con ciudades cercanas como Coronel Oviedo, Simón Bolívar y Cecilio Báez. “Desde Coronel Oviedo, por ejemplo, el acceso toma aproximadamente 80 minutos, lo que permite articular circuitos turísticos en la zona”, señaló.
Zacarías explicó que uno de los desafíos es justamente fortalecer la hospitalidad. En esa línea, se realizaron capacitaciones con apoyo de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur), buscando mejorar la calidad de los servicios y preparar al distrito para recibir más visitantes. Reiteró que el objetivo es que el turismo se convierta en una nueva fuente de empleo y dinamismo económico.
“A medida que se desarrolla el turismo, se busca generar nuevas fuentes de trabajo”, indicó, destacando que esta actividad puede complementar los ingresos de las familias, sin reemplazar su vínculo con la producción.
Entre los atractivos de la ciudad se encuentra el Salto Virgen del Carmen. Foto: Gentileza
El departamento
A nivel departamental, Caaguazú también muestra un perfil económico diverso. La industria y la producción agrícola son los principales motores, con rubros como el tomate y la cebolla que abastecen al mercado nacional, incluso programas como Hambre Cero. A esto se suma la producción de banana en distritos como Tembiaporã, que ya alcanza mercados internacionales.
En paralelo, el turismo empieza a consolidarse como un eje estratégico. El departamento impulsa el plan Caaguazú Rape, bajo la marca “Disfrutar Caaguazú histórico y natural”, con acciones en los 22 distritos para posicionar sus atractivos. Actualmente, siete destinos ya están en proceso de desarrollo turístico.
Entre ellos destacan parques temáticos como Aqualandia Delfines Park, experiencias rurales como el tour de la miel en San José, espacios naturales como el lago La O en Raúl Arsenio Oviedo y propuestas recreativas en Mariscal López. Coronel Oviedo, por su parte, se posiciona como un centro de eventos, lo que también aporta al movimiento económico del sector.
Aunque el desarrollo turístico aún es inicial, las autoridades ven en este sector una oportunidad concreta. San Joaquín, con su mezcla de historia, naturaleza y participación comunitaria, se perfila como uno de los puntos clave en ese proceso, apostando a que el turismo no solo atraiga visitantes, sino también genere ingresos y oportunidades para su gente.
Con la bendición de palmas inicia hoy la Semana Santa
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Con la bendición de palmas, la Iglesia católica inicia hoy la Semana Santa. La palma del Domingo de Ramos simboliza la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.
La misa central en la basílica santuario de Caacupé este domingo comenzó con una procesión y la representación teatral de la pasión y muerte de Jesús.
Representación teatralizada de la pasión y muerte de Jesús. Foto: Gentileza
En la homilía, monseñor Ricardo Valenzuela centró su reflexión en el camino que lleva esta semana a la pascua y resurrección, así como el momento que pasamos como sociedad en la actualidad.
En ese sentido, hizo especial énfasis a Noelia Castillo Ramos, la joven sometida a eutanasia hace unos días en España. “Murió sola, en silencio, con solo 25 años, en un hospital de Barcelona”, recordó.
Resaltó que fue una joven profundamente herida. “Fue víctima de acoso, abusos y cargó con un dolor que muchos no supieron o no pudieron acompañar”, indicó el obispo. Añadió que su sufrimiento no fue solo físico. “Fue un grito del alma, que nadie escuchaba”, apuntó el religioso.
En este punto, pidió detenernos y reflexionar. “Más allá de todo los debates, hay una verdad que la Iglesia nunca deja de proclamar, que ninguna vida pierde su dignidad nunca”, subrayó.
Además, mencionó que la Iglesia no apoya esta práctica. “Ella recurrió a la eutanasia. La eutanasia no es un acto de amor. Es una respuesta que nace cuando el sufrimiento deja de ser acompañado”, sentenció.
Monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de Cordillera. Foto: Gentileza
Recomendó prestar mucha atención y atender rápido cuando alguien en lo más profundo siente que su existencia ya no tiene sentido para qué seguir viviendo. “Debería estremecer cuando alguien dice ya no vale la pena vivir”, manifestó.
Dijo igualmente que Noelia no necesitaba estar sola. “Ella lo que necesitaba es ser sostenida, ser acompañada, recibir más afecto, cariño, amor, necesitaba saber que su vida seguía teniendo valor en medio de su dolor”, precisó.
Por lo expuesto, llamó a mirar nuestro corazón y cuestionarnos si estamos realmente presentes para los que sufren o aparecemos solo cuando es tarde. “Cristo no abandona al que sufre y nosotros tampoco debemos hacerlo”, recalcó. Finalmente, pidió que que la historia de Noelia no se convierta en una más.
El ARA San Juan con sus tripulantes sobre cubierta antes de zarpar desde la Base Naval Mar del Plata, donde se aloja el Comando de la Fuerza de Submarinos
Lo que nunca conté cuando desapareció el submarino ARA San Juan
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Ricardo Rivas
Periodista
X: @RtrivasRivas
“Reza por ellos y ella”, respondió aquel submarinista cuando lo llamé para preguntarle sobre “el San Juan”. No voy a escribir su nombre. No. Lo llamaré como aludimos a él entre amigos cuando comparte sus historias bajo el agua.
Marko es un tipo increíble. Es un hombre de mar, aunque desde algunas décadas dejó atrás sus tiempos de intensa actividad embarcado. Alguna vez, junto a él abordé un submarino. Tampoco diré en qué puerto fue. Quiero cuidar su presente porque aquello que dejó atrás, su historia personal como “marino de guerra”, pese al paso del tiempo, siempre vuelve. ¿Qué recuerdo de aquel ingreso subrepticio al sumergible? No mucho. Aunque admito que la estrechez de los lugares comunes me impresionó. Pero aquella impresión fue como supe cómo se respira en un submarino.
“Es muy necesario ahorrar el consumo de oxígeno y de aire comprimido…”, comenzó a explicar un veterano. Voz suave y pausada. “La respiración debe ser profunda, con un ritmo constante y lenta. El aire es preciso gestionarlo con el diafragma.
Como quienes practican el yoga, se debe combinar la respiración abdominal con la torácica y la clavicular para maximizar la oxigenación”, añadió con serenidad. “Solo así podrás dejar atrás –en el muelle– el estrés, aumentarás tu capacidad pulmonar y conseguirás centrarte sobre tu eje para que tu mente esté en total equilibrio con tu cuerpo”, indicó.
Viajé con la memoria hasta una lejana clase de asanas. Tal vez hubiera poco más de siete metros entre un lado y el otro de la embarcación diseñada para que no pueda ser detectada. Hacia el frente y a mis espaldas me pareció estar en un largo tubo interrumpido por una sucesión de pesadas puertas.
“La respiración yóguica que les propongo, para quienes quieren saber más, tiene como objetivo maximizar el intercambio de gases dentro de la nave para reducir la acumulación de dióxido de carbono en este espacio, no solo disminuir el estrés, como ya les dije, sino reducir la frecuencia cardíaca para bajar al mínimo el consumo de aire”.
Los cuatro acusados: Luis López Mazzeo, extitular del Comando de Adiestramiento; Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos; Héctor Alonso, exjefe del Estado Mayor del Comando de Submarinos, y Hugo Correa, exjefe de Operaciones
LA PRUEBA
Aquellas palabras aún resuenan una y otra vez en mis oídos. “El estado actual de la unidad es operativo con una profundidad limitada a 100 metros, una velocidad autoimpuesta a máxima etapa 3 y como importante la indiscreción del ruido de la línea de eje al momento de parar máquinas”. La voz sonó clara. La sala de audiencias se conmovió. El silencio devino en murmullo.
El comandante Pedro Martín Fernández –con esas treinta y nueve palabras– describió ante sus superiores cuál era el estado operativo del submarino ARA San Juan un día de abril de 2017, siete meses antes de que la nave desapareciera de los radares.
Los familiares del comandante Fernández se estremecieron cuando escucharon esa voz que –aunque lo desean como nunca antes– ya no pueden escuchar. Desconocían de esa grabación cuya escucha, como elemento de prueba, fue presentada por la defensa del capitán de navío Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos que, en esta causa, está imputado junto con el exjefe del Comando de Adiestramiento, Luis López Mazzeo; el exjefe del Estado Mayor del Comando Submarinos, Héctor Alonso, y el exjefe de Operaciones Hugo Correa.
Tres informantes muy sólidos me aseguran que estos tres últimos acusados tampoco sabían. A los cuatro la Fiscalía los acusa porque, al parecer, “incumplieron y omitieron sus deberes para con el alistamiento, mantenimiento y control operativo del submarino y, justamente por esas conductas, se produjo un estrago culposo agravado”.
Los jueces Mario Gabriel Reynaldi, Luis Alberto Giménez y Enrique Baronetto, integrantes del Tribunal Oral Federal de Río Gallegos –que deberán decidir– recibieron las objeciones de fiscales y querellantes por la inesperada escucha. “Las familias no fueron advertidas”, argumentan. “Fueron emocionalmente afectadas”. También denunciaron que “no se preservó debidamente la información militar sensible que la prueba contiene”.
¿Estaba en condiciones de navegar el ARA San Juan? Aquel viernes 17 de noviembre de 2017, en el inicio de la nocturnidad, como rumor, en Mar del Plata –poco más de 1.720 kilómetros al sur de mi querida Asunción– se escuchó por primera vez que “desapareció el ARA San Juan”. En un par de horas aquella inquietante novedad comenzó a circular desde el puerto. Aunque en voz baja, el ARA San Juan estaba en boca de todos y todas. Sin embargo, en la tele o en la radio no se decía nada.
El cielo estaba color gris plomo. Clima inclemente. Tempestad. Pese a que la finalización del invierno estaba a la vuelta de la esquina, la meteorología era severa con la ciudad enclavada en la costa bonaerense. El Atlántico Sur, cuando sopla rugiente la sudestada, es de temer. Mar del Plata estaba en silencio profundo. El celu estallaba. Colegas periodistas desde países vecinos y redacciones lejanas querían saber, saber y saber. No tenía para responder.
Fuentes gubernamentales, navales y de la sociedad civil relacionadas con la Armada no aportaron nada. Pero… algo ocultaban o, peor aún, no sabían cómo decir lo que no querían que estuviera pasando o que... hubiera pasado. ¿Se perdió contacto con el ARA San Juan? ¿Emitió una llamada de emergencia? ¿Está desaparecido? “No tengo nada para decirte”.
¿El submarino está en una misión de patrullaje? “No puedo responder a esa pregunta. Se trata de información sensible, secreta. ¡Podría afectar la seguridad nacional!”, escuché una y otra vez. Misterio de Estado. Un grupo de personas en el portón de acceso a la Base Naval Mar del Plata, donde se aloja la fuerza de submarinos, también querían saber. Un oficial naval se acercó para invitarlos a pasar. “Solo familiares”.
Quedé con mis ojos clavados en las espaldas de quienes, sumidos en la angustia, con paso apresurado, silenciosos, marchaban en procura de respuestas. Las luces en el interior de la capilla Stella Maris, a unos pocos metros del acceso a esa unidad militar, estaban encendidas. Después de varios intentos vuelvo a dar con Marko. “Comenzó el operativo de búsqueda”, me dice.
Eliana María Krawczyk, la primera mujer submarinista en Sudamérica, capitana de corbeta posmortem, tripulante del ARA San Juan. Su perro, Comando, la esperó en el muelle hasta su último aliento. Luego, se cuenta en el puerto de Mar del Plata, fue inhumado con “honores militares”
OTROS SUBMARINOS
Por varios pescadores sabemos que la meteorología en el mar es pésima. Los que todo lo saben y lo recuerdan –apostados allí solo como curiosos– parlotean. Las angustias crecen con cada recuerdo. “El 12 de agosto de 2000 el submarino Kurks, de la armada rusa, durante un ejercicio de combate en el mar de Barents, después de dos explosiones se hundió con 118 tripulantes…”. Alguien sollozaba.
La vigilia se extendía. Otro recordó que el 22 de mayo de 1968, el submarino nuclear norteamericano Scorpion, con 99 submarinistas a bordo, dejó de comunicarse con su base. Un día antes fue el último contacto registrado cuando se encontraba en inmersión a unos 90 kilómetros de las Islas Azores. El memorioso charlatán hizo silencio.
Un informante clave, horas más tarde, me confidenció que varios sensores hidroacústicos reportaron anomalías desde las Islas Canarias, desde Terranova y desde la Argentina. Luego supe que, en abril de 2021, cincuenta y tres marinos a bordo del KRI Nanggala-402 se perdieron para siempre a unos 100 kilómetros de la costa de Bali. Alguien que salió del interior de la Base Naval Mar del Plata para mezclarse entre quienes buscábamos información. Lo rodeamos. Dejó trascender, en voz muy baja, que a las 7:15 del 15 de noviembre, el capitán de fragata Pedro Martínez Fernández, mientras navegaban sumergidos a 432 kilómetros de la costa, a la altura del Golfo de San Jorge reportó que el “ingreso de agua de mar por sistema de ventilación al tanque de baterías n.° 3 ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barra de baterías. Baterías de proa fuera de servicio al momento en inmersión propulsando con circuito dividido. Sin novedades de personal. Mantendré informado”.
Ocho días antes habían zarpado desde el puerto de Ushuaia. “No me comprometan”, pidió el portavoz anónimo con los ojos vidriosos. ¿Dónde está el San Juan?, era el interrogante único en una ciudad que sabe de qué se trata el mar. Lo ama y respeta. Navegantes, pescadores, buzos, nadadores, surfers… El 25 de octubre de 2017 el submarino San Juan con sus cuarenta y cuatro tripulantes dejó este puerto por última vez. Despedidas, adioses, promesas de regreso, de volver pronto… Como viajero que siempre gusta de viajar sé que partir no siempre es irse. Tampoco es querer y poder volver. Mucho menos, decir adiós.
El ARA San Juan, como cada vez que se lanzaba al mar, las primeras millas las navegó en la superficie. Quienes estábamos entonces cerca de la costa lo vimos pasar frente al Cabo Corrientes. Algunos pescadores saludaban. La falta de dragado obligaba a los buques a navegar cerca de la costa hasta donde las avenidas Colón o Pedro Luro se sumergen. Allí viran a estribor en busca de aguas profundas. Esa derrota cumplió el sumergible.
A OCHO AÑOS
¿Qué se sabe del San Juan, dónde está… qué pasó, Marko?, pregunté una vez más al submarinista amigo. “Reza por ellos y ella”, repitió. Como en el primer momento me quedó la convicción de que sabía más de lo que podía (o quería) decir. La consulta era a la vez la pregunta que –consternados– se hacían en la entrada de la Base Naval Mar del Plata familiares, amigos, amigas de los tripulantes de la embarcación desparecida.
También era la demanda de las y los periodistas que cubríamos la tragedia que nadie confirmaba formalmente. “Buscar un sumergible es muy difícil. Muy complejo”, dijo un experto en el uso del sonar (sigla en inglés de Sound Navigation And Ranging) destinado en un buque de superficie con muchos años de servicio.
“Los submarinos están diseñados para no ser detectados. Son cazadores invisibles”, precisó. Un pescador, en la triste madrugada del día después de la desaparición del ARA San Juan, a tres periodistas nos contó, con lágrimas en los ojos, que “Comando, como cada vez que Eliana (Krawczyk, primera oficial naval y submarinista en Latinoamérica) y sus compañeros partían, la acompañó hasta el muelle primero, hasta la planchada después y, con los primeros movimientos de los remolcadores con los que los prácticos guiaban aquel barco de guerra hasta el canal para salir del puerto marplatense, con sus ojos fijos en el caso del sumergible. Te partía el alma…”, agregó.
¿Comando? Sí, un perro callejero que se encariñó con la submarinista del San Juan. “Algunas veces se zambullía y con esfuerzo, nadaba a la par de la embarcación, intentaba abordarla para luego emprender el regreso al muelle donde se quedaba hasta el regreso. Seguro que está allá, en el muelle…”, especuló. Imposible verificarlo. Nadie podía ingresar en la Base Naval Mar del Plata.
Dos fuentes del más alto nivel que aún se desempeñan en organismos multilaterales –en la madrugada del 18 de noviembre, unas pocas horas después de la desaparición del ARA San Juan– que trabajan en la Organización del Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO), por WhatsApp off the record, me informaron que se había registrado “una explosión en la zona donde navegaba” el submarino argentino. ¿Hay certezas? “Sí.
Los sensores desplegados en las Islas Crozet, de Francia; en la Isla Ascensión; y, en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte lo reportaron. Algunos analistas estiman que la anomalía registrada se produjo aproximadamente a un kilómetro de profundad”. Con esa información consulté numerosas fuentes locales. Civiles y militares. Negaron. Desmintieron.
“¡Es imposible!”, enfáticamente respondieron algunos de los consultados. El 23 de noviembre, el capitán de fragata Enrique Balbi confirmó formalmente que aquella organización detectó “un evento anómalo, corto y consecuente con una explosión/implosión” en la zona por donde se encontraba el sumergible. Tiempo después el instrumental instalado en el buque Seabed Constructor (cinco Autonomous Underwater Vehicle - AUV) confirmó aquellos datos off the record que recibí desde Viena.
Los restos del ARA San Juan estaban (y están todavía) “unos veinte kilómetros al norte del punto estimado donde se produjo la explosión/implosión a unos 900 metros de profundidad”. ¿Por qué no se informó antes? “Comunicar en tiempos de crisis y de angustias sociales, bajo presión, no es sencillo”, argumenta este miércoles una fuente sólida y confiable. ¿Y, por qué se demora tanto el juicio oral para establecer responsabilidades y sancionar a los culpables cuando todo parece estar tan claro? “La justicia tiene sus tiempos”, responde.
Ocho años pasaron desde la tragedia. Volví al puerto cuando el juicio se inició en Río Gallegos. Un viejo suboficial retirado de la marina de guerra me contó que “en noviembre de 2018, murió Comando. Se quedó en el muelle esperando a la capitana Eliana…”, dijo con angustia. Sentí que no hablaba conmigo.
“Dicen que un tumor en el estómago lo mató. Pero algunos pescadores supersticiosos precisan que expiró cuando los AUV del Seabed Constructor encontró al San Juan en el fondo del mar. En un bar cercano al puerto se comenta que un tal Julián Trejo, oficial de la Fuerza Aérea que conoció de cerca la historia de amor entre Eliana y Comando, discretamente, lo enterró en algún lugar con honores militares”.
En el momento en que el ARA San Juan desapareció –el 17 de noviembre de 2017–, las estaciones hidroacústicas de la Organización del Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares instaladas en las Islas Crozet y Ascensión, entre otras, registraron “un evento anómalo, corto y consecuente con una explosión/implosión” en la zona donde navegaba