La predica de la santa misa de la víspera del día de la Virgen de los Milagros de Caacupé se realizó desde la Basílica y estuvo a cargo del presbítero Osmar López, cura párroco de Carapeguá, quien abordó el tema “El protagonismo de los laicos en la construcción de un pueblo de paz, justicia y fraternidad”.
En la ocasión, enfatizó en su homilía sobre la pérdida de la oración en familia, en los hogares y mencionó que este año que iniciamos es una oportunidad para asumir nuestra dignidad de ser bautizados, esta es la gran misión, ser protagonistas, remarcó. Así también, solicitó a los feligreses ser “una molestia para la corrupción”.
El sacerdote señaló algunos aspectos para fortalecer la identidad de bautizados y laicos, sobre todo para afirmar nuestra espiritualidad y ser consecuentes con esta espiritualidad laical. “En primer lugar, la oración en la familia. En muchísimos hogares se ha perdido completamente la oración y tal vez si se reza se hace de manera individual, pero se ha perdido la experiencia de orar en familia. Una familia que ya no reza, está construyendo hogares sobre arena, por eso familias débiles”, expresó.
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López dijo además que un laico que no participa de la misa dominical no podría sostenerse como protagonista de la sociedad y de la Iglesia. “La oración en familia debería sostener la espiritualidad laical”, apuntó.
Igualmente, habló acerca de la corrupción reinante en el país y se preguntó si como bautizados, “¿somos molestia para la corrupción o somos parte?” Señaló que un bautizado debe ser testigo de la verdad y la justicia.
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Así también, el cura párroco de Carapeguá pidió apostar fuertemente por la formación de los laicos que muchas veces se quedan solo con la primera comunión. “Que cada bautizado crezca en el conocimiento de la palabra de Dios”, remarcó en su homilía.
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Pastores evangélicos hacen un llamado a la oración y solidaridad con el pueblo de Venezuela
La Asociación de Pastores Evangélicos del Paraguay hacen un llamado a la oración y la solidaridad con el pueblo venezolano ante el dolor de miles de familias que sufren la pérdida de vidas humanas, heridos y la destrucción de sus hogares por los terremotos que azotaron el país.
“Abrazamos en oración a todos los afectados, de manera muy especial a aquellos que hoy lloran la partida de sus seres queridos y a quienes han visto desaparecer, en un instante, el fruto del esfuerzo de toda su vida y sus bienes materiales”, manifestaron a través de un mensaje dirigido a la opinión pública.
Asimismo, elevan sus plegarias al Espíritu Santo para que los miles de damnificados reciban consuelo emocional y la fortaleza necesaria para sostenerlos en este tiempo de profunda aflicción.
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Extienden sus ruegos por las autoridades nacionales de Venezuela y por todas las instituciones civiles, bomberos, personal médico y uniformados que trabajan en las zonas del desastre.
“Pedimos protección, sabiduría y resistencia física para cada uno de ellos mientras trabajan arduamente en las tareas críticas de búsqueda y rescate de sobrevivientes”, expresaron.
Ayuda humanitaria
Los religiosos oran además por las etapas venideras de reconstrucción, no solo de la infraestructura física y material de las ciudades afectadas, sino del tejido social y emocional de las personas golpeadas por el fenómeno natural.
“Instamos a todas las iglesias evangélicas paraguayas a dedicar un tiempo especial de intercesión en sus reuniones de este fin de semana”, solicitaron.
Por otro lado, exhortan a la feligresía y a la ciudadanía en general a activar los canales de solidaridad y ayuda humanitaria que se dispongan a favor de nuestros hermanos venezolanos.
“Aplaudimos la buena voluntad de las autoridades de nuestro gobierno y su disposición para sumarse activamente a la ayuda internacional a Venezuela”, subrayaron.
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Cardenal Adalberto Martínez: “La paternidad no consiste solamente en engendrar una vida”
El cardenal Adalberto Martínez recordó en su homilía de este domingo, Día del Padre, que la paternidad no consiste solamente en engendrar una vida. “Ser padre significa asumir con amor, responsabilidad y fidelidad la misión de acompañar, proteger, educar y sostener a los hijos”, sentenció.
En ese sentido, hizo especial referencia a tantos niños, adolescentes y jóvenes que sufren la ausencia de sus padres en nuestro país. “Son miles los casos de incumplimiento de la asistencia alimentaria que llegan cada año a las instancias judiciales”, lamentó.
Añadió que detrás de cada expediente hay rostros concretos de niños y familias que sufren las consecuencias de una paternidad ausente o irresponsable. “Muchos hijos tienen padre biológico, pero carecen de su presencia, de su acompañamiento y de su compromiso cotidiano. Son, en cierto sentido, huérfanos de un padre vivo”, apuntó el obispo.
Asimismo, dirigió su reflexión a aquellos padres que se apartaron del camino del bien y cayeron en la delincuencia, en la corrupción o en prácticas no cristianas. “Ningún padre puede construir un futuro sólido para sus hijos sobre la injusticia, el engaño o el daño causado a los demás. No pueden dar de comer a sus hijos el pan sucio de la corrupción, de la violencia o de la deshonestidad”, expresó el religioso católico.
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Por otro lado, recordó con gratitud a los padres que ya partieron de este mundo. “Damos gracias a Dios por el bien que sembraron, por los valores que nos transmitieron, por el amor que nos brindaron y por la huella que dejaron en nuestras vidas”, subrayó.
También resaltó el trabajo de tantos padres que viven en situaciones de pobreza, desempleo o trabajo precario y cada día salen a buscar una oportunidad, una changa, un trabajo ocasional o cualquier tarea honesta que les permita llevar el pan honesto a sus familias. “Aunque muchas veces enfrentan incertidumbres, cansancio y preocupaciones, no se resignan y siguen luchando con dignidad por el bienestar de quienes más aman“, apuntó el arzobispo de Asunción.
En otro momento de la misa llevada a cabo en la Catedral Metropolitana, el celebrante agradeció a los padres trabajadores y sacrificados por no rendirse ante las dificultades. Igualmente, hizo mención a los padres migrantes, que por motivos laborales se ven obligados a alejarse de sus familias para buscar mejores oportunidades.
“Detrás de cada partida hay renuncias, nostalgias, sacrificios y lágrimas silenciosas. Valoramos profundamente su esfuerzo, su abnegación y su responsabilidad”, manifestó. Resaltó el testimonio de aquellos padres que cuidan con amor y paciencia a hijos enfermos, con discapacidad o con necesidades especiales y a aquellos que han experimentado una de las pruebas más dolorosas de perder un hijo. Finalmente, llamó a los padres a que “no se cansen de educar a sus hijos en la verdad, en la fe y en los valores del Evangelio”.
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Educar es más ejemplo que discurso
Por: Adelaida Alcaraz
En un ecosistema empresarial que suele medir el éxito en términos de crecimiento, rentabilidad y expansión, Pedro Ayala propone una lectura más profunda: la del legado. Miembro de la comisión directiva de la Cámara de Comercio Paraguayo-Argentina y líder de CPA Ferrere en Paraguay, nuestro protagonista pertenece a esa generación de ejecutivos que ya no separa con nitidez la vida corporativa de la personal. En su caso, la paternidad no es un capítulo paralelo a su carrera, es el eje que reordena su forma de entender el liderazgo, el riesgo y el éxito.
“Construir una empresa tiene mucho que ver con la autorrealización”, afirma Pedro Ayala, pero rápidamente amplía la idea hacia un territorio más íntimo: la familia. Allí, sostiene, el legado deja de ser una marca o una estructura organizacional para convertirse en algo más difícil de cuantificar y que se define en personas, valores y vínculos.
Padre de cuatro hijos -Arami, Mauri, Agus y Ale, de apenas cuatro meses- Pedro reconoce que la experiencia no inmuniza frente a la paternidad. Cada hijo, dice, vuelve a inaugurar el proceso. “Cada llegada trae nuevas emociones… la paternidad no se domina, se aprende todos los días”, enfatiza dejando entrever la idea de que la experiencia no elimina la incertidumbre, pero sí afina la sensibilidad.
En su recorrido, Pedro retoma una idea filosófica para describir la paternidad y la resumen en la idea de que nadie entra dos veces al mismo río. Así como las personas cambian, también lo hacen los padres. En ese marco, cada hijo encuentra una versión distinta de su padre, moldeada por la experiencia, pero también por las propias transformaciones internas.
Ese mismo principio, sostiene, se traslada al mundo corporativo. La estabilidad es más una ilusión que una condición. Equipos, contextos y decisiones están en permanente movimiento. En ese flujo, el liderazgo no puede ser rígido.
La paternidad, en ese sentido, opera como un entrenamiento emocional involuntario. Desarrolla paciencia, empatía, escucha y coherencia. “Las personas observan mucho más lo que uno hace que lo que uno dice”, resume.
El éxito más allá de los indicadores. Quizás uno de los desplazamientos más significativos en la mirada de Pedro tiene que ver con la noción de éxito. En el mundo empresarial, admite, suele medirse en resultados. Pero la paternidad introduce una métrica alternativa, menos visible y más persistente: la calidad de los vínculos.
“El éxito empieza a tener más que ver con la tranquilidad de conciencia”, asegura. No se trata de abandonar los resultados, sino de integrarlos en una visión más amplia, donde también importan las personas que se forman dentro de una organización y el impacto que esta genera en sus entornos familiares.
En esa línea, introduce una idea que tensiona la separación clásica entre lo profesional y lo personal, no existen compartimentos estancos. “Somos una sola persona durante todo el día”, afirma. Lo que ocurre en la casa influye en la empresa, y viceversa. El liderazgo, entonces, también se construye desde el equilibrio interno.
Riesgo, protección y responsabilidad. Si algo modifica la paternidad, según nuestro protagonista, es la relación con el riesgo. No lo elimina, pero lo reconfigura. La ambición sigue presente, pero aparece filtrada por una capa adicional de responsabilidad.
“No desde el miedo, sino desde la responsabilidad”, aclara. La diferencia está en que no se trata de volverse conservador, sino de entender que cada decisión tiene efectos que trascienden lo individual.
Esa conciencia introduce una nueva pregunta en la toma de decisiones. No solo qué es posible hacer, sino para qué y con qué impacto. El riesgo deja de ser un gesto individual para convertirse en una decisión con consecuencias extendidas.
Liderar personas, no solo equipos. En su rol profesional, Pedro reconoce una enseñanza directa de la vida familiar. Y es que detrás de cada persona hay una historia completa. Padres, hijos, preocupaciones, aspiraciones.
Esa mirada, lejos de suavizar el liderazgo, lo complejiza. Obliga a pensar en la empresa no solo como una estructura de objetivos, sino como un espacio de desarrollo humano. “Liderar no es solamente resolver problemas, sino formar y acompañar procesos”, señala.
En ese punto, la paternidad y el liderazgo convergen, pues ambos implican educar desde el ejemplo, no desde el discurso.
El legado. Cuando piensa en el futuro de sus hijos, él no habla de herencias materiales ni de trayectorias predeterminadas. Su idea de legado es más abierta. Consiste en dar herramientas, no caminos.
“Quiero que sean mejores que yo”, dice sin matices. La frase, que podría parecer simple, encierra una lógica potente. Y es que el éxito del padre se mide, en parte, por la capacidad de los hijos de superarlo.
Ese mismo criterio lo traslada a su rol profesional. El verdadero impacto de una organización no está solo en su desempeño presente, sino en lo que deja instalado para el futuro: cultura, talento y oportunidades.
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“El mayor legado que quiero dejarle es mi ejemplo”
Por: Adelaida Alcaraz
Acostumbrado a asumir riesgos y construir proyectos, Paulo Duarte enfrenta hoy el desafío más importante de su vida: formar a un hijo. En esta entrevista, el CEO de Broterra reflexiona sobre el legado, la familia y el Paraguay que espera ver florecer junto a una nueva generación.
Hace apenas una semana nació Octavio. Todavía es demasiado pequeño para entender el mundo que lo rodea. No sabe qué es una empresa, qué significa emprender o por qué su padre pasa horas pensando en proyectos, fábricas y futuros posibles, pero sin saberlo, ya cambió la vida de un hombre acostumbrado a convivir con los desafíos.
Paulo Duarte, CEO de Broterra, lleva años tomando decisiones difíciles. Como emprendedor aprendió a caminar sobre terrenos inciertos, a apostar cuando otros dudaban y a convertir ideas en realidades. Sin embargo, reconoce que ninguna experiencia se compara con la que vive hoy.
“Siento que toda la vida tuve que aprender a disfrutar de lo que me genera incertidumbre y emociones al mismo tiempo”, reflexionó. “Probablemente no tenga todas las respuestas para las preguntas que se me van a presentar como padre, pero el entusiasmo, la emoción y el amor que me generan son muy superiores a cualquier duda”, afirmó el CEO.
Y cuánta verdad hay en todo esto. Detrás del empresario que proyecta triplicar la capacidad industrial de Broterra para 2027, hay un hombre que acaba de descubrir que el desafío más importante de su vida no se mide en facturación, metros cuadrados ni balances; se mide en ejemplo.
La llegada de Octavio cambió su forma de entender el éxito. “Hace mucho tiempo aprendí que el éxito no es sinónimo de cosas materiales ni de cuentas bancarias llenas de dinero. El éxito es libertad, bienestar emocional, bienestar físico y poder compartir la vida con las personas que queremos”, aseguró.
Pero hay una enseñanza que desea transmitirle por encima de todas. “El éxito está en no abandonar, en continuar a pesar de que muchas veces no queremos o sentimos que ya no damos más”, sostuvo enseñando su filosofía de vida.
En un tiempo donde el mundo premia los resultados rápidos, Paulo apuesta por valores menos visibles, pero mucho más duraderos: disciplina, resiliencia, coherencia y humildad. “El mayor legado que quiero dejarle a Octavio es mi ejemplo. Que vea a una persona honesta, íntegra, coherente, que se juega por lo que sueña y por lo que cree”, confesó.
Con esto, Paulo no habla de herencias materiales sino más bien de carácter, valores y enseñanzas con valor real, aquellas que sobreviven a cualquier éxito empresarial.
Como padre reciente, también reconoce que la paternidad modifica la manera de liderar. “Nos obliga a convertirnos en mejores personas y mejores líderes. Me genera más hambre, más ganas de crecer y de ofrecerle todo lo mejor. Y no me refiero solamente a lo material, sino al tiempo, la reputación y el legado”, reflexionó.
Quizás por eso la llegada de un hijo también amplía la mirada sobre el país, ya que cuando Paulo habla de Paraguay, tras haber sido presidente de UIP Joven y de liderar proyectos de gran envergadura, imagina que el Paraguay que recibirá Octavio, no mostrará únicamente crecimiento económico. Significará orgullo, identidad y futuro.
“Espero que él encuentre un Paraguay integrado a la economía mundial, competitivo, prestigioso y del que pueda sentirse orgulloso. Un país que le genere autoestima por ser paraguayo y donde sienta la necesidad de ser protagonista de su construcción”, afirmó.
Su optimismo forma parte de una generación de empresarios que ve al Paraguay atravesando uno de los momentos más prometedores de su historia. Un país que atrae inversiones, desarrolla industrias, genera empleo y comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante en los mercados internacionales.
Y mientras Octavio da sus primeros días de vida, Broterra también se prepara para una nueva etapa. La empresa acaba de regresar de un viaje por Asia y avanza en un ambicioso plan de expansión que contempla casi triplicar su capacidad industrial para 2027.
Pero incluso frente a semejante desafío, Paulo tiene claro cuál es el proyecto más importante. No está en una fábrica ni en una inversión, está en su casa, durmiendo en una cuna.
Para Paulo Duarte, la mayor obra que comienza hoy no es la próxima expansión de Broterra, es ayudar a formar a un niño que algún día pueda sentirse orgulloso del país que heredó y del ejemplo que recibió.