El Servicio de Justicia y Paz (SERPAJ), organización por los derechos humanos, manifestó este miércoles su preocupación sobre la importancia de tener herramientas pedagógicas necesarias en el sistema educativo nacional, para la prevención, mecanismos de autocuidado y protección de las niñas y los niños del Paraguay.
A través de un comunicado, indicaron que es urgente como sociedad poner fin a la violencia hacia la niñez y la adolescencia, en todas sus formas, teniendo en cuenta que en nuestro país todos los días nacen bebés de niñas de entre 10 y 14 años de edad, que en su mayoría han sido víctimas de abusos sexuales, según aseguraron.
En esa línea, instaron al Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) a orientar sus acciones hacia la profundización de las causas sociales que subyacen en la normalización de la violencia hacia la niñez y el abuso.
Enfoque de Derechos Humanos
"Deben tomar medidas educativas sobre una base científica y con enfoque de derechos humanos, que permitan brindar herramientas según del desarrollo evolutivo de la niña y niño", señala el texto publicado.
Puntualizaron desde esta sociedad civil que es prioritaria una educación de calidad, pública, diversa y democrática, sustentada en la carta de principios de los derechos humanos.
"El derecho a la educación no es un derecho a cualquier educación, menos sesgada por valores propios del ámbito privado o basadas en creencias no científicas", afirman.
Finalmente, menciona el comunicado que ocultar material educativo no modifica la realidad ni esconde la situación de la niñez y adolescencia en Paraguay. "Es tiempo de romper el oscurantismo de la educación paraguaya", concluye.
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La escuela agrícola que transforma la leche en productos de alto valor
Por: Antonella Mateu
Con producción artesanal, formación técnica y premios internacionales, la quesería de la Escuela Agrícola Cerrito demuestra cómo la educación puede convertirse en una unidad productiva con identidad propia, empleo de capacidades y potencial de mercado.
De 300 a 1.500 litros de leche. En Cerrito, Benjamín Aceval, el aprendizaje también se mide en kilos de queso. La quesería de la Escuela Agrícola Cerrito, dependiente de la Fundación Paraguaya, combina formación práctica y producción con una apuesta por agregar valor a la materia prima local.
Bajo la dirección del maestro quesero Ricardo Negrete, los estudiantes participan en las distintas etapas del proceso de producción de queso. Según explicó el ingeniero en alimentos Carlos Penayo, la fábrica pasó de trabajar con una tina de 300 litros a otra con capacidad de 1.500 litros, un salto que amplía su escala productiva.
Actualmente, elaboran quesos dos veces por semana, los martes y jueves, y producen aproximadamente 120 kilos semanales. Como la leche del establecimiento no alcanza para cubrir la demanda, complementan el abastecimiento con compras a dos proveedores de la zona.
Una escuela que produce y compite. La fábrica funciona también como aula, ya que los estudiantes de distintos cursos aprenden sobre higiene, manipulación de alimentos, elaboración, corte, envasado y etiquetado. Los alumnos más avanzados cumplen el rol de monitores y acompañan a sus compañeros de niveles inferiores.
La propuesta conecta educación y actividad económica para formar jóvenes con conocimientos técnicos mientras se desarrolla una línea de productos con identidad y calidad diferenciada.
Medallas que abren mercado. El Queso Azul Cerrito es el emblema de la marca. Ganó una medalla de oro en el Concurso Internacional de Quesos del Nuevo Mundo, en Chile, y se distingue por su sabor intenso. Su maridaje recomendado incluye miel local o mermelada de locotes.
El Queso Ibérico Cerrito, elaborado con leche de vaca y cabra, también obtuvo múltiples medallas de bronce en esa competencia, en distintas categorías.
La oferta incluye quesos tiernos y madurados, además de bondiolas, grisines y dulces artesanales. Los productos se comercializan en la recepción del Hotel Cerrito y en los supermercados Casa Rica y Superseis.
Más que una especialidad gastronómica, Cerrito construye un modelo donde la capacitación y la producción con valor agregado pueden convertirse en una oportunidad de negocio.
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Joven paraguaya ingresa becada a Stanford para estudiar Ciencias de la Computación
La joven paraguaya Alessia Digalo Villagarcia, de 18 años y oriunda de Asunción, logró una beca completa para cursar la carrera de Ciencias de la Computación en la prestigiosa Stanford University, en Estados Unidos. Tras haber sido admitida también con cobertura total en Brown University, la estudiante ya se encuentra instalada en el campus de Stanford para dar inicio a sus estudios universitarios, manifestando su meta de retornar a futuro al país para impulsar el desarrollo tecnológico nacional y generar oportunidades para las nuevas generaciones.
A lo largo de su etapa escolar, la joven desarrolló una sólida trayectoria científica articulando investigación, tecnología e inclusión social. Entre sus iniciativas más destacadas sobresale la creación de un biocompuesto elaborado a base de yerba mate reutilizada y aserrín para la fabricación de juguetes 100 % compostables, proyecto galardonado con el primer puesto en la feria latinoamericana MOSTRATEC 2023 en Brasil y en el Premio Nacional Juvenil de Ciencias Pierre et Marie Curie 2024.
En el ámbito de la divulgación digital, es autora e ilustradora de un libro de 180 páginas que enseña programación desde cero en el lenguaje Python, distribuido de forma gratuita para eliminar barreras económicas de acceso a la tecnología. Asimismo, fundó la iniciativa STEM Rekové, mediante la cual distribuyó kits educativos y ofreció talleres científicos a niños de comunidades vulnerables, además de organizar campañas de donación de libros y materiales pedagógicos de libre acceso.
Labor educativa y social
Con el propósito de democratizar la investigación juvenil, impulsó la Revista Internacional de Jóvenes Investigadores (RIJI), publicación científica trilingüe gestionada por estudiantes de secundaria que ya acumula cuatro ediciones y más de 11.000 lecturas globales, declarada de interés nacional por la Cámara de Diputados en 2025. En el área tecnológica con enfoque social, diseñó un brazalete inteligente vinculado a una aplicación móvil para reportar situaciones de acoso escolar en tiempo real, obteniendo el segundo puesto en la feria Ciencap Milset 2024.
A estas innovaciones se suma la creación del movimiento “Voces Contra el Bullying”, propuesta que combina talleres semanales, elaboración de materiales de concientización y la instalación de buzones físicos y virtuales para recepcionar mensajes anónimos de apoyo dirigidos a estudiantes en situación de vulnerabilidad. Esta labor fue respaldada con la entrega del Premio Nacional de la Juventud 2025 en la categoría Ciencia, Tecnología, Innovación y Mérito Académico, otorgado por la Secretaría Nacional de la Juventud.
Con el inicio de su formación académica superior en los Estados Unidos, la joven revalida la calidad del talento científico emergente en Paraguay y proyecta consolidar sus conocimientos técnicos en el ámbito de las Ciencias de la Computación. Su recorrido abre camino para el fortalecimiento de la educación científica nacional, conectando las necesidades comunitarias locales con la innovación de vanguardia global.
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Exviceministra propone conectar educación, empleo y salud frente a los desafíos de la IA
“Un joven no vive dividido en ministerios. Es simultáneamente estudiante, trabajador potencial, miembro de una familia, ciudadano y persona con necesidades afectivas, económicas y de salud”, afirmó la Dra. María del Carmen Giménez, miembro de la Junta Directiva del Instituto de Desarrollo del Pensamiento Patria Soñada (IDPPS). Con esta premisa, la exviceministra de Educación Básica sostiene que la respuesta del país ante la transformación digital y la inteligencia artificial debe articular las áreas de educación, empleo, salud y protección social mediante un enfoque sistémico e intersectorial.
La especialista advirtió que, si bien la IA puede democratizar el conocimiento y acortar distancias, también conlleva el riesgo de profundizar las brechas de desigualdad existentes. Quienes poseen una base sólida aprovechan la herramienta para investigar y producir, mientras que los sectores vulnerables corren el riesgo de no poder evaluar críticamente los contenidos. En ese contexto, la educadora enfatizó la necesidad de fortalecer primero el pensamiento crítico y la comprensión: “Claramente tener acceso a tecnología no significa necesariamente saber utilizarla para pensar”, sostuvo.
Ante este panorama, la propuesta del IDPPS contempla una agenda estratégica de cinco a diez años enfocada en garantizar los aprendizajes fundamentales desde la primera infancia y en establecer mecanismos continuos de nivelación. Respecto a los procesos de acompañamiento académico y la prevención de la deserción escolar, Giménez subrayó la necesidad de aplicar una estrategia rigurosa y dinámica: “si un niño no aprende, lo detectamos; si lo detectamos, intervenimos; si la intervención no funciona, cambiamos la estrategia”, expresó.
Una estrategia nacional
Asimismo, el plan plantea el desarrollo de una estrategia nacional de capacidades para toda la vida, vinculando la formación técnica y universitaria con las demandas productivas del país. Sobre la jerarquización de las carreras operativas y tecnológicas, la profesional indicó que “la formación técnica debe ganar escala y prestigio”. Además, insistió en que el objetivo de las políticas públicas debe trascender la mera inserción laboral inicial: “No debemos preparar solamente trabajadores; debemos preparar personas capaces de construir una vida”, manifestó.
En cuanto al trabajo en el aula, la experta propone rediseñar los procesos pedagógicos para que la tecnología actúe como un insumo analítico y no como un sustituto del esfuerzo intelectual. Para guiar el uso responsable de la inteligencia artificial entre estudiantes y docentes, recomendó seguir un criterio metodológico claro: “primero pienso; después uso la herramienta; finalmente vuelvo a pensar sobre lo que la herramienta produjo”. Esta perspectiva busca que los estudiantes argumenten, diseñen y defiendan sus conclusiones de forma autónoma.
El instituto insta a las instituciones educativas y a la sociedad a evaluar el impacto real de la formación más allá de la obtención de títulos académicos. Para la doctora Giménez, el verdadero desafío radica en convertir las políticas en aprendizajes prácticos que doten a las personas de autonomía, habilidades digitales y criterio propio. “El desafío es responder con qué sale realmente una persona de aquí, además del título”, concluyó, reafirmando la necesidad de formar ciudadanos capacitados para resolver problemas y adaptarse activamente a un entorno global dinámico.