En el marco de una alianza estratégica de A Todo Pulmón junto con EMBAlija, se unieron para continuar plantando árboles a favor del medio ambiente. Esto, aprovechando la temporada de viajes durante este verano.
Es así como la reconocida organización A Todo Pulmón y la empresa EMBAlija iniciaron el 2021. Esta alianza permitirá a la mencionada ONG plantar muchos árboles durante los próximos meses, siendo esta la primera firma de convenio en este nuevo año.
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Por cada producto vendido, la empresa donará un porcentaje de las ventas para plantar árboles con la organización A Todo Pulmón y contribuir así a la reducción de la huella de carbono, ya que los árboles son capaces de capturar mucho dióxido de carbono colaborando con la lucha frente al cambio climático.
Hacer turismo responsable es la última tendencia, luego de vivir un 2020 pandémico donde claramente se vio reflejado que la salud de los bosques tiene directa relación con la salud humana.
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Por medio de este acuerdo, se fomenta e impulsa a cuidar del ecosistema, afectando a varios sectores en un solo paso, además de promover la higiene y el cuidado del medio ambiente y la salud de las personas.
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Paraguay reivindica su modelo de producción sostenible ante el debate ambiental global
Paraguay reafirmó su compromiso con una producción agropecuaria sostenible durante el Primer Foro de Medio Ambiente y Acción Parlamentaria, realizado en la Cámara de Diputados, donde el ministro de Agricultura y Ganadería (MAG), Carlos Giménez, sostuvo que el país cuenta con una trayectoria consolidada en la implementación de políticas y tecnologías que permiten combinar el crecimiento productivo con la conservación de los recursos naturales.
El encuentro reunió a autoridades y legisladores para analizar los desafíos ambientales y el papel de las políticas públicas en la protección del medio ambiente, en un contexto marcado por mayores exigencias internacionales sobre la sostenibilidad de la producción de alimentos y la trazabilidad de las cadenas agropecuarias.
Durante su exposición, el titular del Ministerio de Agricultura destacó que Paraguay comenzó a desarrollar una legislación ambiental y prácticas de conservación mucho antes de que la sostenibilidad se instalara como un tema prioritario en la agenda mundial.
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Recordó que el país dispone de un marco jurídico ambiental con más de cinco décadas de vigencia y que la adopción de tecnologías agrícolas sostenibles permitió consolidar un sistema de producción reconocido internacionalmente.
“El desafío ya no es solamente producir más, sino producir mejor y de manera sostenible”, afirmó Giménez y señaló que el futuro del sector agropecuario depende de la preservación de los suelos, la disponibilidad de agua, la conservación de los bosques y la capacidad de adaptación frente a los efectos del cambio climático.
El ministro explicó que Paraguay incorporó hace más de 30 años herramientas como la siembra directa, la rotación de cultivos, el uso de abonos verdes, el manejo integrado de plagas, la integración entre agricultura y ganadería y los sistemas silvopastoriles. “Paraguay puede demostrar al mundo que produce alimentos de manera responsable, respetando el medio ambiente y cumpliendo con una legislación ambiental sólida, vigente desde hace décadas”, finalizó.
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La nueva inflación del agua amenaza con encarecer servicios y presionar a las economías
El cambio climático empieza a convertirse en un factor de costos para gobiernos, empresas y hogares. Las inversiones necesarias para garantizar agua segura podrían trasladarse a las tarifas y generar una nueva presión inflacionaria.
Durante décadas, el agua fue considerada un servicio básico de bajo costo relativo y con una disponibilidad que parecía garantizada. Sin embargo, el cambio climático está modificando esa ecuación económica. En un planeta en el que los extremos climáticos se vuelven más frecuentes —con regiones que enfrentan sequías prolongadas y otras que soportan inundaciones históricas— el acceso al agua comienza a transformarse en un factor de presión sobre las finanzas públicas, las empresas de servicios y el bolsillo de los consumidores.
Un reciente estudio de la Universidad de Stanford advierte que varias ciudades de Estados Unidos podrían duplicar sus tarifas de agua hacia mediados de siglo debido a la combinación de tres factores: menor disponibilidad del recurso, infraestructura envejecida y la necesidad de ejecutar grandes inversiones para adaptar los sistemas de abastecimiento al nuevo escenario climático.
La investigación, publicada en la revista Nature Sustainability, revela una tendencia que podría repetirse en distintas economías: el cambio climático genera nuevos costos de producción y esos costos terminan trasladándose a los usuarios mediante mayores tarifas de servicios públicos.
El fenómeno representa una nueva forma de presión inflacionaria. Así como el aumento del precio del petróleo encarece el transporte y los alimentos, el incremento del costo del agua puede impactar en múltiples sectores productivos, desde la industria y la agricultura hasta los servicios urbanos.
En Estados Unidos, el valor promedio del agua potable ya aumentó durante las últimas décadas a un ritmo superior al de la inflación, debido principalmente al deterioro de las redes y a la necesidad de renovar una infraestructura que requiere inversiones multimillonarias. Ahora, el factor climático agrega una nueva capa de costos.
El caso analizado por los científicos en Santa Cruz, California, muestra el desafío que enfrentan muchas ciudades: después de aplicar medidas de ahorro y eficiencia, las autoridades deben recurrir a soluciones más costosas, como plantas de reutilización de aguas residuales, nuevos sistemas de almacenamiento y obras para garantizar el suministro en períodos de sequía.
La consecuencia económica es directa: las inversiones necesarias para asegurar la disponibilidad del recurso terminan reflejándose en las facturas de los consumidores.
Paraguay frente al desafío de administrar su ventaja hídrica: Aunque Paraguay posee una posición privilegiada por sus abundantes recursos hídricos, con una de las mayores disponibilidades de agua dulce per cápita de la región, el país tampoco está aislado de esta nueva realidad económica.
Los ciclos de sequías severas y bajantes extraordinarias de los ríos Paraguay y Paraná demostraron en los últimos años que la disponibilidad del agua puede tener efectos directos sobre la economía nacional. La reducción del calado afectó la logística fluvial, elevó costos de transporte y generó impactos sobre sectores estratégicos como la exportación agrícola y energética.
Al mismo tiempo, las inundaciones recurrentes exigen mayores inversiones en infraestructura urbana, sistemas de drenaje, protección de comunidades vulnerables y mantenimiento de caminos, recursos que compiten con otras prioridades del presupuesto público.
Para Paraguay, el desafío económico no pasa únicamente por disponer del recurso, sino por desarrollar infraestructura suficiente para administrarlo de manera eficiente. La expansión urbana, el crecimiento industrial y la llegada de nuevas inversiones aumentarán la demanda sobre los sistemas de agua potable y saneamiento.
En este contexto, la gestión del agua comienza a formar parte de la agenda de competitividad de los países. Las naciones que logren anticiparse con inversiones inteligentes en infraestructura resiliente tendrán mejores condiciones para atraer capital, sostener su producción y reducir los impactos económicos de los eventos climáticos extremos.
El cambio climático dejó de ser solamente un problema ambiental. Se convirtió en una variable económica que afecta costos, inversiones, inflación y planificación empresarial. La próxima gran discusión mundial no será solo quién tiene agua, sino quién tiene la capacidad financiera y tecnológica para garantizarla.
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Los océanos del mundo batieron récord de calor en junio último
Los océanos del mundo registraron el mes de junio más cálido del que se tiene registro y podrían batir nuevos récords en 2026, debido al efecto combinado del fenómeno de El Niño y el calentamiento global, anunció este miércoles el observatorio europeo Copernicus. Según los datos del servicio marino del organismo, la temperatura promedio en la superficie oceánica, que cubre dos tercios del planeta, fue de 20,98°C en junio y batió el máximo previo de junio de 2024 (20,89°C).
El primer semestre de 2026 en su conjunto es el segundo más cálido jamás registrado, solo por detrás de los primeros seis meses de 2024. “Las condiciones actuales podrían indicar el inicio de una nueva fase, que nos llevará, una vez más, a territorio desconocido”, advirtió Carlo Buontempo, director del Servicio Copernicus sobre Cambio Climático, citado en un comunicado.
“Con temperaturas oceánicas en estos niveles y El Niño en el horizonte, es probable que veamos cómo se rompen otros récords de temperatura en los próximos meses”, agregó.
Las temperaturas fueron particularmente altas en junio en el centro y el este del Pacífico ecuatorial, la zona que sufre de lleno el efecto de El Niño, un fenómeno climático natural que calienta las aguas superficiales y provoca episodios de sequía, inundaciones y temperaturas récord en todo el mundo.
Así, el océano Pacífico tropical registró su primer semestre más cálido de la historia (26,91°C). Superó por muy poco el récord anterior establecido en 2016.
“Entre los años más calurosos”
Según los expertos, El Niño —llamado así en referencia al Niño Jesús, ya que el fenómeno se observó por primera vez alrededor de la época navideña— podría convertirse, a finales de año, en uno de los más intensos jamás registrados.
“Con la llegada de un año de El Niño (...), cabe esperar que 2026 figure entre los años más calurosos jamás registrados”, declaró Simon van Gennip, oceanógrafo de Mercator Ocean International, durante una conferencia de prensa virtual.
“Aún es imposible decir por cuánto exactamente”, agregó.
En 2024, el último año hasta la fecha marcado por este fenómeno, la temperatura promedio en la superficie de los océanos había alcanzado un nivel récord de 20,9°C, antes de descender ligeramente al año siguiente, según las estadísticas de Copernicus.
Este fenómeno climático natural, que se repite de cada dos a siete años, se suma a una tendencia más profunda de calentamiento de los océanos debido a la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
De hecho, los océanos desempeñan un papel regulador del clima al absorber el 90 % del exceso de calor generado por las actividades humanas, en particular la quema de petróleo, gas y carbón.
Ola de calor marina
Desde principios de año, el 82 % de la superficie oceánica mundial ha experimentado olas de calor marinas. Y casi la mitad ha sufrido episodios de intensos a extremos.
El océano Pacífico tropical y el mar Mediterráneo se han visto particularmente afectados.
El Mediterráneo, un mar muy sensible a los cambios atmosféricos, ha experimentado oleadas de calor en prácticamente toda su superficie (98 %) durante el primer semestre, y registró una temperatura récord de 24,34°C en junio de 2026.
El noroeste del Mediterráneo, en particular, se vio afectado por una temporada cálida que alcanzó el lunes un pico de intensidad sin precedentes para la zona, con una diferencia promedio de 5,2°C respecto a los valores normales, informó el martes el Instituto de Ciencias del Mar (CSIC), con sede en Barcelona.
Ese organismo destacó que este récord se debió en gran parte a la ola de calor que acaba de atravesar Europa.
Las oleadas de calor marinas ponen a prueba a las especies marinas menos móviles, llegando incluso a provocar mortandades masivas entre corales, erizos de mar o moluscos, entre otros.
“Es importante monitorear estos fenómenos, ya que tienen repercusiones importantes en el clima”, señaló Van Gennip, y agregó que estas altas temperaturas podrían “aportar energía adicional a la atmósfera” para crear “circunstancias favorables” a fenómenos de lluvias extremas.
Fuente: AFP.
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¿Sabías que el bagazo de la caña de azúcar puede convertirse en el envase de tu almuerzo?
Con el desembarco de Bio DP Latam, el sector gastronómico y empresarial ya cuentan con una propuesta de packaging sostenible. La firma ofrece envases en papel, cartón, aluminio y bagazo de caña, impulsando alternativas reciclables, biodegradables y compostables ante la creciente demanda de soluciones más responsables con el ambiente.
Probablemente para muchos el bagazo de la caña de azúcar sea solo un residuo agrícola, sin embargo, para la industria del packaging sostenible esto se está convirtiendo en una de las materias primas más prometedoras del mercado.
Y es que la fibra que queda después de extraer el jugo de la caña, durante años fue considerado un subproducto con usos limitados. Hoy, gracias a la innovación, puede transformarse en vasos, bowls, bandejas, cajas y recipientes capaces de reemplazar a los plásticos de un solo uso.
Lo más sorprendente es que estos envases no son únicamente ecológicos. También están diseñados para soportar condiciones exigentes ya que pueden utilizarse para alimentos calientes o fríos, resistir líquidos, frituras e incluso ser aptos para freezer, microondas u horno, según el producto.
Esta tendencia global ya llegó a Paraguay de la mano de Bio Dp Latam, una firma especializada en packaging sostenible que apuesta por materiales como el papel, el cartón, el aluminio y el propio bagazo para ofrecer alternativas de menor impacto ambiental.
La lógica detrás de esta transformación es convertir residuos en recursos. En lugar de generar más desechos, materiales que antes terminaban descartados pueden reincorporarse a la economía como productos útiles y funcionales.
Para las empresas, además, el cambio responde a una demanda cada vez más fuerte de consumidores que valoran prácticas sostenibles. Para el planeta, significa una oportunidad de reducir la dependencia de materiales de difícil degradación.
Así que la próxima vez que recibas un café, un postre o un delivery en un envase ecológico, quizás estés sosteniendo en tus manos algo que comenzó siendo el residuo de una plantación de caña de azúcar.
Esa es precisamente una de las ideas más poderosas de la economía circular: demostrar que lo que hoy parece un desperdicio puede convertirse en la materia prima del futuro.