Con el afán de ofrecer alimentos saludables a funcionarios y familiares de los pacientes internados por COVID-19, surgió la idea de contar con una huerta en el Hospital Regional de Salto del Guairá, dependiente de la XIV Región Sanitaria de Canindeyú.
Mencionaron que para llevar adelante esta iniciativa, el personal a cargo de la cocina inició labores con las encargadas del área de nutrición para la planificación y previsión de menús variados, elaborados a partir de los productos cosechados de la huerta comunitaria con la que actualmente cuenta este servicio regional.
Al respecto, explicaron que esta labor es promovida por el director del hospital, Dr. Cristian Acuña, en conjunto con el señor Mauricio Colmán, quienes dieron inicio a la huerta comunitaria, de donde obtienen las hortalizas como lechuga, cebollita, remolacha, perejil, locote, repollo, espinaca, acelga, zanahoria, zapallo, tomate, mandioca y batata.
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Igualmente, el hospital ha recibido herramientas para la huerta como aporte de la municipalidad local. En tanto que los demás insumos necesarios para este proyecto son una autogestión del servicio de salud para convertirla en una huerta comunitaria.
Además de esta iniciativa de apoyo y acción saludable, se llevan a cabo charlas educativas en los consultorios y sala de espera sobre la importancia de la práctica de una alimentación saludable, basadas en las recomendaciones de las Guías Alimentarias del Paraguay.
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Femicidio: funeraria amenaza con devolver el cuerpo a familiares si no pagan el cajón, denuncian
Familiares de Liz Andrea Ortellado (30), víctima de feminicidio el pasado fin de semana en Guarambaré, denunciaron que la funeraria les exige la suma de G. 10 millones por el cajón y que, si no pagan, les devolvería el cadáver.
“Ellos me buscaron por el tema del niño, para que la custodia vaya con la abuela materna. Pero ahora estamos ante otro problema principal: la gente de la funeraria se comunicó con los parientes y le dijeron que iban a devolver el cadáver en plástico”, relató este martes el abogado Miguel Godoy, en declaraciones a la 1020 AM.
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En ese sentido, el profesional mencionó que la víctima fatal se desempeñaba como funcionaria de una empresa, y que los directivos de la misma se harían cargo de los gastos. Sin embargo, no cumplieron.
“Se comprometieron a pagar el cajón, pero lastimosamente, la empresa no se estaba haciendo responsable. El cuerpo ya estaba en el cajón, pero iban a volver a sacar y devolver el cuerpo porque ya perdieron comunicación con la gente de la empresa", precisó el abogado.
Explicó que, ante lo sucedido, lo que corresponde es que la gente de la empresa se haga cargo, atendiendo los salarios caídos, el aguinaldo proporcional y demás.
“Estoy tratando de comunicarme con la funeraria San Lázaro para tratar de solucionar el caso. Es bastante triste, porque los familiares ya están pasando un gran dolor”, lamentó Godoy.
El principal sospechoso, Walter Fabián Acosta Duarte (34), fue hallado sin vida a pocos metros de la vivienda. La hipótesis que manejan los investigadores es la de un presunto feminicidio seguido de suicidio. La víctima ya había denunciado anteriormente al sindicado por violencia.
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La posición paraguaya ante la controversia del Salto del Guairá
- Carlos José Fleitas
- Embajador
- Fotos: Gentileza
La definición del trazado fronterizo entre Paraguay y Brasil fue el resultado de un largo proceso que sigue hasta la actualidad, combinando negociaciones diplomáticas, acuerdos internacionales y un intenso trabajo de campo realizado por las comisiones mixtas demarcadoras. Esa documentación se convertiría décadas más tarde en uno de los principales fundamentos de la posición paraguaya frente a la controversia del Salto del Guairá. A la fecha resta por demarcar aproximadamente 8 km, en la zona del Refugio Biológico de Mbaracayú.
La frontera entre el Paraguay y el Brasil no surgió de un único tratado ni quedó materializada de manera inmediata. Su definición fue el resultado de un proceso que se extiende hasta la fecha, combinando negociaciones diplomáticas, acuerdos internacionales y un intenso trabajo de campo realizado por las comisiones mixtas demarcadoras de ambos países, dentro de un marco de armonía y discusiones eminentemente técnicas.
A lo largo de este periodo ingenieros, militares y diplomáticos paraguayos y brasileños recorrieron la frontera levantando planos, identificando accidentes geográficos, colocando hitos y dejando constancia de cada decisión en actas demarcatorias.
Esa documentación se convertiría décadas más tarde en uno de los principales fundamentos de la posición paraguaya frente a la controversia del Salto del Guairá.
El punto de partida para la demarcación con el Brasil fue el Tratado de Límites Loizaga–Cotegipe, firmado en Asunción el 9 de enero de 1872, que definió la línea fronteriza entre ambos Estados y dispuso la designación de comisarios encargados de su demarcación.
En cumplimiento de ese mandato se constituyó la primera Comisión Mixta de Límites, integrada por representantes paraguayos y brasileños, que entre 1872 y 1874, que recorrió la frontera, confeccionó planos y erigió los primeros hitos. Desde entonces quedó claro que fijar jurídicamente una frontera y materializarla sobre el terreno eran etapas distintas de un mismo proceso.
Entre los protagonistas de esta primera etapa de la demarcación paraguayo-brasileña destaca el capitán de Fragata Domingo Antonio Ortiz, excombatiente de la guerra contra la Triple Alianza, quien fue designado por decreto del 17 de junio de 1872 como primer comisario paraguayo para integrar la Comisión Mixta encargada de ejecutar el Tratado.
Su misión no se limitó a representar al Paraguay: dirigió sobre el terreno los trabajos iniciales de reconocimiento y demarcación, participando junto a su homólogo brasileño, Rufino Enéas Gustavo Galvão, en la colocación del primer mojón de la frontera sobre el río Apa.
Justamente uno de los desafíos iniciales enfrentados por la Comisión Mixta fue la identificación de la naciente principal de dicho río, punto de especial importancia porque de ella dependía el trazado de la línea divisoria prevista en el Tratado. Las exploraciones de campo realizadas dieron lugar a una divergencia técnica, que fue elevada a consideración de ambos Gobiernos.
La cuestión se resolvió mediante el Protocolo del 7 de enero de 1874, por el cual el Paraguay y el Brasil acordaron reconocer al arroyo Estrella como la naciente principal del río Apa, disponiendo que la frontera siguiera la siguiente coordenada geográfica: Latitud 22°16’39”03 Sur, Longitud 12°39’1”80 Oeste.
El proceso demarcatorio recibió un impulso con el Tratado Complementario de Límites, suscrito en Río de Janeiro el 21 de mayo de 1927, y con el Protocolo de Instrucciones para la Demarcación y Caracterización de la Frontera, del 9 de mayo de 1930. Estos instrumentos reorganizaron los trabajos y crearon la Comisión Mixta de Límites y Caracterización de la Frontera Paraguay–Brasil, encargada de completar la demarcación, reparar hitos, instalar nuevos mojones y desarrollar los estudios topográficos e hidrográficos necesarios para caracterizar toda la línea limítrofe.
Esa continuidad institucional demuestra que ambos Gobiernos entendían que la frontera no era una obra concluida en 1874, sino un proceso permanente de demarcación y caracterización que debía ejecutarse de manera cooperativa y conforme a los compromisos internacionales asumidos.
CONTROVERSIA DE 1965 Y LA NOTA D.P.I. N.° 712
Antes de examinar la Nota D.P.I. N.° 712 resulta necesario comprender el contexto histórico en el que fue elaborada. Desde fines del siglo XIX la propiedad del Salto del Guairá dio lugar a una de las más importantes controversias limítrofes entre el Paraguay y el Brasil.
Mientras el Brasil sostenía que la totalidad del salto le pertenecía y que la frontera ya se encontraba completamente demarcada hasta ese punto, en el Paraguay surgieron diversas interpretaciones históricas y jurídicas acerca del alcance del Tratado de Límites de 1872 y de la soberanía sobre dicho accidente geográfico.
Estas interpretaciones contribuyeron al debate que precedió a la posición oficial asumida posteriormente por la Cancillería paraguaya en la Nota D.P.I. N.º 712 de diciembre de 1965.
Entre las interpretaciones doctrinarias paraguayas más influyentes se encontraba la sostenida por el historiador nacional Efraím Cardozo, quien afirmaba que el Tratado de Límites de 1872 no había adjudicado expresamente al Brasil la soberanía sobre el Salto del Guairá.
Según esta tesis, el Paraguay conservaba el dominio histórico sobre dicho accidente geográfico, ya que la soberanía solo podía modificarse mediante una cesión expresa, inexistente en el texto del Tratado.
Para Cardozo, la línea fronteriza debía llegar hasta el propio Salto, manteniéndose la totalidad de este dentro de la jurisdicción paraguaya. Otra interpretación fue la del jurista compatriota Juan José Soler, que sostenía que el Salto debía analizarse como parte de un río internacional.
Desde esta perspectiva, el Tratado de 1872 disponía que la frontera siguiera el canal principal del río Paraná hasta el Salto, por lo que este constituía un accidente geográfico compartido y no perteneciente exclusivamente al Brasil.
Aunque difería de la posición de Cardozo respecto del fundamento jurídico, Soler coincidía en rechazar la interpretación brasileña según la cual el Tratado había atribuido al Brasil la soberanía exclusiva sobre el Salto del Guairá.
Sin embargo, a mediados de la década de 1960 la controversia dejó de ser únicamente una discusión histórica y jurídica para convertirse en un diferendo diplomático de creciente importancia.
La presencia de efectivos militares brasileños en la región del Salto del Guairá y la paralización de los trabajos de la Comisión Mixta trasladaron el debate desde la interpretación de los tratados hacia el estado efectivo de la demarcación sobre el terreno, otorgando un renovado protagonismo a la documentación producida durante décadas por la propia Comisión.
Así el reclamo del Gobierno paraguayo se realizó en septiembre de 1965, donde por medio de una nota solicitó al Gobierno brasilero el retiro de efectivos militares instalados desde junio de ese año en un sector donde la línea limítrofe aún no había sido materializada mediante hitos.
Paralelamente, solicitó la continuación de los trabajos de la Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña de Límites y Caracterización de Fronteras que permanecían suspendidos debido a la ausencia de la delegación brasileña.
El Gobierno brasileño respondió sosteniendo que el tramo de frontera comprendido entre el hito de Ybycuí y el Salto Grande de las Siete Caídas se encontraba íntegramente demarcado, por lo que no existían cuestiones pendientes en ese sector.
En respuesta a esa posición, el 14 de diciembre de 1965 la Cancillería paraguaya remitió la Nota D.P.I. N.º 712, firmada por el ministro de Relaciones Exteriores, doctor Raúl Sapena Pastor, al embajador del Brasil en Asunción, doctor Jayme de Souza-Gomes.
En ella el Gobierno paraguayo expuso oficialmente los fundamentos históricos, jurídicos y técnicos que sustentaban su posición respecto de la demarcación de la frontera en la región del Salto del Guairá.
DEMARCACIÓN INCONCLUSA
El principal argumento desarrollado por la Cancillería paraguaya consistió en demostrar que la propia historia de la Comisión Mixta desmentía la tesis brasileña de una frontera completamente demarcada desde el siglo XIX. Recordó que, tras el Tratado de 1872, el Salto del Guairá fue considerado un accidente geográfico suficiente para identificar el final de la frontera y no se instaló allí un mojón terminal. Sin embargo, esa circunstancia no significaba que todo el proceso de demarcación hubiera concluido.
Si realmente la frontera hubiese quedado íntegramente demarcada en el siglo XIX, carecería de sentido la firma del Tratado Complementario de Límites de 1927, del Protocolo de Instrucciones de 1930 y la creación de la nueva Comisión Mixta encargada precisamente de continuar las tareas de demarcación y caracterización.
Destacó que durante más de treinta años Paraguay y Brasil continuaron trabajando conjuntamente llegando a instalar 846 hitos, de los cuales 341 correspondían al sector de la Sierra del Mbaracayú.
Ese argumento se reforzaba con las propias actas de la Comisión Mixta. En este sentido adquiere especial importancia la 25.ª Conferencia, celebrada en Río de Janeiro el 20 de noviembre de 1961.
En esa reunión ambas delegaciones aprobaron un programa específico para realizar el levantamiento topográfico del “último trecho aún no demarcado” de la cordillera del Mbaracayú “y su ligazón con el accidente geográfico Salto del Guaira (Salto das Séte Quedas)”, proyectar la ubicación de nuevos hitos y proceder posteriormente a su instalación.
Las campañas desarrolladas en 1962 y 1963 representaron uno de los mayores avances técnicos alcanzados por la Comisión Mixta. Durante esos trabajos se midieron las cotas de más de 10.000 puntos distribuidos en el tramo final de la Sierra del Mbaracayú.
Esa información permitió elaborar cartografía de alta precisión y proyectar la futura ubicación de los hitos que completarían la demarcación. Sin embargo, la delegación brasileña dejó de concurrir a la 26.ª Conferencia, impidiendo que los trabajos fueran analizados y aprobados conforme al procedimiento previsto por el Protocolo de 1930.
Otro de los argumentos consistió en debatir el valor que el Brasil atribuía a determinados mapas y diseños elaborados durante el siglo XIX. Según el Paraguay esos documentos gráficos, si bien eran considerados instrumentos auxiliares, útiles para representar el trabajo realizado, no podían modificar lo dispuesto por el Tratado o por lo materializado posteriormente mediante las operaciones técnicas y actas de la Comisión Mixta.
ARGUMENTO JURÍDICO PARAGUAYO
La Posición Paraguaya trasciende la discusión cartográfica para defender un principio fundamental: las controversias internacionales deben resolverse mediante el Derecho y la cooperación entre los Estados. El Gobierno paraguayo recurrió a reconocidos juristas y recordó el principio pacta sunt servanda, según el cual los tratados deben cumplirse de buena fe y respetarse tanto en su letra como en su espíritu.
Esta expresión latina resume una de las reglas fundamentales del Derecho Internacional: los tratados deben cumplirse. Para la Cancillería paraguaya, este principio obligaba a ambas partes no solo a respetar el texto del Tratado de Límites de 1872, sino también a ejecutar fielmente el procedimiento de demarcación acordado posteriormente mediante el Tratado Complementario de 1927 y el Protocolo de 1930.
Desde esa perspectiva, alterar unilateralmente el criterio seguido durante décadas por la Comisión Mixta implicaba apartarse de compromisos internacionales previamente aceptados.
La Cancillería Paraguaya también afirmó su confianza en los medios pacíficos de solución de controversias frente a la propuesta de someter la controversia a arbitraje internacional. Lejos de rechazarla como una herramienta válida, sostenía que antes debían agotarse las negociaciones directas, los buenos oficios, la mediación, la investigación y la conciliación.
En realidad, el Gobierno paraguayo dejó en claro que el desacuerdo jurídico no era el principal obstáculo para las relaciones bilaterales. A juicio de la Cancillería Nacional, las diferencias de interpretación podían ser discutidas mediante los mecanismos previstos, lo que verdaderamente alteraba el clima de entendimiento era la presencia de fuerzas militares en un sector cuya demarcación aún debía completarse.
Por ello, el documento insistía en la necesidad de restablecer las condiciones que permitieran a la Comisión Mixta reanudar sus trabajos y concluir el proceso iniciado décadas atrás.
LEGADO HISTÓRICO DOCUMENTAL
La Nota D.P.I. N.º 712 del 14 de diciembre de 1965 transformó la historia de la Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña de Límites y Caracterización de Frontera en una auténtica prueba jurídica. Cada conferencia, cada campaña de campo y cada hito colocado eran presentados como evidencia de una política de Estado desarrollada conjuntamente por Paraguay y Brasil durante más de treinta años.
Más que discutir interpretaciones cartográficas aisladas, la Cancillería paraguaya invitó a observar la continuidad de una práctica bilateral que, a su juicio, demostraba de manera concluyente que la demarcación de la frontera en el sector del Salto del Guairá permanecía inconclusa.
Vista desde la actualidad, constituye una de las expresiones más acabadas de la diplomacia paraguaya en materia de límites internacionales.
SITUACIÓN ACTUAL
A la fecha resta por demarcar aproximadamente 8 km, en la zona del Refugio Biológico de Mbaracayú. Esta área abarca aproximadamente 1.356 hectáreas y en sus adyacencias se destaca la ubicación de la ciudad de Salto del Guairá.
Respecto a la definición de la demarcación de la zona, existen dos teorías, que son posiciones históricas de ambos países: la paraguaya, que sostiene que el límite es el ramal de la Cumbre de la Cordillera del Mbaracayú que se desarrolla más al norte y que se dirige hacia la primera caída del antiguo Salto; y la brasilera, que sostiene que el límite es el ramal de la Cumbre de la Cordillera del Mbaracayú que se desarrolla más al sur y que se dirige a la quinta caída del antiguo Salto.
Para finalizar deseo resaltar que en la actualidad la Nota D.P.I. N.º 712 de la Cancillería paraguaya continúa siendo un documento de gran valor para comprender la historia de las relaciones entre Paraguay y Brasil y nos recuerda que la diplomacia también se construye sobre trabajo técnico, archivos, mapas, actas, tratados y argumentos jurídicos.
Esa combinación de diplomacia, conocimiento técnico, memoria documental y apego al derecho constituye, probablemente, el legado más perdurable de este notable documento diplomático que fundamenta la posición nacional sobre este punto.
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“Que no quede impune, que no vaya al oparei”, piden familiares de policía fallecido en Naranjito
Habló este sábado la viuda del suboficial mayor Atilio Martínez, de Pastoreo (Caaguazú), uno de los policías asesinados en Naranjito. Pidió justicia y que su muerte “no quede impune, que no vaya al oparei”, expresó en declaraciones a Telefuturo.
Doña Alice recordó a su pareja como un “papá guasu” para toda su familia. Además, destacó su carácter firme y su sentido de responsabilidad con su trabajo en las fuerzas policiales.
“Él era el papá guasu de sus hermanos porque su papá y su mamá ya fallecieron. Él nunca decía no, siempre estaba para todos nosotros, para su familia, para sus amigos. Era una persona excelente. Tenía carácter, con él era sí o no, negro o blanco”, relató.
El uniformado deja dos hijos huérfanos. “Tenemos un hijo de 6 años. Tiene otro hijo de 14 años con su expareja. Teníamos planes de tener más, quería una hija para hacerle bailar el vals decía. Nos estábamos preparando para eso”, contó la mujer.
Lamentó el difícil momento que les toca afrontar por culpa de una banda de criminales. “Es muy duro lo que nos está pasando. No le deseo a ninguna familia de la institución policial que pase por el dolor tan grande que estamos pasando”, señaló.
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Agradeció a todas las personas que se acercaron a darles su acompañamiento. “Agradecimiento infinito a sus camaradas, jefes, amigos, vecinos, porque se ve que se le quería mucho”, remarcó.
Destacó el profundo respeto que tenía por su profesión. “Él nunca habló de su trabajo, supo diferenciar su trabajo de su familia. Y pedimos justicia, que no quede impune”, recalcó.
Altos mandos no se comunicaron
La hermana del uniformado fallecido hizo el mismo pedido. “Como familia solamente pedimos justicia”, expresó Epifania Martínez.
Asimismo, puso énfasis en el apoyo de sus camaradas y jefes así como de amigos y vecinos, pero lamentó la ausencia de comunicación de las altos mandos de la Policía Nacional. “Hasta el momento, no recibimos ni una llamada del comandante ni de ninguna autoridad”, afirmó.
Micaela, cuñada (hermana de la viuda) del uniformado, hizo un llamado especial para los investigadores. “Lo que pasó nos dejó destrozados como familia. Solo pedimos justicia, que se aclare el hecho, que no quede en vano todo esto y que su esfuerzo, su sacrificio no sea en vano”, sentenció.
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Salud reportó cerca de 33 mil consultas por enfermedad tipo influenza en la última semana
Este viernes, el Ministerio de Salud informó que en la última semana se registraron cerca de 33.000 consultas por enfermedades tipo influenza. Los adultos mayores lideran la ocupación de camas en los establecimientos de salud, representando el 30 % de los hospitalizados.
Según el reporte de la dirección de Vigilancia de la Salud a nivel país se reportaron un total de 32.835 consultas por enfermedad tipo influenza, en la última semana. De esta cantidad, las notificaciones por enfermedad tipo influenza (ETI) en los centro centinelas fueron 8.111 pacientes.
“Unas 1.537 personas fueron hospitalizadas por infecciones respiratorias agudas (IRAG), en las últimas cuatro semanas, en los Centros Centinela. El 16 % de los internados ingresó a la unidad de cuidados intensivos. La proporción de hospitalizados se mantiene por encima del umbral estacional y por debajo de la curva epidémica promedio”, apuntaron en el reporte.
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Los adultos mayores lideran la ocupación de camas en los establecimientos de salud representando el 30 % de los hospitalizados y le siguen en la lista los niños menores de 2 años que refleja el 27 % de los ingresos. En tanto que, el 14 % de los internados son niños y jóvenes de entre 5 y 19 años.
Los virus respiratorios predominantes entre los pacientes hospitalizados por infecciones respiratorias agudas fueron: virus sincitial respiratorio, rhinovirus, metapneumovirus e influenza A (H3N2).
En el último mes se han confirmado 32 fallecidos por virus respiratorios. De los cuales 15 fueron por rhinovirus, seis por virus sincitial respiratorio, un total de 5 por influenza A H3N2, otros cinco por metapneumovirus y un paciente fallecido por parainfluenza. En lo que va del 2026 suman 144 los fallecidos por virus respiratorios.