En momentos en que la mayoría de los países del mundo empiezan a desescalar las medidas de confinamiento dispuestas a fin de frenar la propagación del COVID-19, un tema clave a solucionar es cómo evitar los contagios en el marco de la normalización de las actividades. La bicicleta puede ser una solución viable para descongestionar el sistema de transporte público.

Por Paulo César López

Los primeros días de la llamada “cuarentena inteligente” se han caracterizado, sobre todo, por la aglomeración de personas en el transporte público, en contra de todas las recomendaciones para evitar los contagios. Las empresas transportistas, que venían amenazando con un paro si no se les otorgaba un subsidio por la merma de usuarios, transgredieron la disposición de que solo pueden llevar pasajeros sentados y con sus correspondientes tapabocas.

Teniendo en cuenta además que el miedo a contraer la enfermedad exacerbará el uso de vehículos individuales en una red vial ya sobrecargada e incapaz de recibir mayor flujo de tráfico motorizado, una opción viable para responder a esta situación de crisis es la bicicleta. Conscientes de esta situación, varios gobiernos del mundo han llamado a sus ciudadanos a utilizar la bicicleta para transportarse diariamente con el fin de evitar las peligrosas concentraciones de personas.

A nivel latinoamericano, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, instó a los ciudadanos que, en caso de que deban salir, lo hagan en bicicleta. En este marco se habilitaron 117 kilómetros de bicisendas a fin de reducir el uso del saturado sistema de autobús TransMilenio, una importante ampliación de la ya existente red de 550 kilómetros de sendas exclusivas para quienes transitan en dos ruedas. En tanto, en Francia la primera medida ha sido la asignación de 50 euros por ciudadano para gastos de reparación de biciclos.

Consultado al respecto, el arquitecto Carlos Zárate, coordinador del área de Teoría y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte de la Universidad Nacional de Asunción, señaló que “ya mucho antes del contexto pandémico, la bicicleta empezó a ser considerada con seriedad en muchas ciudades del mundo, pero las ciudades paraguayas están bastante atrasadas en esa conversación. La bicicleta como medio de transporte tiene ventajas en cuanto a salud, pero también en cuanto a lo económico y a la imagen de la ciudad, sobre todo cuando desplaza la presencia de automóviles que ocupan mucho espacio y contaminan el aire con gases y ruidos. Para poner en marcha iniciativas como estas la municipalidad debe definir una red de circulación, determinar qué vías serán compartidas entre distintas modalidades de transporte y qué vías serán exclusivas para las bicicletas, establecer reglamentaciones específicas así como sanciones y gestionar los recursos necesarios para el acondicionamiento de esas vías”.

No obstante, hace la observación de que la factibilidad depende de la distancia a ser recorrida, ya que para garantizar un uso masivo esta no debería exceder los 15 kilómetros. “La bicicleta se revela conveniente como alternativa de transporte cuando las distancias son menores a cinco o hasta quince kilómetros, cuando no hay necesidad de transportar mucha carga y cuando no es necesario llevar compañía. El caso asunceno tiene algunas particularidades como, por ejemplo, que alrededor del 70% de sus puestos de trabajo están ocupados por personas que residen en ciudades vecinas. No se puede pretender que estas personas recorran en bicicleta 20, 30 o hasta 60 kilómetros a la ida y otros tantos a la vuelta todos los días. Pero sí podemos preguntarnos cuántas de estas personas llegan diariamente a Asunción para seguir trasladándose dentro de ella como parte de su trabajo”, sostiene.

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Un cambio de paradigma

Además de la falta de infraestructura adecuada, Zárate pone el acento en que se requiere un cambio estructural que promueva un cambio cultural y de mentalidad, pues en la mayoría de los casos el ciclista es percibido como una molestia o no se asume que también tiene el derecho de estar en la vía pública.

En este sentido, hay gran cantidad de personas que regularmente hacen ciclismo por diversión o deporte, pero que no dudaría en ir al trabajo en bici si no fuera por el caótico tránsito y la inadecuada infraestructura. Este es el caso de Giovanna Pessolani, quien dice que le encantaría ir al trabajo en su biciclo, pero los caminos están en muy mal estado y en el tránsito domina la ley del mbarete.

Integrante del grupo San Lorenzo en Bici, indica que el tramo del fallido metrobús bien puede adaptarse para la circulación de bicicletas, por lo que de darse el caso no dudaría en emplear este medio para ir hasta Asunción a trabajar.

“Lo ideal sería acá en Paraguay que ese sendero de la mentira mal llamado metrobús se adecue para bicisenda. Sería un ahorro gigantesco y además es más sano y ecoamigable. Pero para eso falta educación y seguridad vial para todos. Desde peatones, ciclistas, motociclistas, vehículos, camiones, buses, todos”, expresa.

De hecho, la bicisenda de Iturbe fue inviabilizada a raíz de que los automovilistas estacionan en la zona pintada a pesar de que los carteles indican que esto está prohibido. En tanto, la ciclovía de Boggiani, además de los vehículos que no respetan la prohibición de giro que rige en muchas cuadras, está tomada por peatones que caminan distraídamente mirando sus teléfonos celulares, dificultando el tránsito por la bicisenda, por lo que muchos ciclistas prefieren bajar a la avenida y circular entre los buses y autos.

Foto: Eduardo Velázquez

La hostilidad de los automovilistas hacia los ciclistas, la falta de infraestructura y la obstrucción de la poca existente son poderosos disuasivos que, no obstante, es posible sortear con no poco coraje y el deseo genuino de abandonar hábitos nocivos como el tabaquismo, entre otros. A más de ello, las autoridades respectivas deberían dedicarse al combate de las emisiones de humo negro, que pueden desmotivar a cualquiera de transportarse en bicicleta, ya que el balance puede terminar siendo negativo si la calidad del aire está por debajo de los parámetros. Asimismo, las empresas deberían otorgar incentivos a sus trabajadores para aumentar el uso de transportes libres de emisiones.

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Un movimiento en auge

A pesar de los múltiples escollos, desde hace un tiempo en Paraguay el movimiento ciclista está cobrando auge no solo en el ámbito de las competencias, entretenimiento u ocio, sino como transporte utilitario para ir al trabajo o cumplir otras obligaciones. Ya se ha hecho sentir en varias ocasiones por sus irrupciones en el espacio público el movimiento Masa Crítica, que promueve el uso de la bicicleta como transporte sustentable y lucha por visibilizar los derechos de los ciclistas exigiendo el respeto entre sus principales reivindicaciones.

Un ciclista emblemático en nuestro medio y que es inspiración para muchos es don Emilio Pereira, de 83 años. A pesar de su edad, sigue transportándose en bicicleta e incluso sigue participando en competencias, al menos hasta el año pasado antes de que todos estos eventos fueran suspendidos. Si bien nació en Uruguay, vive hace más de 30 años en nuestro país.

Sobre cómo podría beneficiar el uso de la bicicleta en un escenario pospandemia, apunta: “Sería importante incentivar la bicicleta porque va a agilizar más. Es más amigable con el ambiente, pero lo que pasa es que se debe respetar. Si se hiciera algo medio bien es importante para la gente que trabaja. El tránsito es el problema, poco se respeta. Yo toda la vida he usado bicicleta, para ir al trabajo y hace más de 40 años que compito. Hay que usar la bici. Incluso es más rápido y no se viaja incómodo apretado en los colectivos. Es especial para trayectos que no son muy largos”.

Respecto a la distancia que hace a diario, explica que hasta antes de la implementación de la cuarenta hacía diariamente 30 a 35 kilómetros y una vez a la semana hasta 40 kilómetros. Añade que “esa costumbre de andar en bicicleta es difícil dejar”, por lo que luego de un breve periodo de entrenamiento, o acostumbramiento, una persona fácilmente puede hacer de 20 a 30 kilómetros por día.

En tanto, José Jara, de 40 años, trabaja como informático en un laboratorio que queda a 6,5 kilómetros de su casa (una distancia parecida a la que existe entre 4 Mojones y el Mercado 4), por lo que diariamente hace unos 13 km de Lambaré a Fernando de la Mora. Variando la velocidad a un promedio de 25 a 40 km/h, dependiendo del tráfico, el tiempo que le lleva recorrer este tramo es de un máximo de 15 minutos.

“Me decidí por la bici hace dos años y medio porque padecía de obesidad. Hice la dieta y el tema era mantener el peso que había logrado. Siempre tuve pasión por la bici, pero ya no podía por la obesidad. Desde ahora mi decisión es la bici toda la vida. Para mí es lo mejor, te mantiene físicamente, no se gasta mucho, es por salud y con este tema del virus que se vino lo mejor es la bici. Entre andar en colectivo, auto o moto, mil veces elegiría andar en bici. Para la movilidad jamás cambiaría a la bici”, asegura.

En efecto, teniendo en cuenta que un adulto sano de 30 a 40 años puede realizar unos 15 kilómetros en menos de una hora, que es lo que deben viajar para llegar al trabajo muchas personas que viven en las ciudades más cercanas del Área Metropolitana (un bus puede tardar hasta más de una hora y media en hora pico), los velocípedos pueden resultar incluso hasta más rápidos. Si le asusta la idea de llegar muy sudado, lo cual además no es de temer, pues reporta numerosos beneficios a la salud, puede tranquilizarse, pues cuando el cuerpo se va adecuando administra mejor la hidratación y se suda menos y hasta casi nada dependiendo de la distancia. Además, puede cambiarse de ropa o tomarse una ducha al llegar.

Ya se ha dicho que la vida no volverá a ser la misma tras esta pandemia. Al menos eso cabe esperar. Por ello, en un escenario pos-COVID se hace fundamental pensar un nuevo modelo de transporte que, además de evitar las aglomeraciones, sea más limpio, rápido y barato.

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