Desde hace un mes, el mini jardín con casitas en miniatura, se erige en plena avenida, la que une Luque y Aregúa, rodeada de follajes que datan sobre la naturaleza todavía reinante en las inmediaciones. Por Adriana Zacarías (adriana.zacarias@gruponacion.com.py).
La afición por sus pintorescas calles y arquitectura colonial que conserva y su dedicación al arte hace 40 años, lo han llevado a manifestar con distintos elementos y soportes, como una suerte de homenaje, a la antigua ciudad.
Objetos de uso cotidiano fueron devenidos en antigüedades invaluables y exhibidos en este museo. Algunas son piezas únicas y exclusivas de autoría de su madre. Las suyas están bajo el apelativo “Grillo”.
En un ameno y modesto recorrido, relata con pasión el origen de casa una de las piezas, entre ellas arqueológicas y anécdotas que lo condujeron a dejar reposar las obras en este museo, donde convergen tallados, piedras, madera, óleo, pintura, grabados, madera, hierro, yeso, barro, con temáticas muy contemporáneas, así como muy antiguas.
El propietario, Guillermo Spinzi (61), es hijo de la artista y literata consagrada Lucy Mendonca de Spinzi, quien hoy tiene 85 años, de quien asegura fue su gran inspiración. Tiene dos hijas, la menor es abogada y la mayor pediatra, y su esposa es médica.
“En Areguá vas a encontrar un montón de murales de barro. Yo soy el creador hace 30 años. Tengo 150 modelos”, precisa al tiempo de mostrar alrededor de diez miniaturas.
Un museo abierto y heterogéneo
“Es Aregúa, la iglesia que está en la loma y las casitas de arcilla que descienden, las flores son botón de oro, labios de señorita. De noche a veces no puedo dormir pensando que los muchachos van a robar. Esto está hace una semana, gasté G.125.000 en flores”, dice a La Nación entre risas, considerando que el jardín se encuentra a la intemperie.
En la misma entrada se erige una escultura rescatada de la iglesia de Areguá, pues según cuenta estaba destinada a ser escombro. La casa museo bastante fresca, con características del barro tradicional con el que se construían antes las casas, alberga una cascada muy simbólica, hecha de barro y arcilla.
“Estas son las piezas que hizo mi mamá”, comenta, señalando con orgullo al pesebre más famoso de todo el mundo. “Hace diez años murió el secretario de mamá y nunca más se hizo”, agrega.
“Mamá hace cinco años que se quedó ciega y no aceptaba esa realidad”, exclama, indicando más obras en arcilla hechas por llega luego de perder la vista. Las piezas prehistóricas con cerca de 5000 años, fueron encontradas en distintos rincones del país.
Una colección de botellas de todas las medidas y formas se dispersan dentro de un armario, lo cual describe con entusiasmo. “Tengo 170 candados antiguos, fijate lo que es”, apunta, algunas incluso recuperadas de cementerios lejanos.
Por último, menciona que vivir del arte es muy difícil. “El artesano no puede sentarse cuatro o cinco horas a investigar. Qué va a comer mientras tanto”, acota.