El Ministerio de Justicia a través de la Dirección General de Derechos Humanos participó de una reunión interinstitucional a fin de elaborar un anteproyecto de ley que reconoce a la población afrodescendientes del Paraguay como una minoría étnica que aportó a la construcción de la Nación.
El anteproyecto de Ley “Que reconoce a la Población Afrodescendientes del Paraguay como una minoría étnica e incorpora el legado de las Comunidades Afrodescendientes en la Historia, su participación y aportes en la conformación de la Nación en diversas expresiones culturales (Arte, Filosofía, Saberes, Costumbres, Tradiciones y Valores” será elaborado con la participación activa de los integrantes de la Asociación Kamba Cuá.
El documento contará además con el aporte de la Dirección General de Derechos Humanos del MJ, la Dirección General de Currículum del Ministerio de Educación y Ciencias, la Secretaría Nacional de Cultura y de la Asociación Kamba Cuá.
Desde los orígenes
Se conoce como afroparaguayos a los ciudadanos de la República del Paraguay con orígenes en el África negra.
Al igual que en el resto del continente americano, los afroparaguayos son en su gran mayoría descendientes de los pobladores negros traídos en calidad de esclavos para realizar el trabajo pesado, como trabajar las tierras, así también como servidumbre.
Históricamente, la población negra en Paraguay nunca fue muy numerosa. Sin embargo, hacia finales del período colonial, la población afroparaguaya rondaba el 11% de la población total, la mitad de ellos, concentrándose en Asunción, la capital del país.
La mayoría de ellos residen en las comunidades de Kambá Kua de Fernado de la Mora (Gran Asunción) ; Kambá Kokue en las fuera de Paraguarí, y la ciudad de Emboscada. En la actualidad, la población afroparaguaya representa el 2% de la población total del país.
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Paraguay, un país pequeño con un alma enorme: las razones para sentirnos orgullosos de ser paraguayos
Hay algo que quienes visitan Paraguay suelen decir casi de inmediato: “La gente es diferente”. No tardan en destacar la calidez, la hospitalidad y esa manera tan particular de hacer sentir a cualquiera como en casa.
Pero la identidad paraguaya va mucho más allá de un buen tereré o una chipa caliente. Está construida sobre una mezcla de historia, cultura, tradiciones y valores que hacen del Paraguay un país único.
La Albirroja: el reflejo de un país que nunca se rinde
La Selección Paraguaya es el mejor reflejo de la esencia de nuestro pueblo. La histórica actuación en el Mundial 2026 volvió a demostrar la famosa garra guaraní: un equipo que nunca se rinde, que lucha hasta el último minuto y que representa con orgullo los valores de esfuerzo, humildad y resiliencia que caracterizan a los paraguayos.
Detrás de cada camiseta albirroja hay historias de sacrificio, familias trabajadoras y sueños construidos con perseverancia. Por eso, cuando la Albirroja salta a la cancha, no solo representa a once futbolistas, sino a todo un país que encuentra en ellos el reflejo de su identidad y una razón más para sentirse orgulloso de ser paraguayo.
Dos idiomas y un tercero que solo entendemos nosotros
Paraguay es uno de los pocos países del mundo donde dos idiomas oficiales conviven de manera natural: el español y el guaraní. Sin embargo, en el día a día existe un tercero que representa la esencia del paraguayo: el jopara, esa mezcla espontánea de español y guaraní que nace en una misma conversación y que cambia de frase en frase sin que nadie tenga que pensarlo.
No importa la profesión, la edad o la condición social. En Paraguay es común escuchar un “mba’éichapa”, un “eju”, un “na”, un “piko”, un “rohayhu”, un “ha upéi” o un “iporã” en medio de una conversación en español. Recientemente, el país tuvo como lema “ndaipori kyhyje”, que significa “no hay miedo”. El guaraní no es solamente un idioma: es una forma de sentir.
El cariño también se habla
Otra característica muy paraguaya es la manera de dirigirse a los demás. En Paraguay es habitual escuchar expresiones como “che reina”, “che rey”, “che amigo”, “che hermana”, “jefecito”, “patronita”, “doña”, “don”, “mi socio”, “mitã’i”, “abuelita”, “mami” o “papi”, incluso entre personas que apenas se conocen.
Los diminutivos forman parte del habla cotidiana y convierten cualquier conversación en algo más cercano. El paraguayo tiene una facilidad especial para romper el hielo con una sonrisa y una palabra amable.
El tereré: mucho más que una bebida
Si existe un símbolo nacional capaz de reunir generaciones, ese es el tereré. No importa si hace 20 o 40 grados de temperatura. Siempre aparece un termo, una guampa y una ronda de amigos, familiares o compañeros de trabajo.
Compartir el tereré es compartir tiempo. Es escuchar, conversar, hacer una pausa y fortalecer vínculos. Por eso muchos dicen que el tereré es la red social más antigua del Paraguay.
Tradiciones que iluminan los pueblos
Las fiestas populares conservan costumbres que siguen emocionando generación tras generación. En las celebraciones de San Juan todavía sobreviven espectáculos como el Judas Kái, donde se quema un muñeco que simboliza el fin de lo malo; el Toro Candil, que recorre las calles con fuego y música despertando risas y adrenalina; y el inconfundible Kamba Ra’anga, personaje enmascarado que anima las fiestas con bailes, bromas y travesuras.
A estas tradiciones se suman los juegos típicos, las comidas tradicionales, la música paraguaya y la participación de toda la comunidad, que convierte cada fiesta en un encuentro familiar.
Solidaridad que aparece cuando más se necesita
Hay una palabra que define muy bien al paraguayo: solidaridad. Cuando ocurre una inundación, un incendio o una enfermedad, rápidamente aparecen las comilonas, polladas, tallarinadas, hamburgueseadas, rifas y colectas para ayudar.
Vecinos que quizás nunca habían hablado terminan organizándose para reconstruir una vivienda o asistir a una familia. La ayuda comunitaria forma parte del ADN del país.
Humildad y garra
Los paraguayos también son reconocidos por su capacidad para sobreponerse a las dificultades. La palabra “garra guaraní” no nació por casualidad. Es una forma de describir esa perseverancia que aparece tanto en el deporte como en el trabajo, el estudio o la vida cotidiana.
Muchos de los futbolistas que hoy brillan en las mejores ligas del mundo crecieron en barrios humildes o comunidades del interior, y aun después del éxito siguen regresando a sus escuelas, compartiendo con sus vecinos o apoyando causas sociales. La humildad sigue siendo uno de los valores más admirados.
La familia siempre primero
En Paraguay, la familia ocupa un lugar central. Los almuerzos de domingo, las reuniones improvisadas, los cumpleaños multitudinarios, las visitas sin previo aviso y el respeto por los abuelos siguen siendo costumbres profundamente arraigadas.
Siempre hay un plato más en la mesa para quien llegue de sorpresa. Y nadie se va sin comer.
La riqueza del interior
Hablar de Paraguay también es hablar del interior del país. De la tierra colorada, los caminos rurales, las casas con amplios corredores, las hamacas bajo los árboles, los atardeceres tranquilos y las plazas donde todavía los niños juegan hasta que cae la noche.
Es un país donde conviven la modernidad de las ciudades con tradiciones que permanecen intactas en cientos de comunidades.
Identidad enorme
Quizás la mayor fortaleza del Paraguay sea precisamente esa mezcla de sencillez y orgullo. Un pueblo bilingüe que conserva una de las lenguas indígenas más vivas del continente; que recibe al visitante con una sonrisa; que convierte cualquier encuentro en una ronda de tereré; que celebra sus tradiciones con alegría y que nunca olvida tender una mano al que más lo necesita.
Porque ser paraguayo no es solamente haber nacido en esta tierra. Es llevar el guaraní en el corazón, abrir las puertas de la casa sin preguntar demasiado, emocionarse con una polca o una guarania, celebrar las fiestas populares, enfrentar las adversidades con garra y demostrar, todos los días, que la mayor riqueza del país sigue siendo su gente.
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Patrimonio cultural: lo que Paraguay está a tiempo de no perder
Entre el crecimiento urbano, globalización y cambios culturales, el desafío ya no es solo preservar el patrimonio, sino evitar que desaparezca silenciosamente.
Cada 27 de abril, Paraguay conmemora el Día del Patrimonio Cultural. Pero más allá de la fecha, la discusión de fondo es qué parte del país sigue viva en su identidad y cuál está en riesgo de desaparecer.
El patrimonio cultural no se limita a monumentos o sitios históricos. También incluye tradiciones, saberes, expresiones artísticas y formas de vida que se transmiten de generación en generación. Es, en esencia, lo que define la identidad de un país.
Sin embargo, ese patrimonio no es estático. Y hoy enfrenta presiones concretas con el avance de las ciudades, los cambios en los hábitos de consumo y la influencia global que están reconfigurando la forma en que se vive y se transmite la cultura.
En ese contexto, el riesgo no siempre es visible, ya que no se trata solo de la pérdida de edificios históricos, sino de algo más profundo: de tradiciones que dejan de practicarse, de oficios que no encuentran relevo, de saberes que no se documentan.
La pérdida del patrimonio suele ser silenciosa, progresiva y, muchas veces, irreversible. El patrimonio cultural también tiene un valor económico que suele subestimarse.
Sectores como el turismo, la gastronomía, la artesanía, y las industrias creativas, dependen directamente de ese capital cultural. Cuando se preserva y se pone en valor, el patrimonio no solo fortalece la identidad, sino que genera oportunidades, empleo y desarrollo local.
Pero para que eso ocurra, debe dejar de verse como algo decorativo y empezar a entenderse como un activo estratégico. La conmemoración del Día del Patrimonio Cultural tiene un objetivo claro, el de generar conciencia.
Sin embargo, el desafío es avanzar hacia una gestión más activa: proteger, documentar, transmitir, integrar al desarrollo. Es decir, pasar de la intención a la acción.
En un escenario de transformación constante, Paraguay enfrenta una tensión inevitable, el cómo crecer sin perder aquello que lo hace único.
El patrimonio cultural no es solo memoria. Es también presente y futuro, y en esa ecuación, el tiempo juega un rol clave, porque en muchos casos, lo que no se protege hoy, mañana ya no está.
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Gobierno activa protocolo de seguridad en embajadas ante conflicto bélico
El gobierno dispuso medidas especiales de seguridad interna y se encuentra en alerta ante la coyuntura internacional y el conflicto bélico en Medio Oriente.
El operativo es liderado por el Ministerio del Interior y la Policía Nacional para garantizar el resguardo ante eventuales amenazas en embajadas, sinagogas y colegios, así como en la zona de la Triple Frontera.
En diálogo con La Nación/Nación Media, Denis Romero Roa, asesor de Comunicaciones del Ministerio del Interior explicó el alcance de la disposición gubernamental.
“El Ministerio del Interior a través de la Policía Nacional ha implementado un dispositivo de seguridad a nivel nacional, en la embajada de Israel, en las sinagogas, en los colegios y en las sedes de los países aliados”, refirió.
Explicó que “la medida responde a una línea de acción regional ante el actual escenario de tensión internacional”.
Es así que se activaron los protocolos para garantizar el resguardo interno y mantener el estado de alerta permanente.
“Este dispositivo de seguridad es de carácter nacional, copiando las medidas de los demás países de Latinoamérica”, puntualizó.
Así también, se estableció un control migratorio en la Triple Frontera.
“Se coordinó con el Departamento de Migraciones y también la Policía Nacional que están haciendo un control no así extenso, pero sí está en estado de alerta pasivo, donde estamos controlando los principales ingresos al país”, remarcó.
Aclaró que estas medidas se activaron desde el momento en que se desató el conflicto en la zona del Golfo Pérsico.
“El ministro del Interior dio la autorización a través del minuto uno, o sea cuando empezaron los conflictos. Se mantuvo en un perfil bajo, no se hizo ningún comunicado referente por parte del Ministerio del Interior, sino que se tomó como algo operativo, proteger y tratar de poner dispositivos de control en todos los lugares ya sea embajadas, colegios, tanto de Israel como de los países aliados”, enfatizó.
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João, el niño brasileño que se “paraguayizó” en dos meses y conquistó las redes
Lo que comenzó como la llegada de una familia brasileña en busca de una nueva vida terminó teniendo un protagonista inesperado: João Maurício. El niño se volvió viral tras aparecer en un video grabado al pisar Paraguay por primera vez, hablando en portugués y observando con curiosidad el país que, sin saberlo, pronto sentiría como propio.
Hoy, apenas unos meses después, su historia refleja un proceso de adaptación que sorprendió incluso a propios y extraños.
João llegó a Encarnación junto a su familia —Rodrigo, abogado especializado en derecho inmobiliario y corredor de propiedades; Tayane, contadora, empresaria y madre educadora, y su hermanita, María Thereza— que decidió dejar Brasil para comenzar una nueva etapa en Paraguay.
En un principio, el plan era vivir en una casa rodante, pero la experiencia con la pequeña María Thereza los llevó a cambiar de rumbo. Actualmente, están vendiendo el vehículo que fue su hogar.
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Una adaptación que llamó la atención
El cambio cultural fue especialmente visible en João. En pocas semanas comenzó a incorporar el español con naturalidad y a familiarizarse con las costumbres locales.
A los dos meses de su llegada, ya vestía la camiseta de la selección paraguaya, tomaba tereré y se comunicaba con soltura, una muestra espontánea de integración.
El contraste con su primer video —donde se lo veía recién llegado, hablando únicamente en portugués— potenció el interés en redes sociales y convirtió su historia en un ejemplo de adaptación infantil.
Educación distinta, vida distinta
João y su hermana María Thereza reciben educación en el hogar, una modalidad elegida por sus padres para acompañar más de cerca el proceso de aprendizaje.
Desde su cuenta de Instagram, la familia comparte fragmentos de su vida cotidiana en Paraguay, resaltando las diferencias con Brasil y promoviendo el país como un destino atractivo para quienes buscan otro estilo de vida.
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La mirada de quienes llegan
Sin proponérselo, João se transformó en un símbolo de cómo los niños pueden integrarse con rapidez cuando el entorno es favorable. Su naturalidad para adoptar nuevas costumbres y su entusiasmo por la cultura local generaron empatía.
Historias como la suya vuelven a destacar el magnetismo que Paraguay ejerce sobre familias extranjeras que deciden comenzar de nuevo. Pero también funcionan como un espejo: a veces hace falta la mirada fresca de quien llega para recordar el valor de lo propio.
En Encarnación, João no solo encontró un nuevo hogar. También, casi sin darse cuenta, empezó a construir una identidad que combina dos culturas y demuestra que las fronteras pueden ser mucho más flexibles de lo que parecen.