La calificadora inter­nacional S&P Glo­bal Ratings publicó un material con preguntas frecuentes sobre el reciente ascenso de Paraguay al grado de inversión, destacando los factores económicos e insti­tucionales que impulsaron la mejora de la calificación soberana.

El 17 de diciembre de 2025 la agencia elevó la nota de largo y corto plazo en moneda local y extranjera a BBB- desde BB+ y a A-3 desde B, respec­tivamente, manteniendo una perspectiva estable.

Según la nota, el principal fundamento de la mejora fue el historial de estabili­dad macroeconómica y polí­ticas favorables al mercado, elementos que fortalecieron la resiliencia económica y elevaron la confianza de los inversionistas.

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La calificadora también resaltó el aumento de la inversión extranjera directa y la diversificación productiva, factores que podrían mejorar las perspectivas económicas de mediano plazo y ampliar la base exportadora.

En cuanto a los fundamen­tos crediticios, S&P señaló que Paraguay permaneció durante años en la categoría BB, hasta subir a BB+ en 2024 y posteriormente alcanzar el grado de inversión en 2025.

La mejora respondió al for­talecimiento institucional, económico, fiscal y moneta­rio, que compensó el aumento de la deuda pública registrado en la última década, especial­mente durante la pandemia.

Respecto al desempeño fis­cal, la calificadora proyecta que en 2026 el país alcanza­ría la meta de déficit fiscal de largo plazo de 1,5 % del PIB, mientras que la deuda neta del Gobierno podría redu­cirse a 24 % del PIB en 2027 desde el 26 % registrado en 2024. Este proceso, sumado a una mayor credibilidad monetaria, favorecería el financiamiento en moneda local y reduciría vulnerabi­lidades externas.

El texto también subraya cambios estructurales en la economía paraguaya, con menor dependencia del sec­tor primario y mayor peso de la industria manufacturera y la maquila, lo que ha contri­buido a suavizar la volatilidad económica. A esto se suma el potencial impacto de gran­des inversiones, como el pro­yecto de celulosa de Paracel, que podría representar cerca del 9 % del PIB en los próxi­mos años.

Finalmente, S&P considera que futuras mejoras en la calificación dependerán de un mayor crecimiento eco­nómico per cápita, la atrac­ción sostenida de inversiones, la diversificación productiva y la reducción de la exposición a deuda en moneda extranjera, factores clave para consoli­dar la estabilidad macroeco­nómica y fortalecer el perfil financiero del país.

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