El 12 de agosto de 1934, el as de la aviación boliviana Rafael Pabón Cuevas y su copiloto, el subteniente Mario Calvo, encontraron la muerte en el chaco paraguayo.

Pabón Cuevas pilotaba un avión artillado y había divisado a una aeronave paraguaya en vuelo de reconocimiento.

Como – según versiones – lo atizaba el impuso de ganar su tercera diadema – ya había derribado a dos aviones paraguayos, aunque hay alegatos de que fue solo uno –, Pabón se lanzó al trabajo de cualquier aviador en combate: abatir al enemigo.

Solo que el piloto paraguayo Capitán PAM Carmelo Peralta y su acompañante, el Teniente 1º Rogelio Etcheverry, habrán estado decididos a vender cara su derrota. Se dice que Etcheverry aprovechó la decisión del mayor boliviano que, antes de atacarlo, se entretuvo en hacer piruetas alrededor de él.

En ese trance, Etcheverry, armado con un fusil, disparó desde su aeronave de reconocimiento contra el avión artillado que se le venía encima.

Contra todo pronóstico, el Curtiss-Wright Osprey de Pabón acusó el impacto y se precipitó a tierra sin mucha ceremonia. Las versiones dan cuenta de que Pabón y su copiloto Mario Calvo saltaron de su avión, pero no se accionaron sus paracaídas por lo que fallecieron al estrellarse contra el suelo chaqueño.

Hoy, casi 84 años después de ese hecho, se confirmó el hallazgo de la nave que pilotaba Pabón.

El primer anuncio lo hizo un ganadero de una zona a 210 kilómetros del centro urbano de Fuerte Olimpo y a 800 kilómetros de Asunción, precisó la Agencia de Información Paraguaya (IP).

El historiador Antonio Luis Sapienza ratificó el descubrimiento, tras una visita al sitio en compañía del senador Arnoldo Wiens y de Carlos Peralta, nieto del aviador paraguayo Carmelo Peralta, y uno de los artífices de la hazaña del derribo de Pabón.

La propia agencia de noticias EFE se hizo eco de la información, precisando que "Sapienza explicó que esos datos se conocieron gracias a que entre los restos se han encontrado piezas con el nombre del motor y de la aeronave”.