Tierra, agua, aire y fuego. Cuatro elementos que dialogan en las manos de las mujeres de kambuchi apo, guardianas de un saber ancestral que transforma el barro en identidad. Hoy, ese legado encuentra nuevos espacios a través de Keiki, con macetas que llevan cultura y tradición en cada forma.
Cada pieza nace del conocimiento profundo de la naturaleza y de un proceso transmitido de generación en generación. Vicenta Rodríguez es una de las artesanas que heredó de su madre esta práctica. Desde niña acompañó la búsqueda de la arcilla en el estero, la preparación del material y el aprendizaje paciente de cada etapa. Para ellas, no se trata solo de moldear barro, sino de preservar memoria y territorio.
EL ÑAI’Û
El proceso comienza con la preparación del ñai’û, respetando tiempos y textura. El amasado se realiza con los pies hasta alcanzar la consistencia adecuada, luego se modela la base y la panza del kambuchi.
Tras el secado inicial, se da forma al juru, utilizando hoja de guayaba para lograr el acabado tradicional. El secado natural antecede a la cocción, donde el fuego cumple su papel transformador. Finalmente, el bruñido con piedra lisa aporta brillo y resistencia, consolidando una obra viva.
PROYECCIÓN
Cada maceta representa horas de trabajo minucioso y una herencia cultural que trasciende lo utilitario.
Son piezas que contienen historia y reflejan el vínculo entre comunidad y naturaleza. A través de su colaboración con artesanas de kambuchi apo, Keiki impulsa la proyección de esta tradición hacia nuevos escenarios, contribuyendo a que el patrimonio cultural paraguayo no solo se conserve, sino que continúe evolucionando y dialogando con el presente.

