Ante pocos feligreses presentes, pero con miles de personas siguiendo por las redes y los medios de comunicación, el arzobispo metropolitano, monseñor Edmundo Valenzuela, celebró la misa del Domingo de Pascuas en la Catedral Metropolitana.

Indicó que esta situación que vive el país a causa de la pandemia de coronavirus debe ser aprovechada para “renacer de nuestras raíces”, poner de nuevo en la mente y el corazón el Paraguay jaipotáva. “La cuarentena nos hizo bien. Ahora, a vivir y a amar nuestro país y nuestra Iglesia”, analizó.

Agregó que este es el momento de sacar un bien al encierro y aislamiento que el Paraguay está viviendo e instó a aprender de “esta maldita peste”. Agregó que el país siempre supo renacer de sus cenizas y que el nuevo país debe ser construido con la participación de todos.

“Confiamos que las autoridades actuales tienen la magnífica oportunidad de dar el nuevo horizonte al Paraguay y deben asumir este desafío y gastar sus energías mejores para un nuevo futuro del país. El punto de partida deberá ser este principio cívico y moral: no hay desarrollo sin seguridad. No habrá paz social con inequidades y sin justicia”, sostuvo.

Se refirió a la reforma del Estado y aseguró que se tiene que hacer con bases morales y éticas como condición indispensable, así como el “cambio de mentalidad, de actitudes, de valores”.

“Nos damos cuenta de que estamos ante un Estado obsoleto, ineficiente y caro. Pues se necesita que el Estado sea eficiente, ágil, que ofrezca servicios públicos de calidad a la ciudadanía y desarrolle políticas públicas en beneficio de las grandes mayorías, pero, sobre todo, que ofrezca igualdad de oportunidades para todos. Se propone definir el Estado para los tiempos que vivimos y los que vendrán. En lo que se refiere al Estado que las reformas sean permanentes y que alcancen a sus 3 poderes”, aseveró.

Asimismo, dijo que el Estado debe ser firme y que sus autoridades deben tener autoridad moral, brindando seguridad jurídica y personal, servicios públicos de calidad, ejerciendo el debido control a las instituciones públicas de los abusos de poder y protegiendo a los ciudadanos y consumidores de los abusos del sector privado en el mercado.

Criticó a los que reciben jugosos salarios y se refirió a la falta de trabajo que aqueja a hombres y mujeres de los sectores rurales y semiurbanos. Instó a fortalecer la agricultura familiar campesina y solucionar la formalización de la tenencia y la propiedad de la tierra, rural y urbana, en Paraguay.

“Es imperioso, por inmoral, un ajuste general de los salarios del sector público. Con todo hay que priorizar los salarios de docentes, del personal de blanco y de las fuerzas públicas”, añadió.

Sostuvo que el Paraguay tiene la oportunidad de combatir a la pobreza, ofreciendo igualdad de oportunidades para todos, trabajando con sectores vulnerables y logrando un empleo digno para todos, con salario, acorde al trabajo realizado.

Se refirió además a la necesidad mejorar el combate a la corrupción, que haya “justicia para todos e impunidad para nadie” recordando que todos debemos ser uno ante la ley. “Una justicia valiente e independiente de poderes exógenos. Se exige el coraje diario y personal de magistrados, fiscales y defensores públicos”, sentenció.

En las parroquias y catedrales del país, la celebración se realizó del mismo modo, con poca gente y mediante transmisiones por las redes sociales. No obstante, el mensaje de la Pascua de Resurrección fue entregado a los fieles mediante el uso de la tecnología.

Los templos permanecieron cerrados en plena Pascua de Resurrección. Foto. Nadia Monges




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