8 de diciembre de 2022 14:43

Caacupé, un camino marcado por el calor, la perseverancia, el cansancio y la fe

Cuando llega la hora de caminar se buscan los zapatos más cómodos. Para los más pudientes serán los calzados deportivos, mientras que para aquellas personas son menos recursos es la zapatilla, aunque bastante endeble, ayuda a que el caliente pavimento no saque ampollas en la planta de los pies. Los peregrinos se preparan con cierta antelación. Algunos tienen listo sus equipos de termo de tereré, otros solo llevan agua. Un sombrero, kepis, alguna ropa de mangas largas quizás formen parte del atuendo que se se usará ese día. No es necesario que sea elegante, es preciso que sea cómodo. Todos los años un importante número de fieles católicos se vuelcan a la capital de la fe, Caacupé. Desde finales de noviembre los promeseros se organizan para cumplir con su cita con la Virgen de los Milagros, la que en algún momento les concedió una gracia o un milagro, escuchando así la súplica de los devotos.Los que han peregrinado saben que este acto de fe no es meramente una caminata. Aunque se trata de tan solo unos kilómetros desde Ypacarai hasta la basílica, ese andar no siempre es fácil, ya sea por las condiciones climáticas o por el peso mismo de la promesa. La mayoría de los peregrinos van acompañados de familiares, amigos, o compañeros de trabajo. Algunos se aventuran a llevar niños, aunque no está recomendado, así como tampoco está recomendado que vayan los adultos mayores, aunque estos son los más fieles a la hora de cumplir sus promesas.

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